UNA CIUDAD-OBJETO: LA CIUDAD ANTIGUA (III)
 
 

 

      En una aproximación sobre la ciudad antigua y las formas de gestionar su planeamiento, cobra especial protagonismo el desarrollo de zonas de actuación que sería preferible denominarlas como zonas de centralidad, pues, a partir de este concepto es como mejor se expresa el significado de estas zonas, que deberían desarrollarse dentro del Plan. De hecho deben constituirse en Planes parciales, dotados de cierta autonomía para su desarrollo temporal, en el momento más oportuno.
La elección de estas zonas, unas veces se basa en razones históricas que, con el auxilio de la memoria de la ciudad, pueden contribuir a la reanudación de un desarrollo que quedó frustrado en su momento. Otras veces se singularizan, abriendo posibilidades que permanecían ocultas detrás de formas consolidadas por los siglos, es decir cosificadas y que se despiertan con la introducción de un elemento nuevo en su arquitectura, las cuales, alterando el equilibrio, despiertan a una nueva dinámica en su entorno próximo.
Para ilustrar lo dicho en cuanto a la génesis del significado de una intervención arquitectónica concreta que se produjo en el pasado, y que pretendía reconducir el desarrollo que debería tomar un sector concreto de la ciudad (antigua), partamos de un ejemplo concreto: el pórtico renacentista actual de la Catedral.
En el imaginario colectivo, este pórtico constituye la imagen que prima y preside los acontecimientos públicos importantes de la ciudad. Pasados los años, hemos aprendido que lo que realmente tenía valor era el templo románico, que es lo que está detrás de él, con lo cual empezamos a valorar la puerta del Obispo, en la parte trasera de la Catedral. Al final, hemos terminado por considerar al pórtico renacentista como un elemento usurpador, que ha venido a trastocar la idea pura del proyecto original del templo. Incluso, tratando de buscar documentación, constato que los tratadistas apenas se ocupan de él, sólo dicen generalidades y de paso, menospreciando los órdenes clásicos que contiene. Pero a pesar de esta actitud de los especialistas, en el fondo siempre hemos admirado este pórtico, porque nos daba idea de una monumentalidad propia de los monumentos romanos, cosa no frecuente para estas tierras. Después, otras razones han venido a cambiar el papel que ha jugado en la interacción de monumento-ciudad este elemento arquitectónico, tan extraño que no poseía las connotaciones herrerianas propias del renacimiento español o las contaminaciones de tipo plateresco, y no fue del gusto del arqueólogo Gómez Moreno, con más razón por haberse estropeado el conjunto románico de sus preferencias.
El desencuentro entre monumento y ciudad
Pero había que dar con una interpretación de la denominada impostura, visto el problema desde la Ciudad. Han sido razones de tipo urbanístico por las que había que poner al día una Catedral que interpretaba un papel autosuficiente, sin ningún signo de relación visual con la ciudad y sin un elemento que fijase la orientación con respecto a la trama de la ciudad. Era una situación que se ha repetido en todos los templos románicos de la ciudad, por lo que ésta se ve obligada a multiplicar una y otra vez los esfuerzos para fijar los templos en la trama urbana. En la Catedral la autonomía del edificio era más patente, porque la orientación de su nave miraba a otro edificio que cerraba la composición y el símbolo de entendimiento entre los poderes públicos que representaba El Castillo .
Es por lo que la Iglesia, consciente del desencuentro entre Monumento y Ciudad, encarga un elemento de tipo arquitectónico para corregir tal desfase ante un futuro que empeoraría las cosas, dado el sentido del crecimiento de la ciudad diametralmente opuesto. El pórtico renacentista se proyectó adosado a una nave lateral con toda habilidad, sin concesiones historicistas como las que plagaron otras obras de la época en nuestro país, enfilando el eje que ha marcado el desarrollo de tipo lineal de la ciudad antigua. Pero el estilo del pórtico estaba significando algo más, pues a diferencia de los entornos medievales, que no establecen espacios preparatorios para el encuadramiento visual del monumento, estaba señalando la forma de cómo se debía acometer el encuentro del Monumento con la ciudad, de acuerdo con los cánones renacentistas, es decir de cómo debería verse a partir de la reformada Catedral y, en consecuencia, resolver el encuentro con el tejido residencial de la ciudad.
Una zona necesitada de habitantes y viviendas
Es sabido que las composiciones renacentistas monumentales, como lo es el propio pórtico, se resuelven con plazas, con huecos dispuestos de formas y ritmos regulares, de plantas rectangulares y con trazados y ejes de composición que afirmen los del pórtico, que partir de ahora son los principales que marcan el exterior de la fábrica del monumento. Estas plazas implican usos diversos, pero el predominante es el de tipo residencial y aquí nos encontramos con una zona muy necesitada de habitantes y viviendas, que den vida propia de barrio a esta zona casi desierta. Por otra parte, el interés por vivir en ese entorno no alberga la menor duda. En el pasado sólo se inició el encuentro de ciudad y monumento modificando éste, pero la ciudad, una vez perdido el interés por el desplazamiento del crecimiento en sentido opuesto, desperdició la ocasión en el siglo XIX de rematar el mutuo encuentro, pues fue en aquella época cuando se crearon las plazas y los jardines de las ciudades españolas, a costa de los conventos expropiados que estaban situados dentro de sus cascos.
Revalorizar el entorno del Museo Provincial
Cabría otro segundo ejemplo de Unidad de Centralidad, pensando en otra actuación posible en que la inclusión de una pieza singular, emblemática de arquitectura tiene el poder de aglutinar elementos con capacidad de una dinámica propia, y que propicie la trasformación de una zona de la ciudad. Este sería el entorno del Museo Provincial, en la plaza de Santa Lucía, incluyendo toda la manzana que da frente al río. Porque si bien el propio edificio del Museo era motivo suficiente para haber motivado una intervención urbanística importante, las razones se van a ver multiplicadas con la trasformación del Puente de Piedra para uso peatonal. Entre estos dos polos de arquitecturas tan importantes se puede lograr la propuesta de remodelación que revalorice esta zona, que hoy día participa del abandono, y que afecta a esta parte de nuestra vieja ciudad. Mientras tanto la ciudad vieja espera paciente. En resumen, estas obras de arquitectura, capaces de despertar una dinámica, no se recrean en sí mismas, antes bien anticipan las posibilidades de futuro que encierra la ciudad antigua y obran para abrirles camino. Pero tienen que sortear el que queden prendidas del sortilegio del pasado, pues su mensaje es otro... La buena arquitectura contiene fuerzas que anulan el elemento cosificador.


Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora


 
 
 
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