ALGO NUEVO NACERÁ DE ENTRE LAS RUINAS - II
 
 

 

Me estaba refiriendo en el anterior artículo del epígrafe al carácter de icono, para entendernos, de figura expresiva que deberá tener el nuevo edificio del Museo frente al fondo que representan las piedras del Castillo. Lo que viene a significar que las formas del Castillo no pueden condicionar  las propuestas  que implica la nueva edificación. Este carácter icónico del Museo es el que va a garantizar su presencia  como hito  permanente de cultura  de cara a la ciudad. Como en muchas obras  de arquitectura esta relación a veces cambia de sentido y el conjunto  diseñado volverá a ser “figura” frente al conjunto del entorno. Son cualidades  que hablan del carácter ambiguo que se da y enriquece la forma de  muchos edificios.
También me refería al  tipo de  selección del  arquitecto  redactor del proyecto  ,y echaba de menos el caso del Guggenheim, en que en la selección  intervino una corporación  muy experta en arte contemporáneo  y que formaba parte de de los ambientes artísticos  más exigentes de los EEUU,  que fueron los que avalaron la figura del arquitecto. Aquí, en nuestro caso,  se eligió a una ilustre yALGO NUEVO  NACERÁ DE ENTRE LAS RUINAS - II. ANTONIO VILORIA reconocida figura internacional pero  hasta la fecha no podemos emitir juicio alguno sobre  el papel jugado por el citado arquitecto  en  la evolución  de los trabajos   que impidieron  la culminación del proyecto. El Ayuntamiento decidirá, sin aclararnos  nada, si reanudará la colaboración con  el  citado profesional. Si lo hace o no, en todo caso, se supone que de la experiencia pasada deberían sacar  algunas enseñanzas. Por ejemplo el que la designación  por concurso de méritos requiere  un conocimiento muy cualificado sobre  el momento profesional  de cada uno de los candidatos, la carga de trabajo  e importancia  que tiene entre manos, por  el tiempo que le pueda restar  a su dedicación  y  el interés de los trabajos  en que  esté implicado  relativos  a  ciudades históricas, o a  espacios expositivos. Cada  profesional tiene  su propio  recorrido, y a poco que se  le haya seguido su trayectoria, se pueden anticipar  muchos aspectos  de las líneas maestras de su  propuesta. Esto  obliga a que  la entidad convocante del concurso tenga las ideas claras acerca de lo que quiere  y de la respuesta  que le pueda dar  el convocado. Dejo fuera  las condiciones del programa  del edificio, sus superficies, usos, servicios y esquemas de funcionamiento que son  cosas que se les suponen a profesionales  de alto nivel. Las demandas deben referirse  a  la filosofía del proyecto,  a conceptos fundamentales tales  como  si  el museo va a  constituirse  como un reducto aislado  del exterior y que  la contemplación de las obras  se haga en  un espacio etéreo, libre de toda contaminación  terrena. Por el contrario, si se piensa  que el Museo esté concebido  como  un órgano  que aspira a  aumentar la vibración  y el pálpito de la ciudad y, traspasando  los muros  de piedra de la fortaleza,  la ciudad  sienta  que un nuevo imán  ha empezado a dar  orientación y vigor  a las cuestiones relativa al mundo   del Arte.
¿Es qué a la ciudad  se le ha planteado lo que quiere que sea su Museo?   Una vez más, deberá  acomodarse disciplinadamente  a las propuestas  que le ha  presentado el profesional de turno. Y  con toda probabilidad  su solución  estará alineada con la primera opción, es decir, con  la que lleva  a acentuar el carácter de recinto separado de la ciudad.
 Pero  el actual contratiempo, con todos sus inconvenientes, tiene que haber proporcionado datos que  no se conocían  y que el trabajo de Moneo y las excavaciones han podido revelar con lo que  se supone  que puedan  enriquecerse  las tareas  futuras. Cuando leo que el recién estrenado Museo  Arqueológico de Atenas se hizo después de una serie de concursos, unos de convocatoria abierta, otros restringidos, que  permitieron   que el jurado  se fuese clarificando  y que se  fuese estrechando  el número de participantes , me admira  el ejercicio  de estrategia de largo alcance  que desarrolló el jurado consciente de  la importancia del proyecto.  Asumieron un  alto  grado de responsabilidad porque se vieron ya en trance de ser juzgados por las presentes y futuras generaciones ante nada menos que la suprema presencia del Partenón.
Otro aspecto que  pertenece a los orígenes del proyecto museístico es  el que se refiere a la relación  que existe  entre  la cuantía  numérica de la obra de Lobo y compararla con el espacio disponible en el interior del  Castillo. Nadie  duda que edificio y obra deberán  acoplarse  y de que  la significación del uno se  cumpla  con el contenido del otro y  de que  toda duplicidad menoscabaría el efecto  de conjunto. Pienso que la colección permanente deberá ser la que ocupe todas las salas disponibles en el Castillo y la obra sobrante,  más secundaria, deberá quedar almacenada en depósitos adecuados, lo mismo que se hace en los grandes museos como el Prado o el Hermitage, que ocasionalmente  exhiben los cuadros alojados en sus almacenes, organizando para ellos exposiciones temporales en el propio Museo o en préstamo a otras salas  diferentes.
Parte de estas exposiciones temporales se alternan con  obras de otros artistas, dentro de la línea que se haya marcado el propio Museo, por ejemplo, exhibiendo obras de artistas locales contemporáneos, etc. Un ejemplo de este tipo de museo es el de Esteban Vicente de Segovia, en que junto a las salas que exhiben la obra del artista  titular hay otras para exposiciones temporales. El museo  conserva así el atractivo  de la novedad y  de estar atento a los temas de actualidad y, por ello, es un lugar  importante en la vida cultural de la ciudad.
Pretender que toda la obra de Lobo sea susceptible de  ser exhibida  de forma permanente  en una misma ciudad, aunque  sea en edificios distintos, es  algo inusual y que sería incluso  motivo de sorpresa, en fin, que  se sale de toda relación de proporcionalidad y que no hay artista  que haya ostentado  tal  grado  de monopolio  sobre ciudad alguna.  El artista Lobo demostró un ingente don de   generosidad con su ciudad  al legarle su obra. La ciudad, en correspondencia, le ha reservado  para su exposición y sede permanente de su obra el edificio más emblemático que posee. No convirtamos  una unión que puede ser  armónica y que  engrandezca a las dos partes en  un ejercicio  que tiene  todas las trazas de ser fruto de  un  arreglo forzado que nadie entenderá  y  resultado de  una visión  mas propia  de  trato de mercancías.

ANTONIO VILORIA


 
 
 
 
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