| |
|
Hace unos días tuve la paciencia de ver y escuchar
parte del discurso que el presidente Bush dirigió
sobre el “Estado de la Unión” al Congreso
de los Estados Unidos. Nada más entrar el presidente
en la Cámara, la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi,
hace el siguiente llamamiento: “Miembros del Congreso,
tengo el alto privilegio y el gran honor de presentarles
al Presidente de los Estados Unidos de América”.
Todo el Congreso se pone en pie y aplaude con entusiasmo.
El presidente agradece la bienvenida y tiene unas palabras
amables por el hecho de ser una mujer la que presida en
estos momentos el Congreso de los EE.UU. Hay un respeto
institucional y un respeto con un presidente elegido por
el pueblo norteamericano. Esa imagen y esas palabras de
cortesía entre contrincantes políticos, que
posteriormente defenderán sus propias propuestas,
me trasladó a la situación española,
tan lamentable tanto en estilo como en formas. El nivel
de bajeza que estamos viendo estos días, donde el
líder de la oposición se mofa del presidente
del Gobierno, con comentarios públicos de que para
ser presidente se debería necesitar algo más
que ser mayor de 18 años y español, rápidamente
ha permitido a otros miembros del Partido Popular insultarle
sin ningún recato; lo soez se copia rápidamente
por los mediocres, siempre ha ocurrido así. Reconozco
que me siento avergonzado. Ya empezamos a poner el insulto
por delante del razonamiento y del debate. 
La mentira y el insulto se están imponiendo en la
vida política española y se está mimetizando
en todos los niveles de nuestra sociedad. En nuestros medios
de comunicación, aquí en Zamora, estamos viendo
todas las semanas como hay especialistas del insulto; cómo
reflejan su rabia hacia el presidente de la Nación
con descalificaciones personales, que más parece
que proceden de odios internos que de desacuerdos con sus
políticas, que tienen todo el derecho a discrepar
y a criticar. En mi vida jamás había presenciado
la radicalidad y partición que está apareciendo
en nuestra sociedad, siempre emponzoñada por la política.
La situación está llegando incluso a nivel
de amigos, donde parece que ciertos temas no se pueden discutir
con tranquilidad, manifestando cada uno su punto de vista
y argumentos sin caer rápidamente en la confrontación
y descalificación. Ese camino nos lleva a sacar lo
peor que tenemos dentro y a matar la amistad.
¿Ha sido siempre así o tiene un origen? Personalmente
creo que este clima se inició con el terrible atentado
terrorista del 11 de marzo de 2004 y la consiguiente pérdida
de las Elecciones Generales por parte del Partido Popular
días más tarde. Existen explicaciones para
todos los gustos pero ese acontecimiento creó una
quiebra social y política que aún no hemos
superado. Se podría haber conseguido volver a la
normalidad con facilidad pero la actitud de los dos grandes
partidos y su incapacidad la ha ido consolidando y agrandando.
En resumidas cuentas, que los terroristas jihadistas consiguieron
su objetivo con el apoyo posterior de los partidos políticos
españoles ¡Manda huevos, como diría
el ex ministro Federico Trillo!
Esta división entre los dos grandes partidos está,
además, poniendo en peligro la correcta administración
del Estado porque basta que el partido que gobierna, con
los apoyos pertinentes, apruebe Leyes, de cualquier tipo,
validadas legítimamente en las dos Cámaras
Españolas para que sean después las Autonomías
del principal partido de la oposición quienes empiezan
a poner problemas, con modificaciones a la contra o con
falta de compromiso para desarrollarlas o aplicarlas en
sus Comunidades respectivas. Los ejemplos están a
la vista de todos: Ley Antitabaco, Ley de Dependencia, etc.
Con todo ello, se está incrementando la posición
de Virreinato, bastante ridícula, que van mostrando
las Autonomías y sus respectivos gobernantes, desde
el presidente de la Comunidad a los consejeros respectivos.
Ya se creen presidentes de Gobierno o ministros del Estado.
Muestran unos talantes y unas prepotencias de países
bananeros. Tratan de imitar, exageradamente, los atributos
propios del poder, pero ¡a qué coste! Ya no
hay niveles, todo se confunde.
La verdad que soy incapaz de saber a donde vamos a llegar
por este camino, ya que esta situación no va a cambiar
hasta que se celebren las próximas Elecciones Generales.
Si las pierde el Partido Popular, habrá recibido
un mensaje claro de la sociedad española, de rechazo
a sus políticas de continua confrontación
y ya no podrá decir que se las ha robado el partido
socialista por un hecho extraordinario. Si las gana con
mayoría suficiente, ya que las alianzas podrían
hacer que aún ganando no gobierne, como le ha pasado
a CIU en Cataluña, tendrá que cambiar por
obligación de estilo y entrar en una senda más
responsable. Mientras, amigos, lo vamos a tener crudo.
Antonio
Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora,
29 de enero de 2007
|
|