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Si empezamos por aceptar que las perspectivas para nuestra
ciudad y provincia no son muy boyantes y que, desgraciadamente,
estamos a la cola en el desarrollo de la región,
no podemos dejar de ver con inquietud la forma en que evoluciona
nuestra ciudad, presa de la casi única actividad
productiva como es la promoción de viviendas. Nuestras
autoridades tratan de compensar estos lastres con actuaciones
de relumbrón, pues así pueden llamarse, porque
aún siendo algunas de estricta necesidad, otras buscan
un efecto de magnificencia por los medios empleados y que
vengan a levantar el ánimo decaído del personal.
Para ello se ha contado con los profesionales más
prestigiosos del país, que se han distinguido por
su historial con realizaciones dignas de figurar en los
tratados de Arte. Incluso el ingeniero encargado de realizar
el proyecto del nuevo puente sobre el Duero es, desde el
mes pasado, académico de Bellas Artes y sus obras
rebasan lo que pueda ser considerado como de mera calidad
técnica y de alcanzar la categoría de verdadero
creador de formas. Lo que me sumerge en un mar de confusiones
es que en el proyecto propuesto para el puente sobre el
Duero parece que se olvida de todos sus recursos creativos
y nos brinda una solución que es como un “clon”
del puente de piedra medieval, lo cual no entiendo como
puede satisfacer a nadie. A mí personalmente me duele
que este señor nos prive de su arte y pretenda contentarnos
con un “refrito”, que es más propio de
un decorado de cine, para una película de ambiente
folklórico de los años cincuenta.
También es frustrante que los otros proyectos encargados
a figuras profesionales de la arquitectura, participan de
situaciones que no tienen un resultado satisfactorio: el
edificio institucional para el Consejo Consultivo, proyectado
por Campo Baeza, parece que no quiere crear problemas de
relación visual con la ciudad, pues se enclaustra
entre cuatro paredes casi ciegas, vertiendo toda su actividad
a un patio interior. Parece como si se hubiese hecho la
reflexión al hermetismo de los conventos pretéritos
- que son un problema de cara a la revitalización
de la zona antigua - vamos a cargar la suerte con otra variante
de edificio tan mudo como ellos. ¿Qué idea
se ha desarrollado en la mente del arquitecto para que haya
sacado en consecuencia de que la inactividad actual está
llamada a ser eterna y que cualquier dinámica que
pudiese generarse dentro del nuevo edificio, no debería
traspasar sus paredes?
En el caso del Castillo estamos en algo muy parecido, pues
ahí Moneo, autor del proyecto del nuevo museo de
Lobo, se ha esforzado por ocultar cualquier traza externa
del nuevo edificio para no alterar el perfil de la fortificación,
que dicho sea de paso, según Gómez Moreno,
es “de nulo valor arquitectónico”. Y
es que el denominado Castillo es en realidad un baluarte
más de la muralla y, por tanto, no se puede convertir
en el elemento dominante sobre todo contenido arquitectónico
y, máxime, conociendo que el primitivo alcázar
era como una torre vigía que sobresalía sobre
los muros que la rodeaban.
Bajo estas premisas, todo rastro del nuevo edificio se ha
quedado inédito y se ha perdido la ocasión
para descargar al sedicente Castillo de sus connotaciones
bélicas. Vuelvo a sentir otra decepción más
porque, el mismo Moneo, en un trance tan importante como
es la ampliación del Museo del Prado, ha defendido
a capa y espada una propuesta audaz en su proyecto, que
va a integrarse con la arquitectura neoclásica original.
¿Qué aires respiran en nuestra ciudad estos
profesionales, que podrían resistir la comparación
de ser unos verdaderos tigres en la selva del Arte, como
para que de repente se conviertan en sumisos gatos? ¿O
es que ellos piensan que están dando la respuesta
más adecuada para la opinión pública
de la ciudad? Tal inmovilismo estaría privando a
nuestra ciudad de obras que podrían actuar como sacudidas
para la renovación urbana, a través de una
arquitectura que demuestra, sin cortapisas, ser de nuestro
tiempo.
Tal vez no hemos sabido poner sobre la mesa unas exigencias
que estuviesen a la altura de su valía personal.
Lo que no van a hacer ellos es sacarnos de nuestros errores.
Antonio
Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora,
30 de enero de 2007
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