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Dicen
que decía Parménides, ese filósofo
griego que nos imaginamos enjuto y ensimismado, que el destino
es el carácter. O sea, y ahora hago una traducción
libre del pensamiento del autor de la Ontología,
que nuestra forma de ser marca lo que nos ha ocurrido y
nos va a ocurrir en nuestra vida. Y el axioma vale también
para colectivos, para provincias. Esto es, volviendo a la
interpretación interesada de lo que nos han legado
como testamento del sabio y aplicándolo a lo que
nos importa ahora: que a Zamora le ocurre lo que le ocurre
-lo bueno y lo malo- porque es así. Tiene lo que
se merece, en frase socorrida que ha pasado al acervo popular.
Miles de personas se van a concentrar hoy en la capital
para denunciar la situación de una provincia que
está en los últimos lugares del país
en los mapas de desarrollo económico (tasa de actividad,
empleo, infraestructuras...). Su posición en los
de bienestar tampoco es mucho mejor, pero en este caso los
factores escogidos por los expertos -los más renombrados
son los de la Caixa- están más en entredicho
(las ventajas de vivir en ciudades pequeñas y en
el ámbito rural no se valoran, lo que resulta contradictorio).
Con todo, y a pesar de las dificultades técnicas
para medir el grado de felicidad de un grupo humano, es
cierto y constatable que el hilo invisible del pesimismo
y el victimismo envuelve muchas de las relaciones personales
que conforman la vida con mayúsculas de esta provincia.
No es seguramente ajeno a este tinte gris el hecho de que
Zamora sea una provincia herida por la emigración
y que desde mediados del siglo pasado se hayan ido de aquí
más de 150.000 personas, principalmente jóvenes,
y que en la actualidad haya más zamoranos viviendo
fuera que dentro de la geografía de pistola que nos
presta el gentilicio.
El acto de protesta de hoy está convocado por "Zamora
Exige", una plataforma ciudadana de la que forman parte
partidos políticos, organizaciones sindicales y colectivos
sociales en general. Las intenciones de la manifestación
están claras: levantar la voz ante las administraciones,
ante Valladolid, Madrid, Bruselas, decirle a las demás
provincias de Castilla y León que Zamora no ha muerto,
que quiere seguir haciendo historia y que pretende ser conocida
no sólo por sus murallas y por la manida frase de
que no se ganó en una hora; y al resto de comunidades
autónomas españolas darles un empujón
para que sepan donde está esta entidad creada de
forma artificial allá por 1833. 
Los preparativos del acto de esta tarde no han estado exentos
de polémica. El desmarque del PSOE no es comprensible
y menos si tenemos en cuenta el apoyo del PP. Los dos partidos
mayoritarios son responsables de una parte de lo que le
ocurre a esta provincia. No sé en que proporción
porque no es mensurable, pero las dos formaciones políticas
han tenido -y tienen- responsabilidades de gobierno en los
últimos veinte años y han sido incapaces de
parar la pérdida de población provincial,
cifrada en más de 1.500 personas anuales. Ya sólo
por eso deberían hacer examen de conciencia y asumir
su fracaso. (Por cierto, hace seis años, cuando la
manifestación del Plan de Choque se dio el caso contrario:
el PSOE apoyó y el PP no. Entonces este último
partido gobernaba en Madrid).
Pero que nadie caiga en el error de echarle, en exclusiva,
la culpa de la situación de la provincia a los políticos
locales -en general, con muy poco predicamento dentro de
las cúpulas de sus partidos, todos de ámbito
nacional-. Son los máximos responsables porque no
han sabido mantener la población de una provincia
que a principios del siglo XX tenía más habitantes
que Valladolid. Y que durante un siglo se ha ido desangrando
ante la falta de iniciativas industriales. Hay otros culpables:
Todos. Porque nuestros representantes públicos son
un reflejo de la sociedad en la que viven. Ellos han pasado
el examen de numerosos comicios. Nosotros les hemos votado.
Zamora, elección tras elección, es una de
las provincias españolas con más participación
en las consultas. ¿Qué pasaría si no
fuéramos a votar? Esa si que sería una gran
campanada, un golpe de mano.
Tampoco es justo cargar, en demasía, las tintas sobre
los empresarios, acusarles de falta de profesionalidad.
En el sistema capitalista no se exige un título para
crear una empresa, cualquiera lo puede hacer. Quien más
chifle capador, dicen en mi pueblo.
La responsabilidad, insisto, del estado de la provincia
es múltiple. Y podría tener que ver con el
axioma de Parménides, con nuestro carácter,
propio de gentes de interior, mesetario. Entonces, ¿no
se puede hacer nada? Si nuestra forma de ser es como es,
¿cómo podemos cambiar? Hay, además,
una contradicción clara ya que no parece que sea
demasiado diferente el carácter de los vallisoletanos
del nuestro y, sin embargo, Valladolid ha crecido en todos
los sentidos en los últimos años y eso a pesar
de la crisis agropecuaria y la decadencia del ámbito
rural, también muy importante en esta provincia.
Tiene que haber otras claves.
La sociedad zamorana necesita pasar una catarsis, un proceso
de depuración que sirva para desprenderse de la farfolla,
de ese sentimiento victimista que, a veces, atenaza la vida
cotidiana. Dejar en el camino el "negativismo"
y recuperar el espíritu de los zamoranos "foráneos".
No se entienden que haya gentes nacidas en esta provincia
que, una vez que salen de ella, logren potencialidades que
aquí tenían ocultas. Hay que aprender de aquellos
-muchos- emigrantes que, sobre todo en base al trabajo y
a una inteligencia despierta, han conseguido triunfar en
el exterior.
Superar ese necesario proceso catártico sólo
es posible con líderes sociales, políticos
y empresariales, hijos de esta tierra muy preparados y dispuestos
a trabajar por su provincia. Para eso tenemos que luchar
para que nuestros hijos -la generación más
preparada de la historia- se queden aquí. Y eso sólo
será posible si luchamos por nuestros derechos, si
Zamora exige futuro de verdad, en la calle y con nuestro
trabajo diario. Tenemos que hacer posible que la generación
que ahora se está formando no se marche fuera. Para
eso hay que presionar a las administraciones y pedir responsabilidades
a los partidos políticos a los que votamos. Que la
concentración de esta tarde sea el principio de esa
imprescindible catarsis y que nos haga desmentir a Parménides.
El carácter no es inmutable. Se forja con la suma
de experiencias. Qué a partir de ahora sean positivas.
Hasta ahora hemos tenido más de lo que nos merecíamos.
Celedonio
Pérez
Fuente: www.laopiniondezamora.es
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