| |
|
La
conferencia tuvo lugar el día 18 de mayo del 2006
y se celebró en el Aula de Conferencias del Colegio
Universitario de Zamora.
Intervienen
Miguel Ángel Mateos, Juan Muriel y José María
Menéndez. Actúa como moderador el miembro
del Foro Christoff Strieder.
Agradece
al Foro la iniciativa abierta con estas conferencias y lo
compara con un faro en el pensamiento de Zamora y especialmente
en los aspectos del urbanismo.
Habría que analizar primeramente de qué ciudad
venimos, en qué ciudad estamos y la que queremos.
Venimos de una historia que se comprime y consolida, que
marca un hito. Máxime cuando ha sido una ciudad célebre,
fundamental. Modelo, en su día, entre las ciudades
españolas. Fue fortaleza, nacida para la defensa,
que tuvo al Duero como línea de frontera, no de comunicación.
Ciudad ya urbana en el siglo XIII, definida por su espacio,
con relaciones mercantiles y comerciales; con un levantamiento
desde abajo, de las gentes populares en el Motín
de la Trucha, que nos es un mito sino una realidad. Fue
ciudad de servicios, capital de la provincia en el fin del
Antiguo Régimen y en el inicio de la burguesía.
La ciudad burguesa está marcada por sus tres cercos
y el eje que, naciendo desde la Plaza Mayor pasa por la
calle Renova y se bifurca en tres naves, como el templo
de una iglesia, para terminar en tres grandes portadas que
tuvieron y tenían fundamento histórico. Es
decir, hubo una historia que viene del siglo XIII, urbana,
y que cuando en el siglo XIX se reconstruye, se hace pensando
en la tipología, modelo y situación que había
tenido la ciudad histórica. Por consiguiente, la
burguesía zamorana, en algunos momentos raquítica
pero en otros esplendorosa, supo dar tinte, estilo y talante
a esos edificios señeros que marcan el modernismo
zamorano desde la calle Renova hasta santa Clara. Eso está
ahí, claramente consolidado; cumplió su proyecto
de ciudad la burguesía hogareña, de clases
medias, del comercio enriquecido por la agricultura y el
vino, en momentos de esplendor económico a consecuencia
de la filoxera o la gran guerra. Esos testigos están
en ahí, la plaza de Sagasta, en santa Clara o en
Renova. Todo aquello fue una transición importante
para diseñar el proyecto de ensanche que se enmarca
justamente desde las tres vías: la de san Torcuato,
santa Clara y san Pablo a sus puertas respectivas. Se produce,
entonces, un choque entre lo que es la historia y las bellas
artes, que defienden la muralla y el viejo contenido de
las portadas importantes, y el proyecto de la burguesía,
del ensanche de la ciudad rompiendo el esquema, el cordón
umbilical y marcando ya una dirección con una clara
intención de intereses burgueses, de mercado, de
especulación, de intereses urbanos.
Zamora no tenía muchas opciones en cuanto a su ruptura;
sólo tenía el este, donde la muralla era reducida
y había que hacer una altiplanicie para remodelarla.
El oeste está marcado por río Duero, y también
el sur aunque la muralla era reducida y llegaba hasta el
río, éste siempre ha sido frontera, límite
para la ciudad, que nunca ha tenido el río como complemento
y menos como medio de comunicación. La ciudad siempre
ha tenido el río como frontera; es más, todo
lo que sobraba iba al río. En Zamora, cuando teníamos
un problema acababa en el río porque era el fin.
La ciudad burguesa también está marcada en
su posición; hay una Zamora de la burguesía
acomodada que ocupa el eje central de las calles desde la
catedral, zona religiosa, con barrios y casas marcadas,
hasta final de santa Clara, san Torcuato y san Pablo. Hay
unas clases mesocráticas en torno a los barrios bajos
que sirven de transición pero están intramuros
de la ciudad, dentro de la ciudad y están después
las clases populares, aquellas del obrero, del jornalero,
del hombre del campo, del artesano, que son suburbios o
arrabales que viven y conviven como gentes del mundo rural
y donde a partir de los años veinte se van a instalar
gentes venidas de fuera, de forma de presura, sin medio.
La presura era un sistema medieval de captación de
la propiedad sin orden ni concierto, sin autorización
municipal para la construcción.
Este es el esquema topográfico y tipográfico,
inclusive morfológico, que se puede ver en la concepción
urbana. Está también la concepción
que define la burguesía, que cumple con su esquema
sociológico no sólo en ciudad horizontal sino
también en la vertical. En una misma casa habita
toda la sociología complementaria de la ciudad. Abajo
el portero, la gente casi excluida de la sociología
urbana. En medio, el principal, es decir, el propietario.
En el piso segundo la mesocracia abogacíl, médica,
la profesión liberal ya sea profesor, músico
o artista. Arriba el artesano, dueño del pequeño
comercio. La definición, en suma, de la sociología
burguesa de la ciudad. Todo ese esquema de modelo de ciudad
que tiene la burguesía entra en quiebra justamente
con el final de la Guerra Civil, con el ciclo de la Republica,
que mantenía una ciudad distinta a lo que luego la
autarquía y sobre todo lo que en los años
setenta y actuales se ha marcado como el periodo de la autarquía,
que se inicia en los años cuarenta hasta los años
sesenta y cinco, más o menos, y el periodo de la
anarquía, que se marca desde los años sesenta
y cinco hasta nuestros días, con algunos paréntesis
que los marcan los planes urbanos.
¿Quién ha hecho los planes? Por lo general
los han diseñado los técnicos, eso dicen,
que siempre puede ser una forma de quitarse responsabilidades,
pero detrás, sin duda, están los poderosos
de la ciudad, que no son los políticos, que siempre
son un mero transmisor de lo que quieren las clases poderosas.
Esos son los poderes fácticos de la ciudad; el político
es un menos vocero que responde a sus intereses, que no
se ven, que no se visualizan, que están ocultos pero
son los que han decidido el marchamo de esta ciudad ya a
finales de los años veinte o treinta, marcando una
dirección clara que era el este, que ciertamente
es la parte única, junto con el noroeste por donde
se podía romper la ciudad sin tocar, junto con el
río. Consiguientemente, en esa dirección están
las zonas propietarias rurales y es donde invierten los
ricos en Zamora para darle valoración. Y se toman
decisiones, ya en el año treinta, de marcar por donde
quiere que vaya la ciudad. El Instituto de Enseñanza
Media o el cuartel son dos hitos que marcan un diseño
claro por donde se quiere que vaya la ciudad como lo es
también en la época franquista, con la Universidad
Laboral y el Clínico. No están ahí
porque sí, sino para indicar por donde debe ir la
ciudad. También las casas sociales y baratas que
vienen a responder a un concepto que había tenido
la dictadura de Primo de Rivera, las llamadas casas baratas
del alto de santa Susana, que correspondían a una
concepción sociológica, primitiva de la casa
pequeña, reducida, diminuta, aquella casa con la
zona verde, de casa jardín para el obrero, que es
una concepción que tiene la dictadura de Primo, que
nace de una ideología liberal muy distinta de la
fascista que es la que existe en estos hitos que se dan
en el este. En el franquismo tuvimos suerte, porque a diferencia
de lo que sucedió en otras ciudades, que a partir
de los años sesenta el desarrollismo irrumpió
con todo, no el desarrollo que es distinto. Se desarrolló
la economía pero no la cultura y hay un desfase profundo
por donde iba la economía y por donde la cultura
de la nación dando peso a los valores económicos.
Zamora no tuvo medios; había perdido la provincia
aquella línea de vanguardia agropecuaria que mantuvo
hasta los años cincuenta y eso le hizo perder el
tren. Eso nos benefició en cuanto a que no se hicieron
grandes estragos, salvo decisiones por todos conocidas y
que nacen fundamentalmente del Ayuntamiento, que son decisiones
muy personales más que colectivas. De todos los alcaldes
salvo uno, Gerardo Pastor Olmedo que ha sido el mejor alcalde
porque no hizo nada, el resto cometieron grandes atrocidades
como la destrucción, hace 25 ó 30 años,
del convento de Las Marinas, que todo el mundo sabía
que estaba allí y que ahora se usa de pretexto para
el atraso de las obras de santa Clara. Por consiguiente,
aquí el desarrollo nos vino bien en ese sentido a
diferencia de lo que ocurrió, por ejemplo en Salamanca
y sobre todo en Valladolid, donde trituraron la ciudad pero
a partir de los años 70 ó 80, y sobre todo
en la década de los noventa con el dinero de Europa,
en su opinión, lo que no se hizo entonces se ha hecho
ahora. ¿Y qué se ha hecho?. Primero no tener
proyecto de ciudad, y lo llevamos diciendo mucha gente y
lo podemos demostrar. Había un proyecto medieval,
otro burgués y otro de la burguesía decimonónica
del siglo XX. Lo hay, claro, definido, en algunas cosas
discutibles, pero proyecto. A parir del franquismo, en Zamora,
no hay un proyecto de ciudad. Quizá convenga, por
mucho diseño que haya habido, por muchos planes pero
no importa la letra, está en el contenido, en la
ejecución de como se han realizado esos planes. Y
quiero indicar que no ha habido proyecto de ciudad y se
demuestra por esa anarquía, pues claro, que no haya
habido proyecto de ciudad no quiere decir que no haya intención.
Claro que la hay. La intención es esa, no marcar
proyecto. ¿Para qué? Un poco como el cuco.
Nos fijamos mucho en el casco histórico, detenemos
ahí al personal mientras en las otras zonas hacemos
lo que queremos y la gente no se preocupa, es decir, nos
centramos en el casco histórico, protegiéndolo
falazmente porque lo que queremos es hacer algo que no ha
existido nunca, queremos hacer una historia que no ha existido
¿Dónde está el monumento exento? En
la historia no ha existido la catedral exenta, ni san Isidoro,
ni la de Olivares. Las iglesias no han estado nunca exentas,
formaban parte del tejido urbano, tenían que sentido
en la forma urbana. Por tanto eso es lo que era la historia,
pero luego hemos detenido, para glorificar el monumento
y cargarnos la estructura, y cuando hacemos esto no tiene
sentido el monumento. O ha perdido función y sobre
todo ha perdido sentido arquitectónico. Consecuentemente
con eso, hablando del casco histórico donde se han
hecho tan bien notables aberraciones y ¿a qué
llamamos casco histórico? que también es muy
relativo pero aceptando lo que urbanisticamente esta considerado,
especialmente en la ley, el conjunto histórico artístico,
marcado en santa Clara con diferentes trazos, con diferentes
zonas muy definidas, aceptando eso, tenemos que decir que
luego la actuación ha ido totalmente contra opuesta
a lo que estamos definiendo. Estamos definiendo una cosa
en Zamora como hubiese sido dejar la muralla exenta, que
está muy marcada y se puede estudiar magníficamente,
y hay restos todavía vivos para enmarcar, incluso
en algunas zonas se ha fortalecido esa muralla para identificarla
bien. Sin embargo estamos construyendo dentro, un ejemplo
de perplegia o de hemiplejía parcial es la construcción
de san Isidoro, que ahora algunos grupos defienden como
algo que nunca se debió hacer pero que aprobaron
en su momento, es algo que también sucede mucho en
Zamora, el criticar lo hecho pero cuando ha estado el proyecto
nos hemos callado. Veamos el proyecto, ataquemos el proyecto
y luego no nos lamentemos si se construye aquello que hemos
aprobado. En san Isidoro, y nuestro grupo, no tiene ninguna
oposición a que allí se hiciese algo porque
era bueno para el conjunto de la iglesia; no lo que se ha
hecho ya que se ha perdido el volumen, la escala además
de estar en confrontación clara con lo que marca
la muralla. Pero un servicio como el que tuvo el edificio
del laboratorio, también criticado en su día,
está perfectamente integrado y posiblemente en ese
entorno habría que haber hecho algo para darle vida
a aquella zona, que sin ella, se convertirá en un
enorme parque, que puede que no sirva para nada porque además
lo hemos desnutrido de población. Y tampoco es baladí
lo que se está haciendo con el castillo, que tendría
que ser un centro vivo pero si hacemos un panteón
así no irá la gente. Esta es la política
que su grupo no la ve porque posiblemente nos engañan
con ese sentido del mausoleo, de la rehabilitación.
Bueno si al menos se rehabilita, lo damos como bueno pero
la función de museo que ahí se va a realizar
cree que es una clara política de lo que aquí
se quiere: mausoleo para la zona antigua, que se muera,
que se agoste, que no tenga vida y la cerramos. Por tiempo
no puede detallar otras cosas pero quiere hacer una advertencia
importante que es la que Manfredi marca: “perder la
ciudad es perder el alma, es estar muertos antes de descender
a la tumba, es como volverse ciego después de haber
gozado largo tiempo de la luz y del sol, de los colores
de la tierra, es peor que ser esclavos porque muchas veces
los esclavos no recordaban su pasado”. Zamora ha perdido,
en gran parte su identidad.
Dará
su opinión más como ciudadano, nacido en Zamora,
que la ama aunque no es necesaria esta condición
como demuestra el tener en la mesa a un ciudadano alemán,
que la ama y que está preocupado por ella, más
que como profesional del tema. Está viendo como se
están haciendo cosas que no le gustan como ocurre
con más gente y que parece que no hay medios que
lo eviten. Considera que la pregunta sobre el modelo de
ciudad puede ser muy amplia pero también muy concreta.
Le gustaría que Zamora fuera Zamora, que es sencillo.
Zamora bien tratada, bien cuidada, con un cierto mimo a
la hora de modificar sus elementos, con evolución
en la construcción, que es lógico que la tenga
pero que debido a la vorágine en la que está
envuelta toda España, donde se está construyendo
más en nuestro país que en muchos países
europeos juntos. Construir con tantas prisas y con tanta
rapidez, duda que de tiempo para planificar. Quiere que
Zamora sea, no Nueva York, ni Salamanca, ni Madrid. Ve que
otras ciudades que pueden parecerse a la nuestra, envidia
algo. Envidia como la tratan, como evolucionan, como se
pasea, como se ven sus monumentos, sus edificios, su ambiente
como ocurre en Girona, Vitoria, Santiago de Compostela que
sufre un pisoteo excesivo de turismo pero que a la vez conserva
unas maneras ejemplares, incluso más cercanas. Y
Zamora, con lo pequeña que es, qué fácil
sería si hubiese esa sensibilidad que requieren las
actuaciones para que se hiciesen las cosas bien. Zamora
no es sólo es el casco histórico, es toda
la ciudad, los barrios, el río, tan importante, y
que no hemos tratado nada bien en los últimos años.
En líneas generales las cuestiones van por ahí.
Cómo podemos estar impasivos a la hora de ver como
se destruye cantidad de vegetación en una ciudad
que debería ser ejemplar en ese aspecto. Hacemos
congresos sobre el río Duero que dicen cosas admirables
pero que las que están haciendo los políticos
son absolutamente las contrarias que los expertos aconsejan.
Cómo se pueden hacer actuaciones como la de santa
Clara y las plazas. Que desgracia ha tenido nuestra ciudad
con haber recibido tanto dinero de Europa y no haber sabido
utilizarlo. Lo que no se puede, según su opinión,
decir ¿qué es lo que vamos a urbanizar? Vamos
a coger esta calle, estas plazas y vamos a pedir dinero
a Europa, se lo encargamos a un determinado señor,
el cual, con una única idea urbaniza de la misma
manera seis plazas y cuatro calles. Pero como es posible,
si esas calles y esas plazas han tardado en evolucionar
muchísimos años y cada una tiene sus características,
sus edificios, su ambiente. Y ahora no, ahora pavimentamos
todo igual, ponemos juegos para los niños, nos cargamos
los pocos árboles que hay, montamos el número,
porque claro, como ya está tan deteriorado, qué
edificios hay en la plaza de Castilla y León, decía
uno de los arquitectos que ha intervenido en el proyecto,
que ya han sido cargados mucho antes, pero en vez de actuar
para recuperar algo del ambiente que debería haber,
no, ya lo damos todo por perdido y montamos allí
el circo, con los juegos infantiles, farolas espectaculares
y cosas así. El se considera amante de la naturaleza
y lamenta cómo se están destruyendo zonas
verdes, cantidad de árboles, que no se reponen. En
las calles, cuando muere un árbol no se repone incluso
tapan el alcorque. No se dan cuentan que el Zamora los veranos
son tórridos, para que queremos tantos bancos, hay
miles de ellos. Pero esto qué es. Habrá que
pensar que hay detrás de todo esto, pero después,
quién se sienta en estos bancos; en invierno nadie
ya que hace mucho frío, en verano tampoco porque
no hay ninguna sombra. Ahora en lugar de árboles,
marquesinas de hierro en Los Pelambres, una pasarela para
ir a no sé dónde, unas sombrillas triangulares
en lugar de árboles, en Los Pelambre. Una marquesina
metálica en La Avenida; ahora otra en medio de santa
Clara. En fin, ve como tanto presupuesto venido de Europa
no ha venido a sumar sino a sustituir cosas; seguimos teniendo
las mismas plazas, a lo mejor con unos parkings vacíos,
sin los árboles arriba. Nuestra ciudad no suma. Se
pusieron miles de papeleras, bastantes fuentes en todas
las orillas del Duero que en la primera crecida del río
se las llevó todas. Cuando tenemos bastantes calles
donde no hay una mísera papelera para tirar un papel.
Las que había en el casco antiguo, con un diseño
muy moderno y carísimas se están ahora tirando
a consecuencia de las obras en lugar de recogerlas. Aquí
se ha tirado todo: papeleras, bancos, farolas, plantas...aquí
nos sobra todo. La postura de su grupo no es clasicista,
valoramos las actuaciones actuales que se han hecho en Zamora
y estamos orgullosos de ellas, no se trata de rememorar
el pasado pero la ciudad antigua hay que saberla tratar,
no todo el mundo lo sabe. Zamora no tiene quien la defienda.
Los partidos políticos mayoritarios responden a lo
que decía antes Miguel Andel Mateos, a los intereses
que están detrás de la construcción,
que devora y puede con todo y si se paraliza porque hay
que pensar en algo, nos amenazan con que va al paro mucha
gente y nos entra el miedo. Hasta que no salta la chispa
con fuera como ha pasado en Marbella o en Murcia o en Valencia
como ocurre por Galicia, por las costas, que da penas. Esto
no es sólo problema de Zamora, da pena se vaya por
donde se vaya. Los partidos políticos mayoritarios
lo ve atados por no sabe quien, los minoritarios no tenemos
capacidad de intervenir en la ciudad con nuestras opiniones,
porque no se trata de enfrentar unas cosas con otras sino
de sumar criterios, discutirlos y cuando llevemos a soluciones
acertadas, que se hagan. En la última conferencia
de los arquitectos que han diseñado el Consejo Consultivo
al lado de la catedral, se quedó perplejo ya que
el que se atreviese a opinar en contra de esas actuaciones
lo llamaban, no se acuerda del calificativo, pero lo trataban
con un desprecio absoluto. La ciudad es de los ciudadanos,
si cuando un arquitecto actúa no lo hace para el
Alcalde sino para los ciudadanos y es desde nuestro conocimiento,
sea muy técnico o muy básico, tenemos derecho
a opinar y lo que no nos gusta es así, y si nos gusta
lo decimos. Envidia lo ocurrido en Madrid con los árboles
del Prado, porque primero, se plantea el problema antes
de talarlos y estamos hablando de árboles no de arquitecturas
que conforman una ciudad, un lugar determinado y que ha
tenido la suerte de que una persona influyente y preocupada
por el tema ha hablado sino ya veríamos que abría
ocurrido. Y detrás están arquitectos magníficos,
pero también se pueden equivocar o no puede conocer
la ciudad, la idiosincrasia de la ciudad por muy Álvaro
Siza que sea. En cambio, en Zamora ¿qué ocurre?.
Aquí no tenemos una respuesta, no hay un técnico,
salvo en contadas ocasiones, que opine. No hay grupos ni
de colegios de arquitectos ni de otro tipo de actividades
cercanas que manifiesten su opinión. Lo único
que ha oído comentar en los últimos meses
por parte del colegio de arquitecto ha sido que el Museo
Baltasar Lobo debería haber salido a concurso y se
pronunció en cuanto a la ubicación del puente
nuevo pero después de una demanda popular con la
plataforma Pro Nuevo Puente a la que se ha sumado toda la
ciudadanía. Quiere alertar que el Ayuntamiento tiene
previsto hacer un parking subterráneo delante del
Hospital Virgen de la Concha y que supone eliminar todos
los árboles que hay en el paseo, que tienen cincuenta
años, especialmente los de las filas del paseo, que
no quiere que desaparezcan. Ha contado los árboles
que faltan en la avenida Principie de Asturias desde la
Farola hasta el Virgen de la Concha y eran 133 árboles
que se han muerto, se han segado, que coinciden en salida
de garajes y que los quitan. No se han repuesto.
Comenta
Miguel Ángel Mateos que quiere atribuirle a Juan
una frase: “en Zamora faltan jardineros
y sobran leñadores”.
Ha estado
mucho tiempo fuera de Zamora y ha venido muchas veces. Ahora
está trabajando en el Castillo, una obra bastante
polémica, cosa que le preocupa bastante. Quiere hablar
de lo que es la identidad de una ciudad y para ello tiene
una definición según el diccionario como “
la cualidad de idéntico desde la misma persona que
se conoce”. Cuando Juan decía que Zamora quería
que fuese Zamora, aunque parece una obviedad, pues no, si
Zamora es Zamora que sea que parece Zamora también.
Le gustaría definir que es cultura, que se habla
mucho de ello pero no sabe si todos tenemos la misma idea
de ello. “Antropológicamente es un conjunto
de instrumentos y respuestas con el que afrontamos nuestra
relación con el medio y con nosotros”, que
viene muy a cuento con lo que estamos hablando. La realidad
es aquello que percibimos, lo que yo percibo ahora como
identidad de ciudad es una identidad empobrecida y bastante
caduca, y la realidad es bastante lamentable cuando podíamos
decir especulable. Como espacio público podríamos
definir que el origen lo define el filósofo Kant
y lo hace como un lugar de encuentro accesible a todos los
ciudadanos donde democráticamente se practica el
intercambio de intereses y de ideologías, opiniones,
etc. Esto es lo que deberíamos conocer de la ciudad:
identidad, espacio publico y lo que es cultura. Todo ello
viene a coincidir, dónde, en la ciudad, donde yo
definiría la ciudad como un espacio habitable y como
un espacio de encuentro para los ciudadanos. El problema
es que si esos espacios no están definidos o diseñados
para que los ciudadanos habiten la ciudad o se encuentren
donde haya un dialogo o intercambio, nos encontramos con
una ciudad de transito, lo cual es grave. Volviendo a la
identidad de Zamora, piensa que está muy perdida
porque ha perdido muchos signos y símbolos de identidad;
yo si les digo acueducto seguro que todo el mundo piensa
en Segovia; si le digo torre Eiffel, todos piensan el Paris.
Si de las Torres Gemelas, ya saben de que ciudad estoy hablando.
Son signos, edificios o monumentos de identidad de esas
ciudades que se conocen universalmente. Zamora ha perdido
parte de su identidad, muchos elementos arquitectónicos,
los sigue perdiendo y para él los símbolos
que quedan son, el más importante, el cimborio de
la catedral pero también muy gastado. Podríamos
hablar de la torre de la catedral y, en menor medida, del
puente, que está maltratado y del río Duero,
que es de donde surge la ciudad. Para él son los
símbolos que ahora tiene pero que a duras penas se
mantienen, porque están muy gastados, muy obsoletos,
no hay una identidad clara de Zamora. Esto sería
algo a revisar y en este sentido, hablaría de lo
que es el Castillo, ahora en fase de obras, excavando todo
lo que es la ronda del castillo, alarde aclara Mateos. Están
apareciendo cosas que ya se sabía que existían
según algunos grabados que se venden en el Parador.
En ellos aparece el Castillo con sus torres. Ahora estamos
a tiempo de recuperar estas torres, lo que es la identidad
del Castillo que el ponente siempre lo ha conocido exteriormente
como una ruina y a lo mejor interiormente también,
como algo donde no se ha invertido nunca ni tiempo, ni dinero
ni atención. Ahora ha cambiado pero corre mucho peligro
porque hay dos corrientes: una como Castillo, si no se recupera
su identidad como tal lo perderemos para siempre, y además
con la apariencia e identidad que debe corresponderse, perderíamos
uno de los símbolos de Zamora que ya está
perdido, que es la estampa de castillo como fortaleza al
lado de la catedral cuya torre también es defensiva
y el Duero, transcatillo, antes pasaba el Valderaduey por
allí, que es donde confluía. Esta apariencia
de castillo que ha perdido le parece recuperable como identidad
para la ciudad, es decir, que los ciudadanos se identifiquen
con su imagen y realidad. Esto costaría bastante.
Hablando del entorno del casco histórico, los jardines
del castillo y la plaza de la catedral como un desastre
acumulable durante muchos años. Se han levantado
y vuelto a rehacer para dejarlo igual. Peor porque hay caminos
que no drenan y se encharcan. Se hacen obras pero no se
hace urbanismo y ese espacio queda pedido, igual que hace
cincuenta años. Con ello no se vincula a la ciudad
ni a los ciudadanos. Se ha gastado mucho dinero pero la
plaza de la catedral es un solar, con tres sillas que parece
algo, un poco onírico. Parece un paisaje surrealista,
no hay una sobra, no hay urbanismo, es un desierto, un solar.
Todo el entorno del castillo es un espacio que forzosamente
habría que recuperar: el foso, la ronda, la apariencia
de castillo y lo demás. Tenia ganas de manifestarlo
ya que van a ser los últimos habitantes del Castillo,
los de la Escuela de Arte, y ha descubierto que el proyecto
que tiene Rafael Moneo para el castillo es exactamente el
mismo que ha hecho en el Auditorio de Palma de Mallorca,
lo cual es peligroso. Se pueden tener dos opiniones, una
la buena, decir que bien ha resuelto lo que hizo en Palma
de Mallorca, que bien se acopla en el castillo o la contraria,
que bien me viene lo que he hecho en el Auditorio de Palma
de Mallorca para colocarla en el castillo. Esto hablando
urbanisticamente, en otro orden, el proyecto de museo le
preocupa, ya que si no es castillo pues a lo mejor tampoco
llega a ser museo con lo cual volvemos otra vez a la falta
de identidad, de contenido y sobre todo a la falta de conceptos
y lo del museo es todavía más peligroso porque
no es cuestión de hacer una caja y guardar allí
las cosas, es cuestión de dotar un proyecto museístico
serio y a largo plazo para que esto funciones. No le parece
tan mal que con la excusa de un museo recuperemos el castillo,
pero en los términos en que se haga, es lo que le
preocupa. No sabe muy bien por donde van los tiros pero
si resultan interesantes todos los descubrimientos que se
están haciendo y en el ámbito ciudadano sería
muy interesante recuperar la identidad de Zamora como la
“bien cercada” que es la que habla el Romancero
y sobre todo recuperarla para los zamoranos. Por hablar
de algo que tenemos ahí y se debería debatir
como ciudadanos qué ciudad queremos y como la queremos.
¿Cómo queremos la ciudad?, pues mire, queremos
esto recuperado, esta avenida de esta manera y luego ya
veremos si le ponemos árboles, farolas, sombrillas
ya sean de regalo o de diseño. Hay que tener un proyecto
de más alcance de lo que llevamos viendo, que son
obras pero no un proyecto. Podemos poner ejemplo: si se
habla de Bilbao, donde él hizo un reportaje de fotos
justo antes de la recuperación de la ría,
y un buen ejemplo el museo Guggenheim. Cómo se ha
conseguido a través de un museo, no sólo el
continente sino tan bien el contenido. El propio edificio
del museo es un reclamo y una recuperación importante
del espacio de la ciudad. Además se le dota de un
proyecto museístico serio y atrae gente interesada
en este tipo de actividades, aparte de que se recupera parte
de la ciudad. Otro ejemplo lo tenemos en Barcelona con los
Juegos Olímpicos, antes del 92 y después.
Tan bien se podrían citar Exposiciones Universales,
Juegos Olímpicos o Capitalidades Europeas de la cultura
como fue Salamanca 2002, todo dotado de mucho dinero, donde
se recuperó la cárcel, la rúa. En Zamora
tuvimos, a otro nivel, las Edades del Hombre que sirvieron
para recuperar la catedral, su entorno, iglesias y batir
todos los record de visitantes. Esto indica que algo bien
hecho funciona. Aprovechando la presencia de Coomonte en
la sala, recuerda la Bienal de Escultura, del año
86, que sirvió para sentar las bases del eje del
Duero, de la recuperación de Baltasar Lobo y se utiliza
la ciudad como un espacio expositivo y como la ciudad se
enriquece por el mero hecho de que hay esculturas, intervenciones
e ideas que están viniendo de fuera y se quedan en
Zamora para enriquecer la ciudad; un ejemplo lo tenemos
en la plaza de Cristo Rey y cosas así. Tanto en las
Edades del Hombre como en la citada Bienal de Escultura
la ciudad disfrutó de dichos eventos. Se podrían
repetir o promover. Lo que es un error es la política
que tenemos últimamente de hacer, hacer pero no llenar
de contenido. Otro ejemplo de ello es IFEZA, con una fuerte
inversión y queda vacío. Se hace un centro
ferial, sin contenido durante años, y que necesita
al cabo de años otra inversión para restaurarlo
aunque no ha tenido contenido. Si llevamos esto a las Aceñas
pues, tenemos el mismo tema. Prefiere una ruina bien conservada
que no una restauración sin sentido. Esto se puede
llamar gestión cultura o urbanística, todo
depende. Su concepto es habitar la ciudad; por ejemplo en
Semana Santa la gente sale a la calle, los ciudadanos habitan
la ciudad, la disfrutan o la sufren; en San Pedro, con la
feria de la cerámica, la gente sale a la calle incluso
los vendedores duermen allí. Todo esto habría
que promoverlo, desarrollarlo, potenciarlo; esa convivencia,
la participación y sobre todo considerar la ciudad
como un patrimonio colectivo. También se debería
dotar a la ciudad de infraestructuras importantes; así
como los aficionados al football tiene un campo, los aficionados
a la música podrían pedir un Auditorio. Se
hablaba de un circuito de velocidad para la provincia de
Zamora también de un canal olímpico de piragüismos,
en Zamora con campeones en esa categoría, que no
tenemos un canal para practican y tenemos un río
hermoso. Se habla de un nuevo puente. Habría que
proponer nuevos puentes no sólo uno, tampoco necesariamente
para tráfico rodado; se podrían hacer peatonales
y recuperar márgenes del río. Pero siempre
hay tener un planteamiento serio, claro y a largo plazo.
No es sólo hacer obras.
El
moderador del Foro, Christoff,
agradece a los ponentes sus respectivas actuaciones, todas
muy interesantes, que hacen mención a cuatro temas:
el poder político, poderes ocultos detrás
de él, espacio público y el tema de la identidad.
Cuenta que en Berlín, después de la caída
del muro en el 89, había mucho debate sobre qué
hacer con la ciudad, sobre el modelo de ciudad. Hubo reuniones
entre arquitectos, los inversores y personal del Ayuntamiento.
El Ayuntamiento de Berlín tiene una figura muy poderosa
similar a un secretario de Estado como responsable de urbanismo
y arquitectura de la ciudad. Los inversores pedían
cosas más grandes y otros espacios y contestó
el responsable del Ayuntamiento: Uds. hagan pero nosotros
vamos a decidir lo que se hace, cómo se hace y quién
lo hace. Esto lo digo por lo del poder y quien debe mandar
realmente. Sobre el tema del espacio público, está
en un proceso de desaparición ya que el que más
frecuentado no es un espacio público sino privado:
el del centro comercial donde va la gente que antes paseaba
por santa Clara. Hoy en día, el sábado por
la tarde se encuentran en el centro comercial. Hay que pensar,
con estas circunstancias, qué es espacio publico
y lo que podemos hacer. Sobre la identidad, categoría
que buscan todas las ciudades. Interviene José Maria
que considera que la identidad es muy importante porque
su falta indica una falta de conciencia y viceversa. Christoff
insiste en que las ciudades están a la busca de identidad
con edificios singulares como Guggenheim y con arquitectos
estrella.
Posteriormente
se entre en el debate con el público.
|
|