ARQUITECTURA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN
 
 

 

No ha sido pequeño el cambio experimentado por nuestra sociedad occidental, y española especialmente, en los últimos treinta años en lo referente al conocimiento, valoración y conservación del patrimonio artístico en general, y el arquitectónico en particular. Al abandono sufrido, y remarco sufrido, por nuestra arquitectura hasta los años 50, siguieron dos de las peores décadas, las de los 60 y 70, donde la consigna fue la del rompe y rasga, quizá alentada por el enfervorizado despegue económico de nuestro país. Lo antiguo se identificaba con viejo y, en consecuencia, lo moderno suponía derruir y edificar de nuevo, aunque esta nueva construcción adoleciera de los males por todos sobradamente conocidos especialmente en nuestra ciudad, y diera al traste con muchos de nuestros mejores edificios y una gran parte de la configuración y estampa urbana de Zamora. ARQUITECTURA EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

A partir de entonces, el trabajo de divulgación del patrimonio, el conocimiento y redescubrimiento de nuestra arquitectura al compás del resto del país, y los montantes económicos cada vez más cuantiosos destinados a la restauración y conservación arquitectónica han ido calando en el ciudadano de a pié, haciendo del patrimonio arquitectónico algo realmente suyo, digno de conocer, herencia con la que identificarse e incluso producto turístico de primer orden. A pesar de este gran esfuerzo y sus logros, las lagunas son abismales. Abismales porque, particularmente en nuestra ciudad, identificamos patrimonio con la arquitectura religiosa, algunos ejemplos de arquitectura histórica civil y ciertos edificios construidos hasta finales del siglo XIX o comienzos del XX, olvidando casi sistemáticamente el patrimonio urbanístico, las tramas y estructuras urbanas, y especialmente los notables ejemplos de arquitectura racionalista que aún poseemos. Y aquí es donde me quiero detener.

No han sido pocos los edificios construidos en Zamora bajo los principios racionalistas del Movimiento Moderno, aquel que a partir de los comienzos de la década de los 30 apostó por el empleo de nuevos materiales -hierro, hormigón y vidrio- y especialmente por la ausencia de ornamentos y la limpieza y sencillez de formas. La antigua Jefatura de carreteras de Obras Públicas, hoy comisaría de policía, obra de Enrique Crespo en 1940; el edificio Neches, de la Plaza del Maestro, obra del mismo arquitecto en 1933; la antigua Escuela Normal de Magisterio, del equipo de Antonio Flórez en 1933; el edificio de Sevillano, en la Plaza de Zorrilla; la clínica Santa Teresa -clínica de D. Óscar- en la Plaza del Maestro Haedo; la antigua clínica de D. Dacio Crespo, hoy muy desdibujada y transformada en Casa de Ejercicios; y muy especialmente los Grupos de viviendas de la Obra Sindical del Hogar "Ramiro Ledesma" y "Martín Alvarez" de la Avenida de los Reyes Católicos, obra de Jesús Carrasco en 1942, son ejemplos notables aún en pie de esta arquitectura. Lamentablemente otras obras como el edificio Scarpellini, el edificio de viviendas Berrocoso o el singular quiosco de la que hoy es Plaza de la Constitución, todas ellas de Enrique Crespo, fueron demolidas por la desidia, el desinterés o quizá, lo que es peor aún y más probable, la falta de justa valoración de este tipo de arquitecturas. Desgraciadamente, la juventud de ciertos edificios construidos en tiempos recientes y cercanos a nosotros nos nubla la vista y la justa valoración de su singularidad e importancia como auténtico patrimonio arquitectónico.
Tras la muy acertada intervención en la Jefatura de Obras Públicas reconvertida en comisaría, casualmente en la actualidad se está interviniendo paralelamente en tres de los edificios antes citados (antigua Escuela Normal de Magisterio, edificio Neches, y antigua clínica Santa Teresa) con resultados que aventuro dispares, en algún caso -el último- poco respetuosos con la estructura del edificio. En cambio, por su parte, los Grupos de viviendas Ramiro Ledesma y Martín Álvarez, en Los Bloques, están adelantando su deterioro con intervenciones tan desastrosas como el tabicado de algunos ojos de buey, la indiscriminada eliminación de elementos metálicos, la escasamente acertada realización de obras para la adecuación de sus bajos comerciales o la reforma de sus estructuras originales. Estas viviendas están pidiendo auxilio a gritos. Algo parecido reclaman, aunque sin tanta precariedad, las viviendas Colino, en la calle Juan II.

Afortunadamente más de una veintena de edificios han sido recientemente incorporados al catálogo de elementos protegidos en el nuevo PGOU, superando el craso error de no tener en tal consideración aquellos edificios que estuvieran fuera del casco histórico. Con todo, de poco sirve que estos edificios queden inmortalizados en este catálogo si éstas continúan siendo arquitecturas irrelevantes y escasamente significativas para la ciudadanía y la herencia patrimonial de la ciudad. Aún estamos a tiempo de que el estado de uso, conservación y consideración ciudadana del valor de estas arquitecturas racionalistas no entierren definitivamente los mejores ejemplos que conservamos en Zamora de esta arquitectura en verdadero peligro de extinción.

Rafael Ángel García Lozano
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 16 de enero de 2007

 

 
 
 
Volver
Subir