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(Resumen
de lo publicado: Ifeza es un recinto ferial muy desgraciado;
siente que nadie lo ha querido nunca y sueña con
desaparecer. Pide ayuda a los animales de su alrededor para
que lo derrumben o lo hundan, pero ninguno quiere hacerlo.
Entonces se le ocurre llamar a su hada madrina, por si también
los feriales tuvieran algo así).
-¡¡Hada madrina...!!
Hasta dos y tres veces gritó la desgraciada Ifeza
a través de sus muchísimas ventanas. Si el
hada existía, pensó, por fuerza tenía
que oír su grito. Y tras el tercero, en efecto, apareció
ante ella otra Ifeza más pequeña, con alas,
una varita mágica y una gran sonrisa.
-¿Qué sucede, Institución Ferial de
Zamora? Ifeza se enterneció:
-Caramba. Me ha llamado usted por mi nombre completo y los
dos apellidos. Casi nadie me llama así, solo Ifeza.
-También me gusta el diminutivo, Ifeza. Dime, ¿qué
te ocurre?
-Quiero irme de aquí. Muy lejos. A otra ciudad donde
de verdad me necesiten, pueda ser útil y nadie me
vea como una carga insoportable. El hada se quedó
mirándola muy pensativa.
-No me digas que aquí te ven como una carga...
-Desde antes de nacer, hada madrina. Estoy desesperada.
-¡Es increíble! ¿Querrás creer
que si existes es porque esta ciudad un día llamó
también a su hada madrina y le pidió tenerte?
La gente, de verdad, es que pide a veces sin ton ni son.
Por eso las hadas tenemos que tener mucho cuidado al conceder
deseos. Muchas veces, si los concedemos, hacemos más
daño que otra cosa.
Aquellas palabras preocuparon a la pequeña Ifeza.
-¿Quiere decir que no va a concederme mi deseo?
-Al contrario. Claro que te lo concederé. De mil
amores. Se van a enterar los zamoranos, y particularmente
don CEOE y doña Cámara, de lo que se han perdido
por su mala cabeza.
Le apuntó con su varita mágica, pronunció
un conjuro y de pronto a Ifeza le salieron cuatro robustas
piernas, con sus pies, bajo la ancha estructura.
-¿Ya puedo moverme?
-Con absoluta libertad. Vete donde quieras, fuera de esta
ciudad desagradecida. Ifeza dio un salto y se maravilló
de su repentina capacidad de movimientos. De pronto, le
asaltó una duda.
-¿Hada madrina?
-Sí...
-No estoy segura de hacia dónde ir. ¿Alguna
sugerencia?
El hada puso cara de traviesa.
-Si quieres que los de esta ciudad se queden fastidiados
de verdad, coge la autovía de Tordesillas y no pares
hasta Valladolid. Allí hablas con el alcalde y no
te tendrás que preocupar de nada más.
Ifeza dio las gracias y echó a correr, con su inmensa
mole, camino de Valladolid. Unos días después,
cuando llegó, pidió ver al alcalde. Este,
asombradísimo al saber qué tipo de ser lo
reclamaba, salió a verla a las afueras.
-Caramba. Eres un pabellón realmente estupendo. Mejor
incluso que el que hasta ahora teníamos aquí.
¿Vienes para quedarte?
-Si aquí me necesitan, será un placer.
Los vallisoletanos se apresuraron a instalarla en un solar
muy bien comunicado y no tardaron en hacer una primera feria,
a la que siguieron muchas más. Ifeza era feliz viéndose
útil y querida. Y aún lo fue un poco más,
aunque esté feo decirlo, cuando oyó contar
a unos visitantes que los de Zamora protestaban indignados
por el nuevo "expolio" que les había hecho
Valladolid, al quedarse con su recinto. Incluso tuvo que
aguantarse una carcajada, cuando los visitantes añadieron:
-¿Y sabes quiénes son los más indignados
en aquella ciudad? Don CEOE y doña Cámara.
Y colorín colorado, este cuento, como tantos otros,
se ha acabado.
BRAULIO LLAMERO
28 de mayo de 2006
Fuente: laopiniondezamora.es
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