UNA CIUDAD-OBJETO: LA CIUDAD ANTIGUA (II)
 
 

 

      Una vez que se interpreta la ciudad a partir del papel que juegan las zonas de centralidad, bien sean las que han decaído o las que puedan proponerse para una eventual reestructuración en el futuro y, convencidos de su función dinamizadora, habría que detenerse en el análisis del papel que tuvieron estos focos urbanos en el pasado y las razones por las que fueron perdiendo vigencia, con el consiguiente efecto desvitalizador sobre sus zonas de influencia, como ha sido especialmente notable en el casco mas antiguo. Efecto acelerado en los últimos años, debido al “boom” inmobiliario, en que se ha multiplicado la oferta de viviendas y, que por estar más ajustada a los estándares actuales, las zonas de la ciudad mejor atendidas en cuanto a dotaciones y servicios, es lo que ha llevado a la situación de despoblación actual. Mientras que las viviendas del casco antiguo se quedaban obsoletas en sus programas y acusaban la deficiencia de sus edificaciones, se han añadido la falta de equipamientos y de una adecuada modulación de los espacios públicos de convivencia, lo que ha venido a sumir a los barrios de este viejo casco en una especie de limbo, que aunque conserven una fuerte carga simbólica y de representación, no reúnen las condiciones suficientes para que cumplan las funciones con la autonomía propia de barrio y, también, de la falta de apropiación del espacio a sus moradores, que se sienten alejados de las actividades económicas o sociales de la ciudad. Paradójicamente, el resto de la ciudad identifica a estos barrios como propios porque son los que han conservado la huella histórica de la ciudad, así que en las festividades importantes se producen una verdadera invasión por parte del resto de la población.
Si hacemos un rápido repaso a la forma en que históricamente se produce el crecimiento de la ciudad, ésta se desarrolla alrededor de un eje SO-NE. El núcleo inicial crece apretado alrededor del Castillo y de la Catedral a lo largo de la Alta Edad Media; en la época de los Reyes Católicos, el nuevo edificio de Ayuntamiento da lugar al primer espacio cívico del mercado y para concentraciones de ciudadanos, posteriormente, se formalizará la Plaza Mayor. A finales del siglo XIX, la ciudad se expande fuera de la murallas y crea un polo, que no acaba por cancelar la importancia de la Plaza Mayor, pero sí se crea un espacio público, lugar de encuentro de los buenos burgueses, en este justo salón, propio de la época, que fue la Avenida de Requejo. Esta dualidad, daba paso a una nueva centralidad de tipo lineal, que se manifestaba en el eje comercial de la ciudad, que era la calle de Santa Clara. Este esquema ha funcionado hasta finales del siglo pasado pero se ha debilitado, acompañando al declive de los grandes comercios que hacían de la capital un centro comercial de artículos de calidad, para gran parte de la provincia.
El desarrollo de estos centros urbanos a lo largo de la Historia se ha propiciado con el protagonismo de segmentos distintos de la sociedad. En la Edad Media: la nobleza y la Iglesia. En la Edad Moderna, los Reyes y en la Edad Contemporánea, la burguesía ¿A quién le corresponde el relevo en la situación actual? Lo que ha sucedido en los países de nuestro entorno puede darnos idea de la forma en que se podrá ejecutar la renovación o revitalización de nuestra vieja ciudad. Este solo será posible con la intervención decidida de las entidades públicas, de Ayuntamientos y Gobiernos autonómicos, a través de medidas de financiación y de apoyo fiscal. Esto implica cambiar el modelo de gestión pasiva en que la Administración, principalmente, organiza el Plan sobre normas escritas; por otro, en que se preste más atención a su carácter crítico para dar lugar a propuestas que pongan en juego recursos ocultos que guarda la ciudad y más volcado en una gestión continuada, que cree las soluciones que vayan enriqueciendo los futuros planes, esto debe hacer realidad las aportaciones y conocimiento de los ciudadanos. También habrá que contar con el concurso de la iniciativa privada, con sus medios técnicos y financieros, porque la ciudad antigua deberá volver a ser un bien codiciado, por reunir las comodidades de la ciudad moderna, con la calidad de su medio ambiente. Y se da por supuesto que será necesario contar con el apoyo de la opinión pública, para lo cual se tendrán que multiplicar las explicaciones sobre las que se basen las actuaciones y proyectos de los objetivos y resultados buscados, que alumbren una vieja ciudad renovada, que sin perder sus señas históricas, se incorpore a la multiplicidad de las actividades, a la vida de la ciudad.
La configuración de estas zonas de centralidad vendría a ser como los ganglios del cuerpo humano, centros de gravedad de las actividades en la parte de espacio inmediata. Esta configuración se completaría con redes de conexión y de equilibrio del conjunto, en los itinerarios generados, recorridos peatonales que unirían los citados centros, algunos que ya existen, y otros que habría que descubrir, ocultos en el interior del tejido residencial. Entre lo mas significativo de esta red, se encontrarían los itinerarios que se desarrollan actualmente a lo largo de las murallas. Estas redes, juntamente con los nuevos espacios que alumbren las unidades de centralidad mediante un diseño adecuado, vendrían a ser un componente característico de la arquitectura de la vieja ciudad.
En resumen, en este esquema sumariamente descrito se propone un modelo de ordenación para la ciudad antigua, que se fragmentaría en dos grandes apartados: el de las normas para las respectivas zonas homogéneas de tejido residencial y los que vendrían a ser el acompañamiento, los protagonistas en la escena urbana, las zonas que tendrían los caracteres propios de la centralidad. Estas zonas diseñadas detalladamente, se desarrollarían mediante planes específicos, como son los Planes de Rehabilitación Integrada, Especiales y otros que quedarían integrados en el Plan del Casco Antiguo.


Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 6 de noviembre de 2007


 
 
 
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