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Hace
unos días publicaba El País un chiste firmado
por El Roto que me pareció muy profundo. La viñeta
representaba a dos señores, uno con sombrero que
aparenta ser el superior, que pregunta al otro, con aspecto
de técnico o funcionario, “¿Está
claro lo que habría que hacer?. Sí, responde
este último. Bien, pues que no se haga, contesta
el superior”. Cuantas veces los ciudadanos no entendemos
las decisiones que toman nuestros políticos, simplemente
porque no son de sentido común. Un ejemplo sencillo,
que está ahora muy caliente, es la reforma del Paseo
del Prado en Madrid. Precisamente la citada viñeta
se encontraba debajo de un artículo sobre este tema
firmado por Luis Felipe Alonso Teixidor. Casi nadie entiende
lo que se quiere hacer con ese lugar entrañable e
histórico de la ciudad excepto los políticos
del Ayuntamiento encabezados por su alcalde, los arquitectos
encargados del proyecto y la cohorte que acompaña
a todos ellos, que no son capaces de convencer al ciudadano
de una forma sencilla y clara, del porqué esta reforma
es buena para la ciudad. ¿Qué es lo que habría
que hacer?, pues sencillamente dejar las cosas como están
o aplicar pequeños retoques en todo caso pero ya
se sabe la respuesta: Bien, pues que no se haga lo normal,
hay que hacer cosas nuevas, que cambien todo, que gasten
un montón de dinero del contribuyente y que se contrate
a arquitectos de prestigio, que saben más que todos.
Recurriendo a un caso más cercano, tenemos la ubicación
del puente nuevo en Zamora, que se nos está haciendo
viejo por lo que tarda en ver la luz. La mayoría
sabía lo que había que hacer, dónde
estaba el lugar correcto para su ubicación, pero
el Ayuntamiento de la capital ya sabemos lo que dijo durante
mucho tiempo: Bien, pues que no se haga por el lado lógico,
que se haga por donde nosotros queremos, que somos más
listos y para eso somos autoridad, además elegida
democráticamente.
¿Por qué se pierde tantas veces el sentido
común cuando se está en las alturas, cuando
se tiene el poder entre las manos, del signo que sea?. Y
no me refiero sólo a los políticos, también
los financieros y los grandes emprendedores cometen fallos
garrafales. Otro ejemplo de carácter internacional,
donde el fondo del chiste casa a la perfección, fue
el asunto de la guerra de Irak. No se aplicó el sentido
común que era haber concedido más tiempo a
los inspectores de la ONU para que pudieran confirmar las
sospechas de si existían armas de destrucción
masiva y redes de terrorismo en el país. Se dijo
por parte de algunos listillos: Bien, pues que no se haga
y se hizo lo contrario, es decir la guerra, con las consecuencias
desastrosas por todos conocidas.
Creo que todo el mundo comprende que ir contra el sentido
común, que aún poseen muchos ciudadanos, no
es sólo un problema de cabezonería, de creerse
más inteligentes, de que tienen las mejores fuentes
de información, de que han sido elegidos democráticamente.
No sólo es eso, que a veces también lo es.
Sobre todo es un problema de intereses, que lógicamente
no se dicen pero que el tiempo los acaba descubriendo. Los
intereses suelen ser fundamentalmente políticos y
económicos.
¿Resulta tan complicado saber lo que piensan los
ciudadanos anticipadamente antes de tomar ciertas decisiones
especialmente sensibles e importantes?. La verdad es que
resulta fácil y en muchos casos se sabe con anticipación
como sucedió en la guerra de Irak o en la ubicación
del puente nuevo pero eso no sirve para cambiar el curso
de las decisiones, al menos durante bastante tiempo. Es
necesario luchar mucho para que finamente los poderes públicos
reconozcan sus errores. Ellos se agarran a que gobernar,
una vez que han sido elegidos democráticamente, les
confieren una responsabilidad en la gestión, que
por otra parte nadie les niega, pero hay decisiones que
se salen de lo normal, de la gestión del día
a día, y en esas sí que deberían pulsar
antes la opinión de sus colectividades, con el procedimiento
que consideren apropiado. Pero me temo que las cosas se
seguirán haciendo de la misma manera y que los ciudadanos
no tenemos que bajar la guardia, a pesar de estar en una
democracia.
Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 9 de mayo de 2006.
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