UNA CIUDAD-OBJETO: LA CIUDAD ANTIGUA. CONCLUSIÓN
 
 

 

      Del repaso en los anteriores artículos acerca de las zonas que podríamos considerar neurálgicas del casco antiguo, es evidente que las intervenciones que se sugieren para llevarlas a cabo requieren de medios extraordinarios. Pues no se puede pensar que ello sea posible a partir de las actuaciones rutinarias con las licencias de obra en cada unidad constructiva. Serían necesarias herramientas urbanísticas más complejas para resolver los problemas que conlleva toda renovación de estos antiguos tejidos urbanos. Por eso se ha de acompañar de unos medios de gestión que tengan carácter permanente, que elaborasen los contenidos del documento definitivo del plan con autonomía, recursos y poder político dentro del Ayuntamiento. Unas herramientas adecuadas podrían ser planes especiales que, en casos como los descritos, pueden tener un carácter espacial discontinuo, que afecten a un solo propietario, con distintas propiedades, con situaciones puntuales diferentes y por la existencia de edificios con algún grado de protección o de espacios libres, que pueden dar origen al rescate de espacios públicos y también como medio de concentrar edificación residencial o equipamientos. Se parte de que, en la actualidad, casi un 50% de la superficie del casco antiguo es propiedad de la Iglesia, así que no es necesario subrayar que todo paso para remodelar la zona debe contar con su acuerdo. No hay que olvidar que las reformas de las ciudades españolas durante los siglos XVIII y XIX, y con el franquismo, se hizo a costa de las propiedades de la Iglesia. Y generalmente de acuerdo con ella. Con los planes especiales, se daría entrada a aspectos clásicos como la planimetría de los nuevos trazados de calles, alumbrar y adjudicar nuevas edificabilidades, espacios libres, equipamientos, etc., y encontrar los medios de obtener compensaciones para sus propietarios. Solo así sería posible desbloquear la situación actual, que bascula entre unos derechos difíciles de cuantificar por parte de los propietarios de patrimonio y, por otra parte, con la rígida normativa conservacionista del Catálogo.UNA CIUDAD-OBJETO: LA CIUDAD ANTIGUA. CONCLUSIÓN. ANTONIO VILORIA
Otra problemática es la de la renovación del tejido residencial en estas zonas antiguas que vinieron a sustituir a los primeros tejidos medievales; lo deseable sería que se conservasen las volumetrías existentes y que, en todo caso, sirviesen como envolvente geométrica del nuevo proyecto. También se evitará la integración de solares contiguos con la misma finalidad de guardar las escalas y defender las actuales dimensiones de la intervención. Los espacios libres privados no deberán arrojar edificabilidad, tal como se está produciendo en la actualidad, lo que conlleva la introducción de tipologías residenciales extrañas para estos barrios antiguos. Otro caso sería si estos espacios libres quedasen incluidos en un plan especial, porque entonces su definición vendría dada dentro de las condiciones marcadas por el propio plan.
No voy a dar lugar a la autocomplacencia local, aunque no deje de ponderar los aspectos positivos que ha tenido la defensa y conservación de nuestra ciudad antigua en el Plan vigente. Aún siendo meritorios los resultados alcanzados en las zonas remodeladas a finales del siglo XIX, la zona más antigua, con casas de tipo popular que sustituyeron a las originales medievales, acusan generalmente un deterioro que llega a veces a ser una amenaza para la integridad de unos edificios, que encima sufren del abandono de sus actividades tradicionales.
El deterioro que sufre la cornisa del costado meridional de la ciudad y que se asienta en paralelo con el río, afecta a un caserío totalmente degradado y que desciende hasta el mismo nivel que la inmediata carretera y el impudor con que se presentan a la vista, en lo alto, sus gigantescas medianeras, llega a unos extremos que no son los propios de una ciudad europea.
Análogo desastre, desde el punto de vista paisajístico y de decadencia de su edificación, es la puebla que se extiende a los pies del flamante nuevo centro de interpretación municipal. Bien se merecía este barrio que fuese incluido en un plan de renovación integral.
Otro apartado que merece ser tratado es el referente a actuaciones puntuales que se han caracterizado por el desequilibrio que presentan respecto al entorno sobre el que se asientan. Son pocas pero muy llamativas porque parece que, a diferencia de otras actuaciones, en que la ciudad termina por integrar las diferencias, aquí siguen mostrando su naturaleza extraña. Para citar uno de los casos, tomemos el edificio de Hacienda, del cual no se entiende como se puede obtener tal volumetría sino a partir del cómputo de toda la superficie del solar resultante de la demolición de un palacio y de una iglesia, incluso patios y concentrando toda la edificación al fondo del solar. El resultado está a la vista. Pasados veinte años se ha tenido que proveer a la plaza de una marquesina que amortiguase los efectos del volumen edificado, que sigue siendo ajeno a la ciudad.
Todos estos ejemplos no hubiesen sido posibles si se hubiese contado con una cultura de la ciudad, asumida por la población, sensibilizada y conocedora de la realidad urbanística en su momento. O también, tener la suerte de contar con personajes que han actuado como guardianes de los valores históricos y culturales de sus ciudades, lo que ha supuesto para ellos, en ocasiones, asumir una tarea heroica como en Toro, Arévalo y Segovia.
Hay otro aspecto negativo del urbanismo practicado en la ciudad vieja; y es la casi total falta de protección paisajística a que se ha llegado en los últimos años. Ciudades de características análogas a la nuestra, tales como Segovia, Ávila, Cuenca, aparecen integradas en un escenario de naturaleza que les es propia y que completan formas trabajadas lentamente por las sucesivas generaciones de sus moradores. Tanto si te aproximas desde las afueras a la ciudad, bloques desmesurados parecen esperarte, guardianes inexpresivos y bárbaros levantados ante las murallas y dispuestos a lanzarse al asalto a la vieja ciudad. O bien, si te asomabas desde cualquier mirador desde la ciudad, puesto antiguo y solaz de la vista en el horizonte, ahora se te enreda y confunde la mirada, una vez perdidas en el barullo las antiguas huertas, entre bloques de toda suerte y condición, grúas, cables, escombros, invasores de una naturaleza que hoy vemos derrotada, antes de recibir la capa de cemento que la enterrará para siempre.
Todas estas llamadas a un nuevo orden para nuestra ciudad, arrancan de la creencia en un modelo de ciudad que pueda desarrollar sus posibilidades como acogida turística y convertirse en sede de actividades culturales con importante proyección social, tal como se producen en las citadas ciudades.
Algunos somos de una generación que tuvimos la dicha de nacer y crecer en esta ciudad y, tal como nos trasmitieron nuestros antepasados, siempre la tuvimos como nuestra y así actuábamos de niños cuando corríamos por sus calles y por los escarpes de sus murallas; tal vez los únicos que cuestionaban nuestro dominio eran los llamados ”municipales”, que nos corrían arrastrando el sable por el suelo. A pesar del poder municipal, siempre nos pareció que la ciudad era un don que nos era debido y que teníamos sobre ella todos los derechos por tal herencia.
Hijos de esta ciudad y ahora, vueltos de cara a nuestros hijos ¿Qué hemos hecho con esta herencia? ¿Qué sentimos, viendo lo que les vamos a trasmitir? ¿Es que hemos sido tan incapaces o tan insensibles o tan malignos?

ANTONIO VILORIA

Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 29 de enero de 2008

 
 
 
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