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La
vida de la pobre Ifeza no fue nunca fácil. No había
dado aún sus primeros pasos y ya los otros niños
le cantaban: -¡Ifeza no tiene cabeza! ¡Ifeza
no tiene cabeza! En realidad lo que nunca tuvo fue padres,
ni siquiera adoptivos. Por eso siempre estuvo entre el abandono
y la falta de rumbo. Y cuando por fin, pasados los peores
momentos, había empezado a andar, a moverse, a intentar
ser como otro cualquiera de su especie a su edad, aquella
inesperada noticia del periódico le volvió
a hundir el ánimo: "Ifeza se ha hecho mayor
de edad, pero sigue sin independizarse y viviendo de sus
padres". El reproche, por lo que leyó, se lo
había hecho una diputada provincial de IU. Tenía
razón, claro, era evidente, ¿pero cómo
iba a independizarse si nadie la quería ni la quiso
nunca? Su mala suerte se había iniciado desde su
misma concepción. Había sido concebida
por petición expresa y reiterada de quienes iban
a ser sus papis adorados: don CEOE y doña Cámara.
Pero su concepción no fue fácil, rápida
ni barata. Por amor la tierra en la que la iba a nacer,
Diputación y Europa pusieron el dinero necesario.
Sin embargo, cuando ya estaba a punto de llegar al mundo,
a don CEOE se le quitaron las ganas de ser padre: -Va a
ser muy grande y costosa. No voy a tener para alimentarla.
-Pero, hombre, haberlo pensando antes. Con el dinero que
nos ha costado... -Nada, nada, yo me voy y no quiero saber
nada. Sin más ni más, se quitó así
de en medio don CEOE y tras él no tardó en
hacer lo mismo doña Cámara, que aún
tenía menos dinero porque se dedicaba sólo
a sus labores. Así que quien la había concebido
y dado a luz, como "vientre de alquiler", la Diputación,
se vio obligada a quedarse con la criatura. -¿Y qué
vamos a hacer con ella? -¡Uf! Menudo embolado. Se
hizo a la medida de don CEOE y doña Cámara.
No sé para qué va a servirnos a nosotros,
la verdad. Y como no sabían, la dejaron durante un
tiempo abandonada. La pobre Ifeza empezó a sufrir
las típicas dolencias del abandono y frecuentes jaquecas
en forma de goteras. Hasta que al fin algo cambió
en la Diputación y un día oyó que su
vida iba a tener sentido. La pusieron guapa, le curaron
las jaquecas del tejado, la inauguraron y todos dijeron
que qué guapa y que mucho gusto en conocerla. Después
de la primera feria, hubo otra y otra, y cada año
algunas más. Ifeza empezaba a encontrar sentido a
su existencia, hasta que aquel día leyó el
periódico y volvió a sumirse en la depresión.
-¿Independizarme? ¿Cómo voy a independizarme
si ni don CEOE ni doña Cámara han querido
ocuparse de mí y darme trabajo? ¿Acaso puedo
arreglármelas por mí misma? ¿Cómo?
Si me hubieran construido piernas, ya me hubiera ido por
ahí a buscarme la vida, lejos de este páramo.
Pero no puedo moverme, no puedo ir a otro lugar. ¿Qué
salida me queda? Dando vueltas a esta y otras zozobras,
pasó por su tejado una familia de pájaros
carpinteros. E Ifeza, desconsolada, les pidió: -Por
favor, picoteadme, convertidme en ruinas. No veáis
lo felices que haréis a todos los de esta ciudad.
Nadie me quiere y no me van a echar de menos. Los pájaros
carpinteros se negaron en redondo. -Estás deprimida,
eso es todo. Ya se te pasará. Y se fueron volando.
Detectó después Ifeza una familia de topillos
bajo sus estructuras. Y les dijo: -Roedme los cimientos
para que me derrumbe. Todo el mundo os lo agradecerá.
Los topillos movieron la cabeza desconsolados y desaparecieron.
Ifeza recordó entonces un antiguo sueño en
el que alguien, tal vez su arquitecto, le decía:
-Adonde no llega la realidad, llega la magia. Si te vence
la primera, acude a la segunda. E Ifeza se puso a gritar
a través de sus múltiples ventanas: -¡¡Hada
madrina...!! (Continuará)
BRAULIO LLAMERO
21 de mayo de 2006
Fuente: laopiniondezamora.es
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