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Como colofón habría que citar lo que para los sucesivos Planes ha significado la imagen de la ciudad en relación con el paisaje. Si hacemos un recorrido por su perímetro comprobamos cómo se han traspasado los límites que hubiesen proporcionado el marco armónico que demandaba la geografía del entorno, que podrían haber amparado medidas de protección más efectivas ¿Es qué nuestros reguladores no habían percibido la amenaza de las actuaciones en los terrenos agrícolas que rodeaban la ciudad o es qué prefirieron condenar este tipo de actividad? Porque es incongruente que a los edificios que se consideran dignos se les rodee con toda clase de protección y, en cambio, se hayan dictado prescripciones sin eficacia alguna para estos espacios que configuraban una imagen de la ciudad desde siglos ha.
Y menos mal que el río ha actuado en gran parte como barrera de protección y ha impedido más previsibles actuaciones lesivas a los mismos pies de la ciudad. Si pasamos a la otra orilla del río, las cosas se repiten por pasiva y es el propio Alfoz el que ha adquirido un aire suburbial, con mescolanza de bloques de diversas dimensiones y libre orientación, situación a la que se ha llegado por alteraciones interesadas de sucesivos planes parciales y que han llevado a tan caótica situación. Las huertas que discurrían en paralelo a la orilla del río han desaparecido, invadidas por bloques de edificación que dan una imagen poco amable, visible desde los balcones de la ciudad que parecen expectantes.
Estoy hablando de la triste realidad de una ciudad que se precia de un pasado histórico y del respeto con que se veneran viejas tradiciones como se puede comprobar en fechas señaladas. No valen explicaciones que traten de justificar la sinrazón de tan dual comportamiento. Porque aquí ya no se trata de políticas de tal o cual partido; es resultado de un sentido patrimonialista que ve natural la disponibilidad del suelo como un bien privado, maleable hasta el infinito y que se ha convertido en una cuestión de cultura social entre los valores que nos rigen.
¿Qué sentimos en la actualidad frente al espectáculo que ofrece esta ciudad? .Antes éramos capaces de interpretarla y de juzgar sobre lo acertado o no de todo lo que se hiciese en ella. Todavía la tenemos como un bien que nos ha sido entregado para que la compartamos y vivamos sin perjuicio de que no dejemos de engrandecerla y respetarla.
Frente a la ciudad nueva, la ciudad antigua acusa su desgaste y se está quedando atrás en esta carrera de méritos. Parece como si la ciudad antigua se hubiese convertido en una rémora, que ha venido a convertirse en una amenaza para el resto, y que la mejor solución es mantenerla quieta, en un estado de hibernación, y dejar que su propio deterioro marque el punto ineludible para mantener con vida al moribundo. Así se han buscado actuaciones puntuales para insuflar vida a la zona como son los proyectos para el Museo de Lobo y el Consejo Consultivo. Veremos.
Para los que somos mayores cada vez es más difícil encontrarnos con gente con la que coincidamos en compartir la antigua cultura de la ciudad así que generalmente nos tenemos que resignar a recordar antiguos episodios de niñez, de juventud, de los espacios de juego y trabajo movidos por afanes e ilusiones, de salones rutilantes o de garitos de tertulias, vinos y jaranas hasta ver las luces alboreando el día, experiencias que siguen brillando como el oro de nuestra memoria ¿Será que los derroteros que ha tomado la ciudad hayan podido ser importados de otros escenarios y que por eso nos resulte difícil reconocer las señas de identidad, un bien perenne de tierra fértil donde veíamos reafirmar nuestras propias raíces?
Ahora nos debatimos entre la actitud rompedora del todo vale o bien envueltos en la autocomplacencia, dispuestos a pasar por alto licencias que nos alejan de valores contrastados de la sociedad y del arte actuales.
Si queremos emprender una actuación global sobre la ciudad antigua es condición previa la tarea de comprender su evolución, detectar los mecanismos que lastran su gestión y analizar los pasos en falso de soluciones que se impusieron sobre las que la racionalidad marcaba. Pero para este tipo de actuaciones se tiene que contar con un sentido de determinación colectiva y que los ciudadanos tomen conciencia del grado de erosión a la que está sometida la ciudad antigua. No es admisible que la tarea de su recuperación llegue a estar considerada como un gasto dispendioso para satisfacción de unos pocos añorantes de un espacio y tiempos pasados. Se trata, más que de recuperar la materialidad del caserío y de sus monumentos, de devolverle o inventarle un papel que la sitúe en el concierto de actividades de la ciudad.
Tampoco se puede eludir el momento crítico que vive la economía del país, por la repercusión que tiene en nuestra ciudad, que da lugar a poner en cuestión el modelo seguido hasta ahora en su desarrollo. Por ello se impone la tarea de poner en marcha un Plan en el que se contemplen todos los aspectos que afectan a nuestra ciudad antigua y en especial de las diferentes tareas para su adecuación con la localización y programa de recuperación de las zonas especialmente deterioradas, las propuestas de reordenación de zonas con interés especial, el diseño de las conexiones viarias interiores y con el resto de la ciudad, la reordenación de los edificio singulares en cuanto a su relación con los espacios públicos, y la propuesta de gestión de nuevos espacios o equipamientos.
Este Plan Especial del Casco debería estar comprendido en un programa específico promovido por la Junta de CyL, que la ciudad reclamara como acción urgente en defensa de un patrimonio urbano cada vez más deteriorado, y que sería erróneo tratar de paliarlo con otras actuaciones puntuales de arquitectura. Y para asegurarse de la participación de los particulares, debería ofrecer condiciones flexibles para la financiación de las obras de rehabilitación o nueva construcción de viviendas.
Este Plan de regeneración del casco necesitaría contar con un órgano de gestión propio del Ayuntamiento y, para su buen funcionamiento, debería contar con un fuerte respaldo político. Tal vez para ello se podría contar con la aportación y conocimiento de profesionales locales, a los que se les daría la oportunidad de completar su formación en la gestión urbanística, lo que aseguraría la continuidad de un órgano que cambiaría el nivel de calidad en la gestión. Necesitaría un tiempo para madurar pero ensancharía el campo de la gestión y la naturaleza de los planes, incluso como voz crítica frente a los equipos externos del planeamiento.
Aún reconociendo el papel que tiene la especulación en la trasformación de la ciudad, es importante que esta fuerza movida por el máximo beneficio acepte el papel concursante de otras fuerzas que representan intereses que hay que tener en cuenta.
Y terminando con los principios. Todos conocemos el bajo rango en el que nos sitúa la Junta de CyL. Que si le vamos a pedir ayuda para que nos saque del actual marasmo urbanístico nos va a contestar que ahí está el Ayuntamiento con las competencias debidas. Pero es que es apremiante saber el papel que Ella nos tiene reservado en el porvenir, a efectos de actividad económica y de desarrollo general. Parece que alguna idea tiene, por la decisión de clausurar el único polígono agrícola y ganadero, y en plena producción, con que cuenta la ciudad, para su expropiación y creación del complejo tecnológico-residencial de Villagodio. Como vendrán cientos de investigadores se han previsto algunos miles de viviendas más, que no cabrán en la ciudad. Es el único dato optimista que nos conceden todos los planes que nos afectan: el poder de reproducción de los zamoranos, que así luego invadimos provincias y capitales de nuestro entorno y parte del extranjero. Señores de la Junta, se necesita en nuestra ciudad una actuación de tipo especial, como se ha hecho en multitud de ciudades españolas para diversos fines sectoriales. Ahí tenemos en Vigo un viejo barrio de pescadores con frente a la playa, con una actuación consistente en la recuperación de viviendas y adecuación de la orilla del mar. En Toledo se comienza un Plan para resolver los diferentes accesos desde su alfoz. En Teruel, un acceso a través de una zona boscosa, hasta el centro de la ciudad, etc. Nosotros tenemos un repertorio de necesidades a cual más urgente, porque entre otras cosas nos hemos comido literalmente una parte valiosa del patrimonio inmobiliario para alimentar la especulación galopante y ahora la hemos tomado con elementos productivos, como lo han sido hasta ayer mismo las fábricas de harinas. ¿Y el futuro? Dios dirá.
Estos son los trazos rápidos del porvenir que tenemos por delante: más ladrillo, y eso que no nos falte, que son dos días. .
Pero se agradecería el detalle.
ANTONIO VILORIA
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