| |
|
Nuestra
muralla, la de Zamora, ha ido ganando notable relevancia
y consideración entre la ciudadanía en los
últimos años, aunque la historia y el Romancero
siempre han dejado bien clara constancia de su entidad.
Pero ya sabemos que por estos pagos se nos da muy bien eso
de infravalorarnos, y desconocer y, en consecuencia, no
valorar nuestros recursos y posibilidades. Así nos
va. (Solución: empiecen por conocer nuestra historia).
La labor de estudio e investigación de los historiadores
y arquitectos, los trabajos de los gobiernos de distintas
administraciones, la función divulgadora de los medios
de comunicación y las políticas de liberación
de la muralla se han sumado para dar con este logro que
es de todos. Poco a poco la muralla recupera su esplendor
tras años de olvido en las traseras de los patios
y corrales de las casas que le fueron a adosadas a lo largo
del tiempo.
Ahora bien, hoy, en 2007, estamos consintiendo, pocos metros
más allá, lo mismo que queremos evitar. Y
es que la mayoría de los últimos edificios
levantados frente a la muralla rebasan, y con mucho, la
cota máxima de ésta en los respectivos lugares.
Edificios ahora mismo en avanzada construcción como
el número 18 de la Avenida de la Feria (antiguo almacén
de Álvaro de Castro), con cinco plantas, o los números
9 y 11 de la Ronda de la Feria (antiguas cocheras del parque
móvil del ministerio), también con cinco plantas,
se suman al solar que en estos días comienza a cimentarse
en la Calle de la Vega 6, frente a San Martín de
Abajo, que vaticina un despropósito parecido. Todos
ellos, con su excesiva altura, ocultan la muralla, la tapan,
le ponen un auténtico corsé. Precisamente
lo que en una acera supone favores bancarios y millones
al Ayuntamiento (a todos los zamoranos), justo en la otra
acera de la calle se tolera y consiente sin problema alguno.
No nos valió con arrasar los niveles originales del
terreno, prácticamente enterrando la iglesia de los
Remedios o la ermita de la Vega, y ahora, con más
sensibilidad, no caemos en la cuenta de que estamos asfixiando
la muralla. Lamentablemente se repite la historia ya acontecida
a mediados de los noventa en las huertas de Puerta Nueva.
Entonces perdimos la oportunidad de un magnífico
parque urbano respetuoso con la muralla, que en su interior
podría haber acogido sin problema alguno el centro
de salud. Con los edificios que allí se permitieron
construir, de más de siete alturas, simplemente conseguimos
poner una muralla a la muralla.
Está claro que las edificaciones que se construyen
en estos espacios de ronda necesariamente tienen que ser
respetuosas con la muralla que tienen enfrente, aquí
y en todos los lugares del mundo. Es de sentido común,
y principio básico de intervención en el entorno
del patrimonio histórico. Nos sirven de buen antecedente
las casas de dos alturas construidas en la finca de Las
Vegas. En Olivares y el tramo Norte de la muralla quedan
aún viejas casas bajas que serán futuros edificios.
Solo de quienes nos gobiernan y gestionan nuestra ciudad
y el PGOU es la responsabilidad de romper el corsé
que ya oprime a nuestra muralla.
Rafael Ángel García Lozano
|
|