Buenos días y buena suerte (17.02.10) – La identidad.
 

            Los franceses están a la búsqueda de su identidad y cómo descubrir la manera de reforzarla. Como no saben exactamente como lograrlo, después de haber celebrando 340 reuniones para discutir sobre qué es ser francés además de habilitar una página en Internet abierta a todos los ciudadanos que ha recogido casi 60.000 entradas, van a crear una comisión de sabios e historiadores para ver si llegan a una conclusión que pueda asumir el gobierno francés. Se parece algo a lo que está  intentado la Junta de Castilla y León sobre la búsqueda de nuestra identidad con el mal llamado comité de sabios. Y ya conocen el chiste que dice que un dromedario es un camello hecho por un comité. Las propuestas que se están barajando hasta ahora son que todos los niños franceses canten en las escuelas, al menos una vez al año, La Marsellesa; que ondeeen las escuelas la bandera tricolor además de colocar en las clases la Declaración de los Derechos del Hombre. En España hubo el intento, hace años, de poner letra al himno nacional con resultado nulo. Y es que en esto de los símbolos, la Historia juega un papel fundamental y cuando un himno nace sin letra ya es muy difícil encontrarle una. Suena a falso.
            Nadie duda que esta búsqueda de la identidad obedece a los cambios tan profundos que han sufrido los países occidentales en los últimos 50 años y no sólo por la inmigración de países con culturas y estéticas muy diferentes sino por la ruptura de símbolos y conceptos que daban, desde siempre, cohesión social a una nación. Un concepto sagrado como era el de Patria ya no tiene el peso de antaño; la autoridad y prestigio que tenía la escuela o la propia familia están también bastante deteriorados. La bandera, la defensa de la patria y el ejército crea ya poca conciencia nacional. Ahora se consigue mejor apoyando a la selección nacional de football, nuestra roja. Pero eso sí, siempre que gane. 
            Va a ser muy difícil luchar contra el mestizaje social y cultural que se impone poco a poco y que siempre será un foco de tensiones, que a veces estalla por detalles insignificantes. Nos tendremos que acostumbrar a convivir de este modo. Como casi siempre, la escuela y la educación en valores serán la mejor manera de crear un mínimo denominador común social y nacional. Los símbolos suelen ser dioses de barro que no duran demasiado sobre todo si se tratan de imponer en exceso.

           Alguien decía que la identidad es como una cebolla, que tiene numerosas capas o niveles y se manifiesta de forma distinta según las circunstancias. No es única sino con muchas caras y matices. Por eso tratar de buscarla y definirla de forma absoluta es un intento inútil. Volvamos de nuevo a lo de siempre, a la educación en valores y a fomentar la convivencia y dejémonos de pamplinas. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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