El carro de la fusión entre Caja España y Caja Duero parece que avanza aunque aún no está cerrada. Le está costando mucho y se puede decir que el carro se mueve gracias a los latigazos que dan tanto el Banco de España como la Junta de Castilla y León. De no así, los que tenían que empujar estarían empantanados en los lodos de los intereses provinciales y personales vistos desde León y Salamanca. El proceso es importante para la provincia ya que los zamoranos tenemos depositados una parte cuantiosa de nuestros ahorros en sus oficinas, que están esparcidas por toda la provincia y donde trabajan personas que viven entre nosotros además de depender de los créditos concedidos a empresas y familias. En los Medios de Comunicación han aparecido estos días diversas declaraciones, especialmente de políticos, lamentando que Zamora no haya recibido ninguna sede de consolación. La declaración que más se ha ajustado a la realidad ha sido la de Francisco Guarido cuando dice que “las cartas estaban jugadas desde hace meses y Zamora no ha sido tenida en cuenta en ningún momento”; las de los otros políticos están hechas para que suenen bien cara a la galería. Ya ha resultado complejo que se hayan puesto de acuerdo dos como para repartir entre tres, que enseguida serían más. Si alguna sede pudo estar en la recámara hubiese sido Valladolid, por su peso político, especialmente si León y Salamanca no se ponían de acuerdo.
La distribución de poder a nivel de sedes y de departamentos ha sido realista ya que no se podía llegar más lejos. La cuerda se hubiese roto. El acuerdo de fusión fija la Presidencia y la Sede Social en León y la Dirección general y la Obra Social en Salamanca; no es buena para ninguna de las dos partes ni mala para ambas. Tener la Presidencia en León es importante pero quizá, al margen de romanticismos y figuras más simbólicas que operativas, lo que cuenta es la parte ejecutiva y esa estará en Salamanca. Por eso, el resultado ha de considerarse como “regular” y muy lejos de triunfalismos falsos.
Pero aún queda mucho por hacer y los riesgos seguirán abiertos durante algún tiempo. Los más significativos, en mi opinión, son los siguientes: el primero aguantar las presiones localistas que surgirán en León y Salamanca sobre quien se ha llevado el gato al agua, o sea, quién ha ganado y quién ha perdido en el proceso. El siguiente riesgo estará en definir el organigrama, es decir, quién será el Presidente y el Director General seguido de los ejecutivos más importante de la futura Caja. En el aspecto laboral creo que no será difícil llegar a un acuerdo con los sindicatos, lo cual no evitará alguna escaramuza intermedia, porque el dinero acaba engrasando los problemas. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego