En mi comentario de la semana pasada sobre temas económicos un amable oyente, a través de Face Book, me pedía mi opinión sobre las presiones que estamos recibiendo desde ciertos gobiernos e instituciones financieras europeas, que están condicionando la independencia del Estado. Un ejemplo claro es la rapidez a la que han llegado el PSOE y PP de cambiar nuestra Constitución para que incluya una limitación restrictiva a la posibilidad de endeudamiento de todas las Administraciones del Estado. Todo el mundo piensa que se ha debido a las presiones de Alemania y Francia junto con el Banco Central Europeo.
La causa de muchas de las tensiones que nos acucian en estos momentos se deben a la desaparición paulatina, pero sin pausa, del modelo medieval del Estado Nación que se inició en la alta Edad Media y desembocó, a mediados del siglo XX, en el modo de organización de la colectividad nacional que conocemos en la actualidad y que está siendo sustituido por organizaciones supranacionales tanto en el ámbito político como económico. Muchos de los problemas de la deuda y el déficit que padecemos serían más fáciles de solucionar si mantuviésemos la peseta como moneda nacional, vía la devaluación pero eso ya no es posible.
La crisis del Estado-Nación, a la cual asistimos hoy, es un fenómeno relativamente reciente. En la raíz de este fenómeno se hallan las perturbaciones que afectaron al mundo a partir de los años setenta del siglo pasado y las relaciones de fuerzas que fueron conformándose en las esferas del poder y de la ideología. La primera crisis vino a cuenta del petróleo a principios de los setenta que, en realidad, ocultó un conjunto de transformaciones aun más profundas de la economía mundial. Estas transformaciones desencadenaron un proceso de paralización del Estado de Bienestar en el mundo occidental mientras que la internacionalización del capital comenzaba a afectar en su raíz el asentamiento histórico del Estado-Nación. El segundo factor de crisis fue el desplome del llamado campo socialista, en sus dimensiones política, económica y militar, la cual resultó de la incapacidad de sus dirigentes para instrumentar respuestas a las crecientes contradicciones de las respectivas economías. Estas perturbaciones fueron socavando las funciones que el Estado Tutelar había logrado asumir en aquellas sociedades mientras que se derrumbaban las superestructuras plurinacionales impuestas por el poder soviético. El tercer factor de crisis fue la inmensa ofensiva ideológica contra el Estado que desencadenaron los medios políticos, académicos y de prensa más apegados al capitalismo avanzado. Esta ofensiva, que rechaza el papel del Estado en todas sus dimensiones, socava los fundamentos políticos, sociales y culturales del Estado-Nación. Por ultimo, la globalización anima a crear estructuras superiores con mayor peso demográfico y económico.
Nuestra pertenencia a la Unión Europea nos ha producido enormes beneficios económicos y políticos pero todo se ha complicado con la creación de la moneda única, el euro, que exige unificación fiscal y armonización presupuestaria y económica. Esto nos está afectando a todos. Las recetas económicas usadas cuando el Estado y la Nación se confundían ya no valen, además de la pérdida de independencia nacional que lleva consigo. A eso nos tenemos que acostumbrar. La mala suerte es que la crisis económica que se inició en 2007 nos ha pillado sin haber realizado nuestros deberes y ello nos hará sufrir. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego