En estos días están apareciendo detalles sobre el escándalo en torno a las escuchas llevadas a cabo por el diario de Rupert Murdoch News of the World. Hoy sabemos que el jefe de Scotland Yard ha presentado su dimisión, entre otras cosas por aceptar él y su esposa una invitación a un balneario donde el policía se sometió a un tratamiento de cinco semanas. La decisión se ha tomado en apenas una semana.
En España, el presidente de la Generalitat Valencina Francisco Camps ha pasado de presunto corrupto a implicado formalmente por el juez José Flors y acabará sentándose en el banquillo de los acusados, como cualquier ciudadano, acusado de cohecho impropio por haber aceptado de la red Gürtel trajes y prendas valoradas en 14.000 €. Los acontecimientos empezaron en 2009 y nadie ha presentado su dimisión ni el PP le ha obligado a tomarla.
En dicho auto el juez aclara que esos regalos exceden los usos sociales admisibles y que no es necesario razonar mucho para pensar que tales dádivas eran para facilitar los contratos entre la Generalitat y las empresas de Gürtel. Conviene no olvidar que también están acusados otros tres altos cargos de la Generalitat y del PP de Valencia. El ajuar que recibieron estos señores se componía de 29 trajes, nueve americanas, nueve pares de zapatos, cuatro corbatas, nueve pantalones, dos abrigos y un chaqué. En total 59 prendas de vestir por importe de 40.374 €. Así no me extraña que el PP valenciano se pareciese más a una pasarela de moda cuando acudían a las cortes valencianas. Al presidente Camps le empieza a crecer la nariz por mentiroso y ya no sabe que decir; prefiere que sean otros los que traten de ocultar el problema repitiendo hasta la saciedad que ha sido de nuevo elegido por los ciudadanos de la su comunidad, como si ello fuese un aval suficiente para que la Justicia no intervenga. La diferencia entre estos dos ejemplos escenifica el distinto tratamiento político ante casos de corrupción, en muchos casos aún presunta, que tiene Inglaterra y España. Estos malos ejemplos en España pueden hacer pensar a muchos ciudadanos que políticos de esta calaña no nos reprendan pero se equivocan ya que han sido elegidos por nosotros, en este caso por los valencianos. Lo que si es cierto es que depende de nosotros que nos representen como es debido o que se vayan a su casa. Por desgracia, la sociedad española está falta de valores que permitan conducir la política al espacio que merece en la sociedad. Por ello el PP está siendo tan condescendiente con estos personajes. La situación judicial a la que se ha llegado era previsible y a pesar de ello al Sr. Camps le permitieron ser candidato en su comunidad y le consentirán seguir siéndolo en espera del resultado final. Pero estas situaciones tan indignantes, no sólo por el asunto que se ventila ya que esconde detrás la financiación irregular al PP valenciano, el ciudadano no las tiene en cuenta, las considera como algo normal en la política nacional. Nuestro nivel de moral y ética está por los suelos y de ello se aprovechan los partidos políticos. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego