Buenas tardes y buena suerte (11-12-07)
 

 

      Siguen llegando cayucos a Canarias y otros muchos se quedan en el camino. El número de muertos conocidos en bastante menor de los que desconocemos. En las fotografías que nos ofrecen los medios de comunicación, lo más intenso que percibo son sus miradas. No veo sus cicatrices, sus desgarros, sólo sus miradas de seres humanos básicos. Esa mirada la hemos perdido los que vivimos en el mundo desarrollado. Hay que buscarlas en otros países: en África, en algunas zonas de Sudamérica, en la India. En lugares donde no tienen nada pero que, como todos nosotros, buscan un futuro para sus vidas. Son las miradas del hombre en sus orígenes, donde aún no se ha rodeado de cosas, de intereses, de objetivos, de caprichos, de mercado.
Las miradas de los que vivimos, como ellos dicen, en el primer mundo están turbias por la sospecha, la envidia, la desconfianza, la hipocresía. Siempre estamos en tensión por algo, siempre buscamos del otro algo y eso turbia nuestra mirada. Para estos inmigrantes, tenemos todo y sin embargo, a nosotros siempre nos sigue faltando algo, siempre estamos insatisfechos. Hay días que leyendo las noticias de lo que acontece en el mundo, tengo la impresión de que los dioses están de vacaciones, nos han dejado solos. En años recientes he visitado Mozambique y la India, países muy pobres, el primero con unos índices de SIDA altísimos. Esa mirada que ahora veo en los periódicos y en la TV era su mirada. Mirada siempre cariñosa, sonriente, algo tímida con el blanco, pero franca y abierta. Reconozco que a veces no entendía esas miradas, de ellos que no tenían nada, que deberían estar indignados por su situación, por la carencia de futuro, por el saqueo al que fueron sometidos sus pueblos en la época colonial. Comprendo que el problema de la inmigración es complicado, que no se puede decir “abro las puertas para todos” pero lo que no hay que olvidar, en situaciones determinadas, es que debemos ser generosos con personas que vienen de lugares sin futuro y que nos ven como la tierra para construir el suyo. No olvidemos que hemos sido un país de emigrantes, que gracias a ello, España pudo construir una sociedad, en lo económico y social, mejor que la que abandonaron en su día y que nos ha permitido estar en el lugar que ahora tenemos.
La mirada, ese espejo de nosotros mismos, de nuestro interior, es un reflejo de la persona. Cuando decimos de alguien que tiene una mirada limpia, estamos diciendo que es un hombre bueno. No olvidemos que todas estas personas que intentan saltar todas las vallas que el hombre blanco, rico y occidental pone por el mundo tienen esa mirada.


Antonio Gallego

 
 
 
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