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Nunca había leído
en este periódico una sátira contra nadie
acompañada de la foto, grande, hermosa, central,
del satirizado; ocupando tan buen espacio y página.
No hace mucho Macias, buen caballero
andante, en defensa de la dama, se metió con el Concejal
Soriano; el Municipal portavoz pepero, le llamó demagogo
a Guarido porque pretendía austeridad en el gasto
político y rebaja de sueldos. (¡Ay Miguel Ángel!
¡cómo nos defrauda tu apoyo implícito
a los 63.000 eurazos de la Valdeón y los pocos menos
a los siguientes!). En otra ocasión Carmen Ferreras
le dio caña al matrimonio Guarido, Laura.
Siempre en todos el sobado procedimiento
de atacar al argumentador, en lugar de a los argumentos,
la ofensa a la persona (en estos casos con futilidades:
el desaliño de Soriano, las sandalias, los polos
de Zara) cuando no se puede hacerlo a sus razones. Viejo
y totalitario procedimiento que conozco por haberlo padecido:
contra la razón la descalificación personal,
mediante la chanza, la difamación o, en mi caso,
el insulto que, además aquí, lo hacen mediante
anónimos.
En su “jocoso” e
ingenioso artículo (¡bueno!: lo de posible
carencia de sello en la carta de San Pablo es gracieta que
no viene a cuento) , “La Prédica de Molina”,
lo que usted pretende es menospreciar a éste, el
payasete que promete, que nos va a hacer reír en
la “Dipu”. ¿Recuerda usted cuando la
ominosa censura a Antolín, el hombre que quiso regenerar
y le traicionaron sus fieles coaccionados por Valladolid,
que sí ha pagado a algún traidor?. Podría
releer el discurso de Molina. Fue serio, acusador, profundo,
riguroso. Intentar satirizar el intelecto de un digno Profesor,
creo el más culto de todos los diputados, en una
Corporación de tan bajo nivel cultural, es sospechoso.
¿No será que la
ancestral y caciquil oligarquía de la anquilosada
provincia teme la rebelión cívica de la quijotesca
“trinidad” IU?.
No es Fátima ni Lourdes
su aumento de votos jóvenes e ilustrados. Es su oposición
constructiva, el habérselo currado, el destapar irregularidades
con europeas sentencias favorables, sus propuestas de austeridad,
de honradez, de trasparencia. Sí, en cambio, puede
ser el “Santo Oficio” la persistencia de los
“conserva-duros”.
No sé si Molina será
ateo, pero sí le aseguro que la coherencia vital
de estos izquierdistas, su ética, sintoniza mucho
más con el Evangelio Cristiano que las oficiales
y falsas ceremonias religiosas organizadas por algunos Curas
y la derecha, como los esperpentos “marianos”
de mi pueblo.
A.
MODROÑO ALONSO
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