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Una vez que se interpreta
la ciudad a partir del papel que juegan las zonas de centralidad,
bien sean las que han decaído o las que puedan proponerse
para una eventual reestructuración en el futuro y,
convencidos de su función dinamizadora, habría
que detenerse en el análisis del papel que tuvieron
estos focos urbanos en el pasado y las razones por las que
fueron perdiendo vigencia, con el consiguiente efecto desvitalizador
sobre sus zonas de influencia, como ha sido especialmente
notable en el casco mas antiguo. Efecto acelerado en los
últimos años, debido al “boom”
inmobiliario, en que se ha multiplicado la oferta de viviendas
y, que por estar más ajustada a los estándares
actuales, las zonas de la ciudad mejor atendidas en cuanto
a dotaciones y servicios, es lo que ha llevado a la situación
de despoblación actual. Mientras que las viviendas
del casco antiguo se quedaban obsoletas en sus programas
y acusaban la deficiencia de sus edificaciones, se han añadido
la falta de equipamientos y de una adecuada modulación
de los espacios públicos de convivencia, lo que ha
venido a sumir a los barrios de este viejo casco en una
especie de limbo, que aunque conserven una fuerte carga
simbólica y de representación, no reúnen
las condiciones suficientes para que cumplan las funciones
con la autonomía propia de barrio y, también,
de la falta de apropiación del espacio a sus moradores,
que se sienten alejados de las actividades económicas
o sociales de la ciudad. Paradójicamente, el resto
de la ciudad identifica a estos barrios como propios porque
son los que han conservado la huella histórica de
la ciudad, así que en las festividades importantes
se producen una verdadera invasión por parte del
resto de la población. 
Si hacemos un rápido repaso a la forma en que históricamente
se produce el crecimiento de la ciudad, ésta se desarrolla
alrededor de un eje SO-NE. El núcleo inicial crece
apretado alrededor del Castillo y de la Catedral a lo largo
de la Alta Edad Media; en la época de los Reyes Católicos,
el nuevo edificio de Ayuntamiento da lugar al primer espacio
cívico del mercado y para concentraciones de ciudadanos,
posteriormente, se formalizará la Plaza Mayor. A
finales del siglo XIX, la ciudad se expande fuera de la
murallas y crea un polo, que no acaba por cancelar la importancia
de la Plaza Mayor, pero sí se crea un espacio público,
lugar de encuentro de los buenos burgueses, en este justo
salón, propio de la época, que fue la Avenida
de Requejo. Esta dualidad, daba paso a una nueva centralidad
de tipo lineal, que se manifestaba en el eje comercial de
la ciudad, que era la calle de Santa Clara. Este esquema
ha funcionado hasta finales del siglo pasado pero se ha
debilitado, acompañando al declive de los grandes
comercios que hacían de la capital un centro comercial
de artículos de calidad, para gran parte de la provincia.
El desarrollo de estos centros urbanos a lo largo de la
Historia se ha propiciado con el protagonismo de segmentos
distintos de la sociedad. En la Edad Media: la nobleza y
la Iglesia. En la Edad Moderna, los Reyes y en la Edad Contemporánea,
la burguesía ¿A quién le corresponde
el relevo en la situación actual? Lo que ha sucedido
en los países de nuestro entorno puede darnos idea
de la forma en que se podrá ejecutar la renovación
o revitalización de nuestra vieja ciudad. Este solo
será posible con la intervención decidida
de las entidades públicas, de Ayuntamientos y Gobiernos
autonómicos, a través de medidas de financiación
y de apoyo fiscal. Esto implica cambiar el modelo de gestión
pasiva en que la Administración, principalmente,
organiza el Plan sobre normas escritas; por otro, en que
se preste más atención a su carácter
crítico para dar lugar a propuestas que pongan en
juego recursos ocultos que guarda la ciudad y más
volcado en una gestión continuada, que cree las soluciones
que vayan enriqueciendo los futuros planes, esto debe hacer
realidad las aportaciones y conocimiento de los ciudadanos.
También habrá que contar con el concurso de
la iniciativa privada, con sus medios técnicos y
financieros, porque la ciudad antigua deberá volver
a ser un bien codiciado, por reunir las comodidades de la
ciudad moderna, con la calidad de su medio ambiente. Y se
da por supuesto que será necesario contar con el
apoyo de la opinión pública, para lo cual
se tendrán que multiplicar las explicaciones sobre
las que se basen las actuaciones y proyectos de los objetivos
y resultados buscados, que alumbren una vieja ciudad renovada,
que sin perder sus señas históricas, se incorpore
a la multiplicidad de las actividades, a la vida de la ciudad.
La configuración de estas zonas de centralidad vendría
a ser como los ganglios del cuerpo humano, centros de gravedad
de las actividades en la parte de espacio inmediata. Esta
configuración se completaría con redes de
conexión y de equilibrio del conjunto, en los itinerarios
generados, recorridos peatonales que unirían los
citados centros, algunos que ya existen, y otros que habría
que descubrir, ocultos en el interior del tejido residencial.
Entre lo mas significativo de esta red, se encontrarían
los itinerarios que se desarrollan actualmente a lo largo
de las murallas. Estas redes, juntamente con los nuevos
espacios que alumbren las unidades de centralidad mediante
un diseño adecuado, vendrían a ser un componente
característico de la arquitectura de la vieja ciudad.
En resumen, en este esquema sumariamente descrito se propone
un modelo de ordenación para la ciudad antigua, que
se fragmentaría en dos grandes apartados: el de las
normas para las respectivas zonas homogéneas de tejido
residencial y los que vendrían a ser el acompañamiento,
los protagonistas en la escena urbana, las zonas que tendrían
los caracteres propios de la centralidad. Estas zonas diseñadas
detalladamente, se desarrollarían mediante planes
específicos, como son los Planes de Rehabilitación
Integrada, Especiales y otros que quedarían integrados
en el Plan del Casco Antiguo.
Antonio
Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 6 de noviembre de 2007
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