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REPORTAJE.
La España que aún se desangra
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JOSEBA
ELOLA 20/01/2008
Falta de inmigración y de empleo
- Las zonas fronterizas con Portugal pierden población
en un país de imparable crecimiento demográfico
Hay una España que se despuebla y está al oeste.
Hay una España que se despuebla porque siempre vivió
de espaldas a Portugal. Hay una España que se despuebla
porque le dieron la espalda. Y esa España, curiosamente,
transcurre en los márgenes de la antigua Vía
de la Plata, vértebra del esplendor comercial de la
Hispania romana a la que hoy pretende sustituir una autovía
renqueante que no termina de acabarse nunca.
Salamanca,
León, Zamora y Cáceres pierden habitantes entre
2006 y 2007
"Aquí hay zonas de demografía siberiana",
dice el profesor Robles
Molinillo, de 20 habitantes, no tiene tienda, ni bar. Hay
pan cada dos días
"La inmigración no compensa la fuga de jóvenes",
dice Ángel Villalba
Los
últimos datos publicados en enero en el BOE anuncian
que la población española crece más allá
de todas las previsiones, más allá de los 45
millones. Pero en el último año, Orense, Lugo,
Asturias y cuatro de las cinco provincias que recorre la histórica
calzada que conectaba la Mérida Augusta con Astorga
quedan ajenas al boom.
La población sólo crece si llegan inmigrantes.
Y los inmigrantes llegan si hay trabajo. Primera explicación
a vuela pluma que brinda Julio Pérez Díaz, demógrafo
investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC). De muestra, un botón: la provincia de Salamanca
pierde el 0,5% de su población, sí, pero Guijuelo
crece y crea empleo en toda la comarca al calor de los jamones.
Poblaciones como Sorihuela reciben nuevos habitantes, hondureños
y ecuatorianos que acceden a pisos de protección oficial.
Y sin embargo, todavía no hay autovía que conecte
Guijuelo con Salamanca. Los camiones transitan por una precaria
carretera nacional, un carril en cada sentido. Salamanca,
León y Cáceres pierden población en 2007.
Zamora cae en picado desde 2000. La Vía de la Plata.
¿Por qué coincide la franja que se despuebla
con la Vía de la Plata?
Valentín Cabero se recuesta sobre la silla de la sala
de reuniones del decanato de la universidad de Salamanca y
mesa su media melena cana. Se autodefine como "catedrático
de la Vía de la Plata": ha dado clases en Universidades
de Extremadura, León y Salamanca, donde ahora es decano
de la Facultad de Geografía e Historia. Cabero sostiene
que el problema es que España y Portugal siempre han
vivido de espaldas, que el atraso histórico acumulado
por dos dictaduras es una losa; "si no llega a ser por
las ayudas de la Unión Europea, la franja fronteriza
sería un desierto". Su colega Ricardo Robles,
catedrático de Historia Económica, ahonda en
la cuestión: "Ésta ha sido una frontera
de retroceso, al contrario que la de Cataluña y Francia.
Durante demasiado tiempo ha sido una zona desierta, desierta
de comunicaciones. Y meter a la gente en un desierto es difícil.
Aquí hay zonas de demografía siberiana, con
cuatro o cinco habitantes por kilómetro cuadrado. Los
proyectos que se ponen en marcha luchan contra décadas
de atraso acumulado".
Vicente Rodríguez, geógrafo del CSIC, dice que
cuando se llega al oeste se llega a un culo de saco: "Es
un problema estructural. La inmigración sería
la salida para regenerarse. La base económica es poco
pujante, los jóvenes se fueron en los años sesenta
y setenta".
Michel
echa monedas en la máquina tragaperras, cuya cantinela
se mezcla con las consignas apunkarradas que el grupo
Arpa Vieja escupe por el equipo de música del bar.
Estamos en La Taberna de Lalo, en Segura de Toro, un pueblecito
cacereño de alrededor de 200 habitantes que llegó
a tener más de 600 a finales de los años cincuenta.
Sus padres pertenecen a esa generación que emigró
en los 60, por eso Michel nació en París, hace
21 años. Gonzalo, el camarero, dice de él que
es un filósofo: "Aquí no se crece porque
no hay inmigrantes y porque no hay industria", dice Michel
con su voz ligeramente cazallera. El pueblo está recuperando
poco a poco habitantes, pero los jóvenes, él
mismo, se tienen que ir fuera a estudiar. Hay un cierto sentimiento
de culpa tras sus palabras, como si se hiciera responsable
del destino del pueblo en el que ha vivido los últimos
siete años: "No es que nos falten apoyos, la verdad.
Aquí, si pides dinero para un proyecto, te dan subvenciones
y puedes montar algo en el pueblo. Los jóvenes tenemos
una asociación, pero somos un poco dejaos". A
los pies del pueblo, las zarzas y el alquitrán sepultan
los viejos raíles del antiguo ferrocarril de la Plata.
Lo cerraron a mediados de los 80. El decano Cabero sostiene
que habría que recuperarlo: "Supondría
ahorro de energía y reactivación económica.
Las autovías son túneles de paso entre espacios
lejanos".
El cartel desteñido y oxidado de un restaurante argentino
ya cerrado da la bienvenida al llegar a Béjar, el Manchester
castellano del siglo XIX, el epicentro de la lana, en los
confines de Salamanca. Una localidad que navegó en
la abundancia, que Franco sostuvo encargando uniformes militares,
que creció de modo ficticio en los 50 y llegó
a la década de los 70 sin saber competir. Cuando llegaron
los 80 tenía 18.000 habitantes. Ahora, 15.016. "El
verdadero drama es que no hemos sido capaces de buscar una
alternativa cuando se hundió la industria y nadie se
preocupó por ayudarnos", cuenta Cipriano González,
el alcalde. "La autovía de la plata se ha retrasado
20 años, llevamos 30 años sin una vértebra
en el oeste. Con la despoblación se ha generado una
sensación de derrota". El alcalde se muestra entusiasmado
con la inminente llegada a la ciudad de una empresa de placas
solares que creará 105 empleos a mitad de año,
pero reclama un trabajo coordinado de las administraciones,
reclama que la Junta de Castilla y León transfiera
competencias a los ayuntamientos. El oeste necesita un plan
coordinado. Porque plan, haberlo, haylo.

El 23 de julio de 2004, José Luis Rodríguez
Zapatero, originario de León y Jesús Caldera,
de Salamanca, propulsaron un plan con 115 medidas que supone
la inversión de 4.000 millones de euros en ocho años.
Ahí está la ampliación de los aeropuertos
de León y Salamanca, la creación de un centro
tecnológico de vanguardia, el Instituto de Nuevas Tecnologías
de la Comunicación (que genera 500 puestos de trabajo),
o el Hospital de San Andrés del Rabanedo (250 puestos,
según los datos del Ministerio de la Presidencia).
Desde luego, nada como tener un presi de la tierra:
sólo León se ha llevado casi un billón
de las antiguas pesetas (más de 6.000 millones de euros)
en inversiones, según Presidencia. El esfuerzo inversor
ha llegado, el PP sostiene que es un fiasco, pero tardará
tiempo en dar sus frutos. Zamora, León y Salamanca
se encuentran entre las 10 provincias españolas que
registraron menor crecimiento de su población entre
2000 y 2005 según el último informe de la Fundación
de las Cajas de Ahorro. León y Zamora también
están entre las diez que menor crecimiento de empleo
registraron en ese periodo. Eso no se recupera en cuatro días.
José Manuel y Julia llegaron hace tres años
a Molinillo, un pueblo en el que hay que ponerse frente al
ayuntamiento para tener cobertura. Una estrecha carreterita
que parte desde Cristóbal, a 20 kilómetros de
Béjar, conduce a este pequeño pueblo de la comarca
de la Sierra de Francia, privilegiado microclima que siempre
dio buen vino y buena patata. El año pasado cerraron
la cooperativa por el problema demográfico, la gente
que trabaja las viñas tiene ya más de 70 años.
Ahora, el vino, cada cual se lo hace en su casa. Molinillo
tiene 20 habitantes, no tiene tienda, ni bar. Hay médico
dos días a la semana, el pan lo traen cada dos días
y da gloria ver lo apañada que es la furgo
del carnicero, con su higiénico despliegue de viandas.
Es uno de los 2.248 municipios de la dispersa comunidad de
Castilla y León, la región más grande
y despoblada de España.
Julia nació aquí hace 56 años, cuando
el pueblo tenía 350 habitantes, cuando las calles eran
de barro, no había agua corriente y sólo había
luz eléctrica por las noches. Hoy, es de las jóvenes
del pueblo. Forma parte del codiciado colectivo de los retornados,
de los nuevos rurales, de los urbanitas que regresan
al campo. "Aquí se está mucho mejor que
en Madrid, no nos sentimos aislados", dice. José
Manuel está encantado con la tranquilidad: "El
oeste de España está abandonado y los jóvenes
se van a Madrid. No me extraña, con el kilo de uva
a 35 céntimos, a ver quién se queda".
El profesor Cabero sostiene que la atomización del
medio rural, con 140 municipios por debajo de los 100 habitantes,
es rentable electoralmente para el Partido Popular, y que
por eso la Junta tampoco se esfuerza demasiado en revertir
la situación: "Son territorios que reportan un
voto conservador". Aboga por una política comarcal,
por núcleos intermedios que vertebren el territorio.
"Esa ausencia de política comarcal es lo que está
matando al medio rural, que se encuentra desprotegido, sin
servicios de calidad, sin autoestima".
Recuperar a los que se fueron. Es uno de los objetivos que
se ha marcado la Junta de Extremadura, que ha dado la vuelta
a la tortilla en Badajoz, pero que pierde 1.368 habitantes
en Cáceres entre 2006 y 2007. ¿Estrategias?:
rastrean la red de casas regionales extremeñas que
hay por toda España (sobre todo en Madrid, Cataluña
y País Vasco) y tientan a los que se fueron para que
vuelvan. Facilitan su acceso a una vivienda. Atraen a jóvenes
para que hagan prácticas en empresas extremeñas.
La llegada del AVE, para 2010, infunde esperanzas para confirmar
los datos de años precedentes, que indicaban que la
despoblación era historia en Extremadura.
En las Cortes de Castilla y León la preocupación
llevó a crear una comisión parlamentaria sobre
la despoblación que aprobó un paquete de 73
medidas en 2005. Ángel Villalba, secretario general
del PSOE en esta comunidad, denuncia que las medidas que implicaban
un esfuerzo económico por parte de la Junta, controlada
por el PP, no se han puesto en marcha. Que la Junta sólo
invierte el dinero que recibe de la Administración
central. Que apuesta por fortalecer lo fácil, el eje
Burgos-Valladolid. "La inmigración que nos llega
no compensa la fuga de los jóvenes", asegura Villalba.
Paula, salmantina de 18 años, camina en dirección
a la Facultad de Geografía e Historia: "Esta ciudad
enseguida se te queda pequeña, pequeña de ideas,
pequeña de gente". Hojea un folleto cultural y
protesta: "Fíjate, ¡aquí cabe la
programación cultural de dos meses!".
El delegado de la Junta en Salamanca, Agustín S. de
Vega, del Partido Popular, asegura sin embargo que todo el
dinero que Salamanca recibe de la Junta se destina a luchar
contra la despoblación. Para 2008, 191 millones de
euros que se destinarán a mejorar carreteras y servicios.
Vega reclama al gobierno central que tome medidas concretas,
como bajar los impuestos a los que se quedan a vivir en los
pueblos. Y se queja de la desconexión con Madrid: 92
interminables kilómetros de carretera nacional, por
la N-501, es lo que le espera al viajero que llega desde la
capital.
Los economistas coinciden en que las inversiones públicas
no son suficientes para luchar contra la despoblación.
Habla Matilde Más, economista y coautora de La
localización de la población española
sobre el territorio: "Las infraestructuras en sí
mismas no generan por sí solas actividad. La gente
se va donde hay actividad. La inmigración ha incrementado
los desequilibrios territoriales". Ricardo Robles coincide
en el análisis: "Las carreteras son rentables
cuando hay gente para usarlas. Hace falta atraer inmigrantes
a esas zonas. Para que el mercado funcione, hacen falta clientes".
Robles aboga por el protagonismo de los ayuntamientos, para
que la acción baje al terreno y quede menos en manos
del Estado o las comunidades autónomas.
Fijar población en el medio rural es una de las claves
y en esa batalla se encuentran iniciativas como Abraza
la Tierra, un proyecto interterritorial que cuenta con
el apoyo de varias comunidades autónomas y que busca
a jóvenes emprendedores y familias que quieran vivir
en el medio rural. Les dan facilidades y les orientan a la
hora de que se instalen en un medio que no conocen. De ese
modo se consiguen milagros como el ocurrido en 2005
en Peñacaballera, provincia de Salamanca. La escuela
estaba a punto de desaparecer, cuando hay menos de cinco alumnos,
las escuelas de los pueblos se cierran. Quedaban cuatro alumnos
en el pueblo. La llegada de una familia madrileña con
tres niños permitió que el colegio aún
siga en pie.
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