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Aprovechando el éxtasis colectivo de la Semana Santa
en nuestra ciudad, donde lo cotidiano se pone entre paréntesis,
y para que el acontecimiento no causara demasiado protagonismo
y revuelo por lo negativo, el Sistema de Salud de la Junta
de Castilla y León inauguraba el Lunes Santo, 2 de
abril de 2007, las obras del Hospital Virgen de la Concha.
¡Por fin!. Inauguración, sí, pero ciertamente
sui generis, porque sabemos que queda aún tiempo
para que las obras concluyan definitivamente.
Está
de más exponer aquí todo el proceso desde
que comenzaron las obras en 1999, pero ese es precisamente
uno de los grandes males que ha arrastrado consigo la intervención
en el hospital. Resulta increíble pensar cómo
un hospital en plena actividad haya podido estar ocho años
haciendo equilibrios para evitar funcionar a medio gas,
soportando ruidos, escombros e interminables obras durante
tanto tiempo. Pero más increíble aún
resulta pensar lo nefasto del resultado final, y no en la
realización material concreta, sino en lo referente
a la inversión. Y es que finalmente el presupuesto
se ha disparado un 50 % más de lo convenido inicialmente.
Y ello en sí mismo no es malo sino todo lo contrario;
precisamente es inversión lo que nos hace falta en
Zamora. Pero claro, se debe considerar el montante económico
total desde los orígenes del proyecto, y con él
barajar opciones y posibilidades. De contar con ello desde
el principio quizá el proyecto podría haber
sido más ambicioso. Hemos perdido una oportunidad,
una más a las que tan indiferentemente acostumbrados
estamos por estas tierras, de exigir un nuevo hospital en
un nuevo emplazamiento y además la rehabilitación
del Virgen de la Concha. Habríamos ganado un nuevo
equipamiento a la altura de las necesidades, y a la vez
podríamos haber destinado el Clínico restaurado
a consultas, oficinas, e incluso alguna de las áreas
de medicina externa, o bien algo parecido a una residencia.
Vemos que el definitivo resultado de inversiones lo hubiera
hecho posible. Dos por el precio de uno.
Cambiando de escenario debemos estar alerta, porque las
últimas noticias sobre la rehabilitación del
teatro Ramos Carrión van apuntando hacia los mismos
derroteros. Aprobado el proyecto ganador del concurso de
ideas en 1996, más de una década después
solamente somos testigos del derribo parcial del teatro
acometido hasta ahora. Y todo parece apuntar que el sobrecoste
del modificado del proyecto, incrementado en casi un 64%,
vaya a parar la obra, o al menos prolongarla indefinidamente.
El incremento de costes ya hace planear la sombra de la
indefinición. Incluso algunos ya se atreven a aventurar
un cambio en los planes originales de uso del teatro. Los
parecidos con lo acontecido en el Virgen de la Concha son
preocupantes. ¿Vamos a tener también Ramos
Carrión para rato, y con sobrecoste incluido?
Rafael
Ángel García Lozano
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