LAS DOS CIUDADES
 
 

 

En un cuento de Italo Calvino, los habitantes de una ciudad hablan de ella, pero no se dan cuenta de que lo que hay realmente no tiene nada que ver con su recuerdo. Y aunque quisieran separar la memoria de las dos ciudades que hay en realidad, no pueden hablar sino de una porque la falta de palabras les impide fijar la memoria de la otra.
Aquí también reconocemos las dos ciudades, pero pesar de todo no podemos abandonar el empeño de hacer visibles estas áreas que se resisten a nuestra memoria y ,desapasionadamente, tratar de reducir a conceptos estas porciones de ciudad que parece que se nos resisten a ser descritas, retorcidas entre los barrotes de las palabras.
Al mismo tiempo, no podemos dejar de acercarnos y tratar de entender la ley no escrita sobre la ciudad histórica, como proyecto que ha madurado a lo largo de siglos. No limitarse a una teorización sobre los elementos esenciales sobre los que se sustenta la personalidad de la ciudad, pues es urgente poder considerar lo fundamental en la ciudad consolidada y aislar los elementos que se han adherido con posterioridad, y que han intervenido en su crecimiento, y anticipar los derroteros que nos acerquen a su futuro.
Pues, ya sea dentro de la ciudad como desde cualquiera de los balcones que dominan el paisaje, o desde fuera de ella, en cualquier aproximación de llegada, la sensación que se siente al contemplarla es una mezcla de desorientación, extrañeza y decepción por el cambio tan negativo que ha experimentado tanto el conjunto de la ciudad, como el del paisaje que la rodea, en estos cinco últimos años: conjuntos de edificaciones que no pueden ser considerados como barrios, invaden las recién abandonadas tierras de labor o de arbolado, sin mediación alguna de tipo urbanístico que atempere los agudos contrastes entre ciudad y naturaleza. En la cartografía de urbanismo de la ciudad, se ven como han proliferado conjuntos de urbanizaciones compuestas de bloques de fuerte volumetría, aislados, sin una especial disposición para lograr el acuerdo y la continuidad propios que organicen la trama del tejido urbano. Generalmente, los conjuntos se componen de bloques que se repiten, con tipos de viviendas de programas de patrón exclusivo. Los espacios libres se repiten igual a sí mismos, sin llegar a formar calles. Todo tiene un carácter de seriación, de cosa ya vista y de soporte precario para una vida plana, en cuanto a la falta de los elementos espaciales y equipamientos que completen las actividades públicas del barrio. Son crecimientos que tienen todos ellos unos caracteres autónomos, indiferentes al medio y carentes de un trazado coherente con el tejido urbano inmediato. Evidencian el contraste, con lo que fue práctica corriente en nuestra ciudad hasta la mitad del siglo pasado, en que se produjeron los ensanches, de forma análoga todas las ciudades españolas y que buscaban racionalizar las tramas tradicionales, adaptándolas a las nuevas necesidades que demandaban los ciudadanos. Todo ha cambiado a consecuencia del acoso inmobiliario que sufrieron las ciudades y así, desde los años 70 del pasado siglo, se decretó la libertad para que el bloque lineal de edificación se impusiera como fórmula universal, con vistas a obtener el máximo rendimiento. Como resultado, se ha llegado a la actual situación, en la que ya se nos ha hecho imposible poder hacer la descripción de la ciudad, una vez que se ha perdido el rastro de cualquier forma urbana.
Esta falta de variedad en los tipos de edificación se ha completado con la intercambiabilidad con los usos y a las edificabilidades y así vemos que un estadio de fútbol se puede intercambiar en el mismo polígono, con un bloque de viviendas, y al lado de las viviendas se permita construir unas naves industriales. Las edificabilidades, aunque correspondan a edificaciones de extrarradio, intentan igualarse con las propias del núcleo más denso del centro de la ciudad, cuando lo lógico sería que la menor incidencia del precio del suelo se tradujese en unas mejoras de tipo ambiental para los usuarios y una menor presión sobre el núcleo central. Esta falta de matización que es patente en el desarrollo actual de la ciudad, que ignora los múltiples factores que deben dar fe de su complejidad y que anulan todo significado, se traslada a la consideración del medio natural. Con esto quiero esto decir que el medio, a partir de ahora, es un material más del que se compone el producto vivienda y que sometido a los sucesivos rodillos de la especulación y el planeamiento quedará sin significado alguno. Así hemos visto que espacios geográficos fuertemente caracterizados, ya sea por su valor paisajístico o por su posición en el conjunto de la ciudad, son entregados al mercado para satisfacción de necesidades municipales inmediatas o simplemente para realizarse como valor especulativo. Este destrozo de enclaves naturales, que tenían una potencialidad importante para el conjunto de la ciudad, se produce una y otra vez. Ahora es preocupante el destino que vaya a tener la franja que corre paralela al río y que llega hasta la Aldehuela. En la actualidad, todos los propietarios de las parcelas que lo componen cuentan con su convenio, que les adjudica la edificabilidad y las zonas libres. Pero para que esta zona privilegiada, que encierra tantas posibilidades para albergar un posible barrio, sea una verdadera alternativa a la ciudad existente, es decir, con unas características de centralidad que permitan una vida placentera y total a sus ciudadanos, tendría, por fuerza, que surgir de una acción mas decidida del Ayuntamiento frente a los diversos propietarios de terrenos o promotores ¿Cómo se garantizará que de un mosaico de edificaciones surgidas de cada parcela particular pueda llegar a ser percibido y sentido como barrio unitario y que las dotaciones y espacios libres del barrio puedan ser compartidos, y no fraccionados, para no tener que acudir a los espacios centrales de la ciudad y de que la forma de sus espacios libres se concrete en plazas, parques, una calle comercial, un mercado, etc., que son básicas para las actividades públicas del barrio y de que, además, cuente con equipamientos como colegios, guarderías, centro social ,etc. ?
Habrá que afinar en la gestión urbanística si queremos responder a una ciudadanía, cada vez más ajena a la vida de la “polis”, y a su vez, implicarla en ella. La actual gestión municipal está reducida al mínimo, las figuras que el planeamiento marca eluden el desarrollo de Planes Parciales, que obligarían a una gestión más compleja pero garantizarían la cohesión del futuro barrio. La actual gestión está protagonizada por los promotores inmobiliarios y el papel de los ciudadanos es el de se verse reducidos a la condición de meros consumidores.
Fiel a esta concepción del suelo, indiferente a sus atributos naturales, de su geografía o de la relación con su entorno edificado, el Ayuntamiento, a través del Plan, continúa salpicando con nuevos enclaves edificatorios los cuatro cuadrantes cardinales del entorno de la ciudad. No aspiran a llenar los huecos de discontinuidad producidos por las anteriores promociones inmobiliarias, ni sabemos a qué ocupantes irán destinadas, dado el actual stock de viviendas vacías, a las que se añadirán las que están actualmente en construcción.
Estas nuevas islas de edificación aparecen en el plano como acampadas a la espera del asalto a la ciudad. Aparecen en el Alto de los Llanos, por la carretera de Carrascal, a las orillas del río, por el camino de Almaraz, rodeando el bosque de Valorio, al sur y oeste del Cementerio. Nada menos que 1.750.000 m2 comprometidos en el Plan recientemente aprobado,
Y lo peor es que ya conocemos el modelo con que se va a producir el crecimiento, unido al que ya será inevitable en zonas en donde se han cerrado convenios y que tienen el planeamiento aprobado. En ningún caso, van a poder llegar a tener la categoría de ser una alternativa válida de ciudad; serán una vez más , extensiones inconexas de ella ,en que por su carencia de forma nos faltarán las palabras que nos las puedan explicar y que no podrán llegar a albergar jamás en memoria alguna.
Acabemos con esta pesadilla y paremos el Plan que nos va a llevar a que nuestras vidas, y hasta las de nuestros nietos, queden hipotecadas para el resto del siglo.

ANTONIO VILORIA
FORO CIUDADANO DE ZAMORA

 
 
 
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