Buenas tardes y buena suerte (18-12-07)
 

 

      Hace unos días, en cartas al director del periódico El País, un lector decía que la fiebre actual a salir de compras, en estas fiestas especialmente, conocida en ingles como shopping, debería llamarse sheeping, que en dicho idioma significa borregismo. No le falta razón a ese lector ya que con ello se describe un acto compulsivo, ejercido por la mayoría y al dictado del consumo y el mercado. Decía Mark Twain que “cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. ¡Que difícil es cumplir esta sentencia en estos tiempos donde cada vez nos enseñan menos a pensar por nosotros mismos!
Desde niño, recuerdo que me gustaban las Navidades y sin llegar a los límites de deterioro y exageración que existe en nuestros días, puede que de alguna manera participase en ese circo. Ya hace tiempo que me alejé totalmente de aquel recuerdo y ahora sólo busco el momento, con alivio, de que se acaben. Define la Enciclopedia Libre Wikipedia el consumismo como el término que se utiliza para describir los efectos de igualar la felicidad personal a la compra de bienes y servicios o al consumo en general. Se resume en la frase Cuanto más consumo, más feliz soy, tan usada por tantas firmas comerciales, de forma directa o subliminal. Conviene no olvidar, especialmente hoy que hay tantos ecologistas de pacotilla, que este consumo desmedido de bienes y servicios en la sociedad contemporánea impacta en los recursos naturales y en el equilibrio ecológico de una manera seria. Prueba de esto es que si todo el planeta tuviese los mismos hábitos de consumo que la sociedad americana, necesitaríamos los recursos de dos planetas más, iguales a la Tierra para sustentarlo.
Según un informe del Instituto Worldwatch, con sede en los Estados Unidos "El mundo consume productos y servicios a un ritmo insostenible, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta". La misma organización señala que, mientras que casi 3.000 millones de personas sobreviven con menos de 2 dólares diarios, más de 1.700 millones, o sea más del 25% de la población mundial, han adoptado un estilo de vida que en el pasado era exclusivo de los ricos. Sin embargo, este apetito consumidor no sólo está afectando a los más pobres, sino también a los sectores de mayores recursos, según el estudio "El estado del mundo en 2004", que cita que “los mayores índices de obesidad y endeudamiento familiar, la escasez crónica de tiempo y la degradación ambiental son síntomas de un consumo excesivo que reduce la calidad de vida de muchas personas".
Pero por aquí todos tan felices. Los Ayuntamientos llenan de luces la ciudad, nuestras casas ponen a tope sus calefacciones y las familias se sienten felices dentro de sus propios egoísmos. A corto plazo, este comentario mío no servirá de nada ya que casi todo el mundo, en estos días de falsa felicidad, mira para otro lado ante estos problemas. Lo importante es poder comprar un teléfono móvil para su hija de cinco años, un abrigo de piel auténtica para su maravillosa mujer y poder demostrar a los falsos amigos, que en su casa sólo se consume lo mejor y no falta de nada.


Antonio Gallego

 
 
 
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