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Acaban de andar los políticos de uno y otro lado a vueltas con el pacto de Estado por la educación. Y además se tiran mutuamente los trastos por lo que hicieron mal o lo que no quisieron cambiar cuando cada uno tuvo y retuvo el poder. Así nos van las cosas. Y, mientras, los chavales hacen aguas cada día en las clases, mientras que otros compañeros descuellan notablemente. La brecha digital ahora se llama brecha educativa. ¿Cómo era eso de que se conoce el progreso de una sociedad por la calidad de su educación?
Mientras el sistema inventa y reinventa la misma manera de hacer las cosas pero cambiándoles el nombre, cada día en las clases los de siempre se baten el cobre por sacar adelante la educación con dignidad, el mismo empeño que algunos chavales ponen en querer aprovechar el tiempo en el aula, similar al de tantos padres a los que no les vale cualquier forma de educar ni de hacer las cosas. A veces me hace temblar el sistema cuando tira de irresponsabilidades deslegitimando con algunas medidas estrella (de estrellarnos) estos esfuerzos. Por eso conviene entonar un chapeau por las familias que acuerdan renunciar a un estatus e incluso al puesto de trabajo de uno de los padres por dedicarse a la educación de sus hijos.
Spain is different. También en educación. Mientras nuestros convecinos del norte de Europa reservan las notas más elevadas para acceder a las carreras de las ramas educativas, en nuestro país ha valido el cinco raspado para cursar Magisterio. Parece evidente que dar peso a la educación en un país va más allá de que unas comunidades autónomas inviertan en un ordenador por chaval, o de negarse a que lo tengan bajo argumentos absurdamente ridículos. Eso no es más que instrumentalizar al niño, al docente y al sistema. Y lo que es peor, jugar al escondite con el sentido común.
Señores políticos, ya está bien. Su sueldo sale de todos, no lo olviden. Se les exige un pacto real, estable, duradero y consensuado por la educación. Los chavales y docentes no tienen que estar al albur del color del gobierno de turno, sino por encima de él. Pónganse de una vez manos a la obra y firmen criterios, posturas y valores que fundamenten, en forma de ley de educación, el futuro de los hombres que vivimos en este país. Solo de esta forma la educación tendrá futuro más allá de convertir a los centros educativos en guarderías talla XL donde colocar a los adolescentes y niños mientras que los padres están a otra cosa, sea el trabajo u otra actividad. Si educación es futuro, estamos a tiempo.
Rafael Ángel García Lozano
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