Este castillo nuestro ha estado siempre como un guerrero caído por tierra después de la batalla ¡Qué poca consideración para un Castillo que ni siquiera conoció bandera que fuese proclama de su poder¡ Antes que ver su hosco semblante hundido en el polvo cuando íbamos a jugar al parque, preferíamos hacernos los distraídos y mirar a otra parte. Bien poco caso le hemos hecho desde siempre hasta convertirse en la más cumplida representación que pueda hacerse de la derrota. Sólo el propio tiempo ha contribuido a amortiguar rasgos de tanta desolación.
Y sin embargo, nuestro castillo ha sido testigo y parte de nuestras vidas juveniles y así entrábamos y salíamos de él, a nuestro aire, crecidos, con curiosidad primero y más atrevidos después. Sabíamos de sobra que de aquí no iba a salir ningún fiero guardián con cara amenazante para arrojarnos en alguna de sus mazmorras.
Así que, olvidadas las páginas de lejanas grandezas no podíamos suponer que se pudiese hacer nada importante dentro de sus
muros y menos en el gran caseto de tejado de Uralita que por entonces ocupaba el patio. Nos asombraba que en un local como de aula estuviese plantado el chasis de una camioneta al que se veía que la estaban añadiendo pieza a pieza los alumnos para reconstruirla, como si se tratase de una larga tarea académica, pero en realidad el de fabricar un gran juguete que algún día veríamos circulando por la calle dando bocinazos para darse importancia ¿Quién pudo verla terminada, de qué color la pintarían, qué figura coronaría el tapón del radiador? Y un detalle más importante, ¿acaso se olvidaron de ponerla un nombre tan obligado y justo como el de Urraca?
Los testigos que asistíamos a la vida lánguida del Castillo, aparte de los canónigos leyendo sus libros de Horas por el parque éramos, junto con los alumnos que entraban con andar diligente, los jovenzuelos que merodeábamos con el paso incierto de los forajidos de las “pelis” del Oeste y con la idea fija de traspasar sin demora el portillo de la Traición para alcanzar la tierra prometida que nos esperaba en los contrafuertes de la muralla y desde allí poder contemplar el caserío disperso, sumiso a nuestros pies sabiendo que allí ya no iba a venir a molestarnos autoridad alguna.
Nuevos aires de cambio se han levantado en torno a la fortaleza después de tantos años y ahora parece que se ha roto el sortilegio que tenía maniatada la fortaleza en su propio mutismo. Ciertos cambios presagian que en un día no lejano pueda levantar su torso caído en tierra.
Pues haciendo historia, ésta le jugó una mala pasada al Castillo cuando una dama de estirpe real se aposentó en él y con ello se convirtió de escenario de hechos de carácter bélico en otro más propio de querellas del amor. Parece que con ello perdió su cualidad palaciega y también las formas delicadas que ostentaba su arquitectura, que demostró no estar preparada para resistir el peor embate de su suerte: el abandono.
El compromiso de crear el Museo de Baltasar Lobo ha encendido una luz que alumbrará el futuro para la vida del Castillo, y también, si sabemos gestionar bien este recurso con consecuencias para toda la zona, el de reforzar su papel de interés turístico. El reciente traspié habido con el proyecto, lo único que ha demostrado es que nada puede improvisarse por la propia especifidad del caso sin relación con otros parecidos, por lo que habrá que recomenzar sin desmayo el proceso que yo había definido como “proyecto de proyectos”. Frente a los que proclaman que más acción y menos palabras, afirmo que lo que puede hacer posible este proyecto es el de aclarar los medios y objetivos que vayan jalonando el proceso y la amplitud de su ámbito con las máximas garantías. Por otra parte, poder expresar los móviles que lo impulsan para que los zamoranos entiendan y apoyen la importancia del proyecto. Si queremos contar con un foco de atracción turística importante para la ciudad, aquí tenemos la oportunidad. Los primeros interesados deberán ser los empresarios y habrá que contar con sus opiniones y recursos. No es el momento para iniciar obra alguna en la actual crisis, pero si el de aclarar el proceso del diseño y definir el marco adecuado para la remodelación de toda la zona. Y eso solo se logrará ampliando la participación de todos. Solo lo conseguiremos a través de la expresión de las ideas de ciudadanos de toda condición, hablando y escribiendo para que la bola de la opinión ciudadana se convierta en imparable y se ponga este proyecto en una órbita que le lleve a su éxito.
Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora