| |
|
Me
gusta salir en bicicleta cuando puedo por las carreteras
cercanas a Zamora; siempre he disfrutado de la “bici”,
desde pequeño, con la pandilla de mis amigos que
en verano solíamos ir de merienda a los bosques y
fuentes cercanas. Recuerdo con nitidez el día en
que mi padre me regaló mi primera bicicleta, de color
rojo, de las llamadas “de chica”, sin barra
y con una redecilla de colores en la rueda trasera. Uno
de los mayores disgustos de mi vida ocurrió cuando
en una de aquellas excursiones de verano, uno de mis amigos,
por despiste, chocó por detrás con mi bici
y rompió la redecilla. La niñez y sus recuerdos,
siempre tan presentes.
Pues bien en estas salidas mañaneras, varias veces
me he encontrado con casas de campo donde ondea solitaria
una bandera en su mástil correspondiente. En la última
que he visto ondeaba una bandera de Zamora pero en otras
también he visto la de Castilla y León, la
de España y la de la Unión Europea. La verdad
es que por estas tierras no suelen proliferar demasiado
las banderas colgando de balcones o en casas solitarias.
Acabo de pasar una semana por tierras catalanas, especialmente
de Girona, y el uso de símbolos catalanes, especialmente
senyeras, era abundante en el medio rural. 
Todo el mundo relaciona la bandera con una identidad cultural,
social y territorial determinada, por consiguiente el que
se manifiesta con este símbolo está identificándose
o reclamando su identidad con fuerza. También es
sabido que los que reclaman identidades excluyen muchas
veces otras formas de identidad. No es fácil ver
ciertas banderas juntas, salvo por obligaciones administrativas.
Pero en nuestros días, la identidad puede tener muchos
niveles y a veces el que representa una bandera no es el
más importante para muchas personas. Los procesos
de socialización convierten en un laberinto las trayectorias
individuales mediante las que pretendemos aprehender la
realidad social. Estas trayectorias individuales, enmarcadas
en una sociedad determinada, van perfilando la construcción
de la identidad, fenómeno que surge de la dialéctica
entre el individuo y la sociedad. Existe la identidad personal,
tan importante y tan difícil de conseguir que por
ello muchas personan buscan atajos vía el consumo,
que todo lo domina y manipula; está la identidad
social que nos acerca a la comunidad más cercana
y que necesita compromisos reales y un plus de dedicación
si se quiere que no sea una palabra hueca. No entro en lo
que podríamos llamar identidad política, tan
ligada a la división administrativa de la Nación,
que tanto ha dado que hablar en estos últimos meses
y de la que no se libra nadie. Respecto a esto último,
les aconsejo entrar en la página del Foro Ciudadano
de Zamora (www.forodezamora.com) y navegar por la sección
“expresa tu opinión”, donde encontrará
un ramillete continuo de lindezas sobre el asunto del leonesismo
y castellanismo. Personalmente me encuentro muy lejano a
esos debates de identidades nacionales, regionales o como
quieran denominarse.
La búsqueda de la identidad, sea el nivel que sea,
siempre exige compromiso y eso supone esfuerzo, reflexión,
inseguridad y sobre todo muchas dudas personales y sociales.
También exige un respecto hacia otras opciones. Por
ello, hoy en día es más sencillo asumir identidades
a la carta, aquellas que por enunciarlas ya las consideramos
nuestras, sin más. Y a veces una bandera en un mástil
ayuda a ello.
Recuerdo que hace un año una mujer acompañaba
a un grupo de personas, posiblemente familiares de visita
en Zamora, y al pasar por la Plaza Mayor indicó la
enseña bermeja que colgaba del balcón del
Ayuntamiento y dijo con un tono de orgullo al grupo: esa
es nuestra bandera. Yo me quedé un poco atónito
con el sencillo comentario que personalmente jamás
sería capaz de sentir. Y no porque se refiriese a
la bandera de Zamora sino por referirse a una bandera. Nunca
me han gustado las banderas como símbolo de agrupación
de personas y culturas. Algo similar me ocurre con el término
“tradición” tan usado por estos pagos,
que tiene tantas novias y novios en esta tierra, con el
que se construyen tantos curriculum personales. Como es
evidente, no voy a negar la importancia social y cultural
de este pasado en común pero me asusta el fondo inmovilista
y simplista que conlleva, el eterno manoseo del término,
la proliferación de actos culturales apoyados en
esa base, que en muchas ocasiones deforma la realidad histórica
y sirve de tapón a una visión universalista
de la cultura y del progreso. Es conocida la frase de que
a veces la tradición es la madre de todas las ignorancias,
en el sentido que no deja ver otras opciones. También,
como ocurre con las banderas, es un camino de comodidad
personal, con decir que uno es muy tradicionalista con lo
de su tierra ya se ha definido y en paz, y si además
alguna vez te dejan agarrar un pendón, ya no te digo.
Como pueden ver, un paseo en bici da para mucho.
Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora,
25 de agosto de 2006
|
|