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El último informe
PISA 2006 -Programa Internacional de Evaluación de
Estudiantes- indica que España queda en un mediocre
puesto intermedio en competencia científica, donde
se evalúan los conocimientos, las capacidades y actitudes
de los alumnos de 15 años en relación a la
ciencia. La comunidad de Castilla y León, junto con
La Rioja, ha sacado la mejor nota en este apartado. Al parecer,
la larga tradición académica de la región
así como las pocas posibilidades de futuro que ofrece
a los jóvenes, hace que las familias concedan más
importancia a la educación de sus hijos. Esto ya
viene de antaño. Confiemos que los políticos
locales no saquen pecho por este dato, en parte ajeno a
otras directrices. Por otra parte, esta comunidad no ha
tenido en su historia un solo científico de talla
internacional. La verdad es que en este país, la
ciencia y la tecnología siempre han brillado por
su ausencia, a nivel histórico y eso se paga. Ya
se quejaba Ortega en 1908 de la baja cultura científica
y de lo difícil que era hacer Ciencia en España,
que hasta mediados del siglo XIX, con la gran figura de
Santiago Ramón y Cajal, y principalmente en el siglo
pasado, no pintaba nada en este terreno, cuando otros países
de Europa nos llevaban varios siglos de adelanto.
La clave de la situación actual de la Ciencia en
España la pone el catedrático de la Universidad
Autónoma de Madrid, José Manuel Sánchez
Ron: “El problema de la ciencia en España no
son los españoles: es España. Y dentro de
España, la falta de estructuras adecuadas".
En estos últimos años se ha avanzado mucho
pero aún tenemos trabajo por hacer, como por ejemplo:
incrementar el número de investigadores por cada
mil habitantes; dedicar más porcentaje del PIB a
investigación; que el sector privado se incorpore
de manera clara al proceso de Investigación y Desarrollo;
solucionar, de una vez por todas, la incorporación
de jóvenes científicos e investigadores formados
en el extranjero, tanto a la Universidad española
como a las empresas privadas. Respecto a las Universidades
españolas, la mayoría, y especialmente las
de esta Comunidad, se están mirando al ombligo de
sus propios intereses corporativos, intentado que los mediocres
sigan en sus puestos. No tienen ningún peso en la
investigación de calidad. En estos tiempos, donde
las referencias mediáticas construyen falsas personalidades
en muchos de nuestro jóvenes, la mayoría de
las veces marcando caminos vacíos y mediocres, el
poner en valor y resaltar a aquellos jóvenes científicos
que han triunfado en instituciones nacionales e internacionales,
y si son de esta comunidad mejor, podría servir como
referencia y ejemplo para muchos de nuestros universitarios
y estudiantes.
Antonio
Gallego
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