| |
|
En una aproximación
sobre la ciudad antigua y las formas de gestionar su planeamiento,
cobra especial protagonismo el desarrollo de zonas de actuación
que sería preferible denominarlas como zonas de centralidad,
pues, a partir de este concepto es como mejor se expresa
el significado de estas zonas, que deberían desarrollarse
dentro del Plan. De hecho deben constituirse en Planes parciales,
dotados de cierta autonomía para su desarrollo temporal,
en el momento más oportuno.
La elección de estas zonas, unas veces se basa en
razones históricas que, con el auxilio de la memoria
de la ciudad, pueden contribuir a la reanudación
de un desarrollo que quedó frustrado en su momento.
Otras veces se singularizan, abriendo posibilidades que
permanecían ocultas detrás de formas consolidadas
por los siglos, es decir cosificadas y que se despiertan
con la introducción de un elemento nuevo en su arquitectura,
las cuales, alterando el equilibrio, despiertan a una nueva
dinámica en su entorno próximo.
Para ilustrar lo dicho en cuanto a la génesis del
significado de una intervención arquitectónica
concreta que se produjo en el pasado, y que pretendía
reconducir el desarrollo que debería tomar un sector
concreto de la ciudad (antigua), partamos de un ejemplo
concreto: el pórtico renacentista actual de la Catedral.
En el imaginario colectivo, este pórtico constituye
la imagen que prima y preside los acontecimientos públicos
importantes de la ciudad. Pasados los años, hemos
aprendido que lo que realmente tenía valor era el
templo románico, que es lo que está detrás
de él, con lo cual empezamos a valorar la puerta
del Obispo, en la parte trasera de la Catedral. Al final,
hemos terminado por considerar al pórtico renacentista
como un elemento usurpador, que ha venido a trastocar la
idea pura del proyecto original del templo. Incluso, tratando
de buscar documentación, constato que los tratadistas
apenas se ocupan de él, sólo dicen generalidades
y de paso, menospreciando los órdenes clásicos
que contiene. Pero a pesar de esta actitud de los especialistas,
en el fondo siempre hemos admirado este pórtico,
porque nos daba idea de una monumentalidad
propia de los monumentos romanos, cosa no frecuente para
estas tierras. Después, otras razones han venido
a cambiar el papel que ha jugado en la interacción
de monumento-ciudad este elemento arquitectónico,
tan extraño que no poseía las connotaciones
herrerianas propias del renacimiento español o las
contaminaciones de tipo plateresco, y no fue del gusto del
arqueólogo Gómez Moreno, con más razón
por haberse estropeado el conjunto románico de sus
preferencias.
El desencuentro entre monumento y ciudad
Pero había que dar con una interpretación
de la denominada impostura, visto el problema desde la Ciudad.
Han sido razones de tipo urbanístico por las que
había que poner al día una Catedral que interpretaba
un papel autosuficiente, sin ningún signo de relación
visual con la ciudad y sin un elemento que fijase la orientación
con respecto a la trama de la ciudad. Era una situación
que se ha repetido en todos los templos románicos
de la ciudad, por lo que ésta se ve obligada a multiplicar
una y otra vez los esfuerzos para fijar los templos en la
trama urbana. En la Catedral la autonomía del edificio
era más patente, porque la orientación de
su nave miraba a otro edificio que cerraba la composición
y el símbolo de entendimiento entre los poderes públicos
que representaba El Castillo .
Es por lo que la Iglesia, consciente del desencuentro entre
Monumento y Ciudad, encarga un elemento de tipo arquitectónico
para corregir tal desfase ante un futuro que empeoraría
las cosas, dado el sentido del crecimiento de la ciudad
diametralmente opuesto. El pórtico renacentista se
proyectó adosado a una nave lateral con toda habilidad,
sin concesiones historicistas como las que plagaron otras
obras de la época en nuestro país, enfilando
el eje que ha marcado el desarrollo de tipo lineal de la
ciudad antigua. Pero el estilo del pórtico estaba
significando algo más, pues a diferencia de los entornos
medievales, que no establecen espacios preparatorios para
el encuadramiento visual del monumento, estaba señalando
la forma de cómo se debía acometer el encuentro
del Monumento con la ciudad, de acuerdo con los cánones
renacentistas, es decir de cómo debería verse
a partir de la reformada Catedral y, en consecuencia, resolver
el encuentro con el tejido residencial de la ciudad.
Una zona necesitada de habitantes y viviendas
Es sabido que las composiciones renacentistas monumentales,
como lo es el propio pórtico, se resuelven con plazas,
con huecos dispuestos de formas y ritmos regulares, de plantas
rectangulares y con trazados y ejes de composición
que afirmen los del pórtico, que partir de ahora
son los principales que marcan el exterior de la fábrica
del monumento. Estas plazas implican usos diversos, pero
el predominante es el de tipo residencial y aquí
nos encontramos con una zona muy necesitada de habitantes
y viviendas, que den vida propia de barrio a esta zona casi
desierta. Por otra parte, el interés por vivir en
ese entorno no alberga la menor duda. En el pasado sólo
se inició el encuentro de ciudad y monumento modificando
éste, pero la ciudad, una vez perdido el interés
por el desplazamiento del crecimiento en sentido opuesto,
desperdició la ocasión en el siglo XIX de
rematar el mutuo encuentro, pues fue en aquella época
cuando se crearon las plazas y los jardines de las ciudades
españolas, a costa de los conventos expropiados que
estaban situados dentro de sus cascos.
Revalorizar el entorno del Museo Provincial
Cabría otro segundo ejemplo de Unidad de Centralidad,
pensando en otra actuación posible en que la inclusión
de una pieza singular, emblemática de arquitectura
tiene el poder de aglutinar elementos con capacidad de una
dinámica propia, y que propicie la trasformación
de una zona de la ciudad. Este sería el entorno del
Museo Provincial, en la plaza de Santa Lucía, incluyendo
toda la manzana que da frente al río. Porque si bien
el propio edificio del Museo era motivo suficiente para
haber motivado una intervención urbanística
importante, las razones se van a ver multiplicadas con la
trasformación del Puente de Piedra para uso peatonal.
Entre estos dos polos de arquitecturas tan importantes se
puede lograr la propuesta de remodelación que revalorice
esta zona, que hoy día participa del abandono, y
que afecta a esta parte de nuestra vieja ciudad. Mientras
tanto la ciudad vieja espera paciente. En resumen, estas
obras de arquitectura, capaces de despertar una dinámica,
no se recrean en sí mismas, antes bien anticipan
las posibilidades de futuro que encierra la ciudad antigua
y obran para abrirles camino. Pero tienen que sortear el
que queden prendidas del sortilegio del pasado, pues su
mensaje es otro... La buena arquitectura contiene fuerzas
que anulan el elemento cosificador.
Antonio
Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
|
|