Chalé en La Avenida
 
 

 

Era demasiado tentador un chalé en pleno centro de Zamora, en el parque de la Marina. Y más tentador aún cuando éste se encontraba deshabitado y necesitado de unas cuantas reformas. Lamentablemente al final la piqueta, el desinterés general por nuestra arquitectura, su falta de valoración y el afán urbanizador han derribado el chalé número tres de la Avenida del Príncipe de Asturias. En el mundo al revés hoy todos estarán contentos.

Surgió este chalé como tantos otros cuando Zamora quiso rebasar su cerco y crear un ensanche más allá de las murallas. La antigua Glorieta se transformó en Avenida de Requejo y entre finales del siglo XIX y los primeros treinta años del siglo XX el ensanche se pobló de villas (chalé, jardín y construcciones auxiliares) que articularon el trazado urbano, hoy consolidado, del Este de nuestra ciudad. Si bien su arquitectura no era espectacular, esta villa sí constituía en la actualidad prácticamente el último testimonio de vivienda unifamiliar de nuestro ensanche. Hoy pocas de estas edificaciones perviven, apenas el número 11 de la calle Pablo Morillo, el edificio Peña (Príncipe de Asturias 11), las viviendas Martín (Avenida de Requejo 7), la vivienda Velasco (Tres Cruces 18)... y poco más. ¡Y están pidiendo a gritos respeto! Probablemente todas las villas urbanas y chalets derruidos en Zamora en los años 50 y 60 puedan justificarse desde el afán desarrollista de aquellos años y sobre todo desde la falta de sensibilidad y criterios de protección arquitectónicos y urbanos. Pero seguramente el desmantelamiento del chalé que nos ocupa, como los derribados hace diez años en Príncipe de Asturias 7 o en la Avenida de Portugal 13, no tenga demasiada justificación.

Lejos de cualquier atisbo de arqueologicismo arquitectónico en Zamora, resulta lamentable el derribo de este chalé, por cierto, incomprensiblemente fuera del catálogo de elementos protegidos tanto del anterior PGOU como de su actual revisión. ¡Y curiosamente pretendemos poner en valor la arquitectura modernista y racionalista de nuestra ciudad...! Lo único que nos queda es que la nueva obra que lo sustituya sea lo suficientemente digna y bella como para llegar a dar razón de este derribo.


Rafael Ángel García
Zamora, 21 de abril de 2007

 
 
 
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