URBANISMO DURMIENTE O ¿EN CAIDA LIBRE? ( II )
 
 

            ¿No es dispar la importancia que han tenido los cambios que ha sufrido  la ciudad frente a  la poca  masa crítica que se le ha dedicado  en todos estos cincuenta años? En parte  era razonable  que se hubiese producido tal desequilibrio, porque   cualquier crítica hecha en la época de la dictadura podía  ser  vista  como materia subversiva. Pero sea por la inercia inducida de los cuarenta años o por  la confianza tras la paz  de la reconciliación,  las decisiones importantes  sobre la ciudad  han seguido estando  en manos de unos pocos. Y esto ha dejado huella, porque si extendemos la vista un poco más allá  de las calles del centro de la ciudad - que  no se olvide  fueron producto del “nefasto liberalismo, pero se ajustaron  al gusto y necesidades de nuestros abuelos -, el espectáculo que ofrecen en este momento los distintos entornos de la ciudad no son para echar las campanas al vuelo. Y que van desde el deterioro generalizado del caserío de  los barrios bajos frente al río, hasta por la pérdida de espacios libres de protección paisajística, así como las nuevas extensiones de los Altos de San Isidro, Benedictinas, Vaguada, Rabiche, etc. que no llegan a alcanzar las cualidades que se consideran  son  distintivas de ciudad.  Y no se trata de cargar la crítica con las tintas mas negras pero sí de tomar conciencia de la realidad  actual, frecuentemente escamoteada. Es que   se trata de un proceso que se inició hace cincuenta años, que no ha hecho más que intensificarse y, como el último Plan  confirma, la calificación de nuevos  terrenos edificables, nos hipotecará el futuro de otros cincuenta años más.
            En el momento actual no es nada halagüeño el desarrollo económico que se nos presenta. Se ha parado  el afán desmedido de urbanización que soportaba todo el país y que ha afectado a todo tipo de condiciones  geográficas. En  ciudades con  pasado histórico como la nuestra, sería el  momento  de hacer el balance de estos años y, en especial, del costo que puedan suponer  los programas de recuperación  de zonas que sufren del abandono y la marginación  por este crecimiento sobrevenido de la ciudad. Y a eso añadir  las inversiones para remodelar los tejidos de tipo residencial y de atender a las necesidades de reequipamiento para hacer atractivas  estas zonas y poder equilibrar  con las nuevas extensiones de ciudad.
            Con la llegada de la democracia y las redes  informáticas,  la exposición pública  de los temas y de las opiniones por parte de  los ciudadanos  se han hecho corrientes. Ello  ha contribuido a aumentar el interés y el conocimiento de los problemas de losURBANISMO DURMIENTE O żEN CAIDA LIBRE?  asuntos públicos, hasta de los más cotidianos,  y a partir de ello ejercer  el derecho a manifestar públicamente las reivindicaciones que se estiman como no atendidas por   los gobiernos de turno. Los  conflictos  provocados por las medidas que conciernen al urbanismo de la ciudad han irrumpido  de forma imprevista para  épocas pasadas y se ocupa  la calle  por los que se consideran agraviados ante problemas que, o bien  han pasado desapercibidos para la mayoría de los ciudadanos o se perciben  como lesivos  o injustos. Recientes son las manifestaciones como las que se produjeron con motivo de las  múltiples alegaciones a que dieron  lugar  la tramitación del último Plan General o la que se hizo ante la propuesta por parte de la Junta de Castilla y León de la creación  de  un polígono de desarrollo tecnológico  en  los terrenos de las fincas, hoy ocupadas por los colonos de Villagodio.  Son  movimientos sociales  que demuestran la brecha  que puede producirse entre las decisiones tomadas en el ámbito político, sin medir los efectos que tendrán que soportar algunos ciudadanos.  Manifestaciones que además demuestran la solidaridad con que se pueden vivir los problemas  de la ciudad.
            Todo ello demuestra el despertar de  un nuevo espíritu cívico espontáneo y el nacimiento  de  un sentido vivo de ciudad, capaz de dar testimonio público. Hechos como los referidos serán  episodios que permanecerán en  el recuerdo, pero que nos demuestran  zonas sensibles que la ciudad guarda  en sus pliegues, que habían pasado desapercibidas y que tendremos que prevenir  en el futuro.
            Nuestros abuelos estaban identificados con la ciudad y supieron darle  contenido para  sentirse  reflejados en ella. Al mismo tiempo que respondía a sus intereses, se logró dar forma  a una ciudad  adecuada  para una clase burguesa, que se componía principalmente   de nuevos comerciantes  y funcionarios.
            Para nosotros ciudadanos del siglo XXI, el envite que se nos presenta parte de la puesta a punto de esa parte de ciudad  que pertenece al pasado, pero que debemos empeñarnos en  que siga siendo el centro simbólico pero vivo, de toda la ciudad.
            Y además, pero no menos grave es que  no  podemos permitirnos de dejar  de hacernos preguntas sobre  ese difuso, ubicuo  entorno  a lo que podemos denominar no-ciudad,  conjunto de  artefactos  construidos y heterogéneos, promovidos a partir de la exclusividad del  beneficio. De ellos, no podemos intuir orden generador alguno, no obstante han venido a imponer  nuevas formas de convivencia, lejos del arraigo  y del sentimiento diferenciador  que ejercían barrios y  ciudades  tradicionalmente  sobre sus ocupantes.
            No dejaremos de añorar  los principios que garantizaban un orden y que tradicionalmente quedaban expresados en la organización  de los planes de la ciudad.

Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 10 de febrero de 2011


 
 
 
 
Volver
Subir