Una idea mayúscula
 
 

 

      No puedo ponderar suficientemente, por lo que encierra de carga conceptual, la idea que ha tenido un reconocido político en activo sobre cómo rendir el debido homenaje por parte de la ciudad a don Práxedes Mateo Sagasta, ingeniero y político, que nos abrió una vía de progreso a los zamoranos: la carretera a Madrid y más cosas en las que no me voy a detener. Se trataría de erigirle una estatua en un sitio emblemático de la ciudad. Todo esto me parece muy razonable; me queda una duda, porque no conozco en detalle las aportaciones a la ciudad del ilustre político de la Restauración, aparte de abrirnos la citada vía y de casarse con una señora de Puebla de Sanabria. Habría que asegurarse y medir la temperatura de la memoria colectiva de la ciudad, en lo que atañe a su adhesión al personaje, si le suena algo más que por la céntrica calle de nuestra ciudad.
Lo que ya me ha sumergido en un torrente de emociones diversas es que la estatua escogida existe ya, porque en realidad se trataría de hacer una copia de la original, que luce su figura en la ciudad donde nació, y es por tanto propiedad del Ayuntamiento de Logroño, el cual daría la autorización para hacer la copia y colocarla en nuestra ciudad. La verdad es que, en un primer momento, he sentido una herida en mi condición de orgullo de zamorano. No es que los riojanos sean unos soberbios, pues son de trato directo y amantes de los placeres y la amistad. Pero, por si acaso, a partir de ahora ya no discutiré con ellos de nada, ni siquiera de si los vinos de Toro son tan buenos como los de Rioja, no vaya a ser que me saquen a colación el tema de la copia.
Después de sopesar los pros y contras de la idea de la estatua, empezaron a desvanecerse las negras nubes que cerraban el horizonte y a surgir razones que venían a descubrir aspectos originales y hasta geniales en la idea. Pues, conectando con las ideas estéticas del presente actual, es a partir de la invención de la fotografía cuando la reproducción de la obra de arte se convierte en un fenómeno que es propio de la modernidad y de la cultura de masas. Esta condición y las nuevas formas estéticas de las artes plásticas, hicieron que la obra de arte perdiera el sentido de cosa excelsa, única y con ello de la denominada "aura", que las ensalzaba por encima de las realidades cotidianas. Ahora las obras de arte no desdeñan utilizar formas propias de la publicidad. Ahí tenemos a Warhol, artista norteamericano, quien multiplica en un mismo cuadro la imagen de Marilyn, con técnicas tipográficas ¡Algo insólito! Y también responde al mismo planteamiento la ocurrencia municipal de poner figuras de tamaño natural en las calles madrileñas, tales como la Violetera, El Barrendero, etc. El grado extremo de la banalización de la obra de arte se produce en las réplicas de origen artístico, que se incorporan a los múltiples objetos que decoran los hogares, tales como las Venus de Milo, con reloj empotrado, etc.
Con esta forma de hacer tan accesibles las obras de arte se refuerza su condición de mercancía, y así las figuras de los tribunos políticos se nos harán, en cierto modo, familiares.
Otra ventaja de la propuesta es que la copia no tiene que incomodar ni a sus propietarios, ni a sus herederos, eso sí, contando con un módico pago, en concepto de derechos de copia? ¡Habríamos llegado a poner al alcance de todos los municipios, aún los más deficitarios, productos garantizados de firmas ilustres que fuesen el remate del adorno de plazas o jardines, a módicos precios! La propagación de las copias en más ciudades borraría cualquier rastro de escrúpulo personal.
Para nuestra ciudad, este detalle ornamental y de representación pública vendría a ser la guinda de la empanada que es el Plan de Urbanismo, pendiente de aprobación, y que tantos ciudadanos rechazamos en su día.
Pero al final ¿se nos amargará la guinda, en caso de que el Plan sea aprobado? La suerte la tiene en sus manos usted, señor Mateos.


Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora


 
 
 
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