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(Un
artículo que comienza con la celebración de
una ceremonia y termina con una exhortación personal
al homenajeado)
El
pasado domingo día 17, se celebró en Madrid
la ceremonia de recepción solemne, como Académico
de Bellas Artes, de Don Javier Manterola, que es el autor
del proyecto del nuevo puente en Zamora,que unirá,
una vez más, las dos orillas del Duero a su paso
por nuestra ciudad.
Dada la indiscutible categoría profesional del nuevo
Académico, no podemos dejar de comentar determinadas
ideas de su discurso de recepción en la Academia,
acerca de su quehacer y del papel que la ingeniería,
según él, ha asumido, una vez que ha sido
reconocida la cualidad estética que han ido alcanzado
las realizaciones que se han producido a lo largo del pasado
siglo.
El Sr. Manterola hace notar cómo la ingeniería
se ha ido distanciando de la arquitectura, pues si bien
ambas son deudoras de las nuevas técnicas, la arquitectura
está sujeta a deudas con el pasado, como son los
estilos históricos y un respeto por sus formas. Ambas
disciplinas han basado su desarrollo a partir de peculiares
formas de interpretación de sus respectivos procesos
constructivos. La ingeniería de puentes ha pasado,
como en un vuelo, del arco como elemento propio de la arquitectura
medieval y su pieza clave, llamada también dovela,
a la moderna viga de hierro laminado que todavía
es un elemento significado, importante para todo tipo de
construcciones. La Arquitectura no dispone de toda la libertad
para la utilización de todo el arsenal de recursos
que la tecnología ha desarrollado en la construcción
y muchas veces, si los utiliza, los deberá dejar
en un segundo plano para sujetar composiciones a formas
que tienen su justificación al margen de estos procesos
tecnológicos. Se entiende que cada vez mayor número
de arquitectos, atraídos por los recursos compositivos
que ofrecen las modernas técnicas, hayan desplazado
sus actividades a proyectos o formas que tradicionalmente
se han acreditado como propias del ámbito de los
ingenieros. Ahí tenemos los casos de Calatrava o
de Forster, que en cada puente que proyectan pretenden sorprendernos
con soluciones de tecnologías a cual más sofisticadas.
Esta atracción por las obras de la moderna ingeniería
no es nueva y fue puesta de manifiesto por los arquitectos
y teóricos vanguardistas, como S. Giedion y el mismo
Le Corbusier a principios del pasado siglo. Así vemos
que los trasatlánticos, los automóviles, los
silos de Norteamérica, de alguna manera influyeron
en la evolución y difusión de la arquitectura
moderna. Los ingenieros, aunque se quejen del papel subordinado
que tienen en los proyectos más comunes de edificios
y de que sólo sirvan para garantizar con sus cálculos
los problemas de seguridad, son conscientes de que se les
ha abierto una consideración de nuevo tipo a la estética
de sus obras, apoyadas en unas dimensiones geográficas
y que se emplazan en escenarios que llegan a modificar una
Naturaleza que siempre le atribuíamos de un carácter
inmutable. Y esto lo reconoce así el propio Manterola
en su discurso. Además, nuevos materiales han dado
una mayor levedad a las estructuras y su falta de corporeidad
no ha sido obstáculo para que pudiesen perder expresividad.
Si a ello se añade una precisión de su factura,
que lo ha hecho posible una industria, capaz de alcanzar
y actuar sobre el más mínimo detalle, no podemos
extrañarnos del protagonismo que han alcanzado determinadas
obras públicas.
Es del todo natural que, en consecuencia, los ingenieros
puedan llegar con todo merecimiento a la Academia y, así,
la aportación de Manterota en el campo de la ingeniería,
le haya sido reconocida con este grado de excelencia. Los
puentes de Manterola se unen a otras muchas obras, que dentro
y fuera de nuestro país, habían despertado
hace tiempo nuestra emoción estética. Así
el embalse de Almendra nos parecía una escultura
gigante salida de las manos de un portentoso Chillida y
el puente Firth of Forth nos produjo una sacudida emocional
de tal calibre, comparable a cuando te asomas a la arena
del escenario del teatro romano de Mérida.
Por eso, cuando vuelvo a pensar en la propuesta hecha por
Manterola para el nuevo puente de Zamora y leo las declaraciones
de su discurso de la Academia, siento una desazón
interna, porque no acierto a casar discurso y proyecto.
Trato de explicarme las razones que tuvo el autor para oscurecer
su praxis de ingeniero y pasar a convertirse en el arquitecto
que cumple con “los compromisos de las formas”.
Pero, ¿qué ha podido ocurrir para que por
un efecto de mimesis se vuelva la vista atrás, haciendo
tabla rasa de toda tentativa innovadora, de impulso creativo
y se saquen a colación procesos constructivos que
puedan recrear artificialmente elementos como el arco medieval
,esta vez sin dovelas?
La introducción en nuestra ciudad de tecnologías
tan novedosas como el perfil de hierro forjado para la construcción
de los puentes metálicos sobre el Duero se hizo,
sin ningún problema de rechazo por parte de la ciudad
y, por entonces, la ciudad era mucho más medieval
que la actual. Pero hay estómagos a los que le gusta
la comida bien pasada.
En el puente que todos soñamos, la ciudad ha depositado
muchas ilusiones, después de tensiones entre los
ciudadanos y el equipo municipal, tras el respaldo de 16.000
firmas, el Ayuntamiento accedió a ubicarlo en una
situación que nos pareció a todos como la
más adecuada. El nuevo puente, como parte del paisaje,
cierra la secuencia de vistas que muestran la alianza entre
ciudad y río y en la que el viejo puente de piedra
es rúbrica.
El nuevo puente viene, entre otras cosas, para anticipar
un nuevo escenario que se extiende hasta un horizonte prometedor.
Y una nueva emoción, esperábamos que se desbordara
incontenible con el solo hecho de contemplar las airosas
formas del nuevo artefacto, tendido como un gigantesco insecto
de orilla a orilla.
Si fuese Vd. de la especie de los que tratan de salvar la
cara, no pasando más allá de resolver la ramplona
mecánica de las cosas de todos los días, no
me atrevería a pedirle que no nos defraude, Sr. Manterota;
de que venga a jugársela con nosotros, que le tendremos
para siempre en lo más profundo de nuestros corazones.
Dicho todo esto, con toda la consideración y respeto
que para nosotros siempre nos merecerá.
Antonio
Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
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