Cada
vez es mayor el clamor de indignación que está
experimentando la sociedad no sólo española
sino también europea sobre la situación
actual y la forma de proceder de la clase política
en general. Esto se nota no sólo en las encuestas
sociológicas publicadas sino también en
múltiples entrevistas a personas de prestigio o
intelectuales, en los distintos movimientos sociales ya
se llame 15-M o de otro tipo así como en la gente
común cuando hablas de lo que nos sucede. Una de
las más reciente es la de Manuel Castells, sociólogo
de prestigio internacional que no entiende cómo
la gente aguanta esta clase política con el espectáculo
esperpéntico que está dando, preocupados
por salvar unos bancos para que se salven ellos, en circuito
cerrado, mientras todo se va hundiendo. La única
salida es que las personas tomemos las riendas de nuestro
destino y nos unamos ya sea mediante redes sociales en
Internet o juntándonos en las plazas y calles de
la ciudad al grito de No nos representan. Unidos es la
forma de perder el miedo.
Según
el Sr. Castells los mercados, aunque parezca que no tienen
rostro, sí que tienen estrategias financieras que
van tomando sus decisiones para su propio enriquecimiento.
En muchos casos juegan a provocar crisis para obtener
enormes ventajas como ha sucedido muchas veces en la especulación
sobre monedas o provocando liquidaciones bancarias para
consolidar estrategias que favorezcan las nuevas estructuras
que se van creando. Ellos si que tienen muy claro lo que
quieren conseguir. Este tipo especial de capitalismo especulativo
se apoya en la tecnología para mover con rapidez
capitales o en modelos matemáticos para crear productos
financieros cada vez más arriesgados que confunden
y engañan al ciudadano normal. No podemos seguir
con el mismo modelo económico especulativo que
nos ha llevado a la crisis. Tenemos que volver al modelo
basado en la innovación y en la productividad.
En la actualidad, a la hora de votar, la gente no tiene
otras alternativas ya que el modelo político actual
no se corresponde con la sociedad real. La sociedad occidental
sigue creyendo en la democracia pero no en este tipo de
democracia dominada por los partidos tradicionales que
la han provocado. Por ello hay que aumentar la presión
social para convencer a ciertas élites políticas
que si quieren sobrevivir hay que abrir nuevas vías
de transformación social. Hay un ejemplo real de
que esto puede suceder si la gente lo quiere. Es el caso
de Islandia, país que se encontró en 2009
que todos sus bancos estaban quebrados por haber apostado
a este capitalismo especulativo. Los bancos fueron nacionalizados
y los dos grandes partidos, que se habían alternado
en la gobernanza del país desde 1927, fueron laminados
y desaparecieron del marco político. Incluso llevaron
a los tribunales de justicia a su primer ministro. Decidieron
nacionalizar la banca, devaluar su moneda y redactar una
nueva constitución hecha entre todos los ciudadanos
de una forma participativa que está a punto de
ser votada. Muchos pensaran que eso se ha podido hacer
porque Islandia es un país pequeño, de unos
330.000 habitantes y no les faltará razón
pero también indica que hay posibilidades de hacer
cosas diferentes. Lo que no podemos permitir es que todo
siga igual. En el caso de Bankia, aquí en España,
estamos viendo como se protegen los políticos para
evitar o alargar la creación de una comisión
de investigación o los casi inexistentes casos
de personas, que habiendo tenido responsabilidades en
todo lo que está sucediendo, se van de rositas
a sus casas con indemnizaciones millonarias. Siempre somos
los mismos quienes pagamos los platos rotos.
Los ciudadanos
somos la única esperanza; de nosotros depende que
todo se mueva por el buen camino. Debemos tomar el control
sobre nuestra vida y no dejarlo en manos de estos políticos
que cada vez nos representan menos a pesar de haber sido
votados. Se aprovechan de que cuando se está con
el agua al cuello solo se piensa en sobrevivir y el miedo
nos atenaza. Como opina el Sr. Castells, las personas
están cambiando de forma de pensar. Ellas son la
gran esperanza. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego