Mesías Gore
 
 

 

      Resulta raro hablar de mesías a estas alturas de la vida pero, como dicen de las meigas nuestros primos los gallegos, haberlos haylos. En la época del fin de las ideologías, de la puesta en crisis de los valores tradicionales -intentando desesperadamente llenar el vacío en que nos hemos querido quedar sin éstos-, aparecen mesianismos de nuevo cuño. Y, entre ellos, despunta Al Gore.

El ex vicepresidente del gobierno del país más poderoso del orbe nos viene desde hace tiempo enarbolando la bandera de la lucha contra el cambio climático. Especialmente en este 2007 que ahora termina, en el que le han llovido premios y reconocimientos de todos lados, desde el Óscar hasta el Nobel o el Príncipe de Asturias. No es difícil cuando tiene a todos de su parte: los medios de comunicación, los gobiernos de medio mundo, la sensibilidad de la población convenientemente estimulada... Así va ganando fieles para su cruzada. Y, como buen mesías, va dejando apóstoles de notoriedad, la Conferencia de Sevilla, Manuel Marín... Eso sí, los desplazamientos en avión privado, que no contamina nada.

Dice mi amigo Abel que lo de Al Gore es un negocio. Por lo visto su fortuna de 100 millones de dólares se incrementa con cada discurso de 75 minutos en 150.000 dólares más, aparte de las plataformas de poder de las que es consejero, con todo lo que ello arrastra. No seré yo quien se ría del cambio climático. A lo sumo me atreveré a refrescar en la memoria aquello de los ciclos propios de la naturaleza. Lo único que intuyo con meridiana claridad es que el respeto a la tierra, antes que un mesianismo para hacer caja, supone apretarse considerablemente el cinturón y poner en práctica el significado del verbo renunciar. Es evidente que nuestro tren de vida es absolutamente insostenible. Y lo peor es que casi siempre es a costa de los mismos.

Los cristianos acabamos de celebrar el 25 pasado el nacimiento del Mesías, del Mesías de verdad. Hasta ahora no ha demostrado sacar tajada, ni viajar en avión privado. Sin embargo muestras sí que ha dado de renuncia. Quizá esto de ser Mesías es cosa de coherencia. Feliz año nuevo.

Rafael Ángel García
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora


 
 
 
Volver
Subir