|
|
Cuando una persona expresa
su opinión en publico hay que tener en cuenta no
sólo lo que dice con palabras sino el lenguaje corporal
que adopta al decirlo. No siempre coinciden. Los investigadores
han estimado que entre un 60/70% de lo que comunicamos lo
hacemos mediante el lenguaje no verbal, es decir, por gestos,
apariencia, postura, mirada y expresión. Por desgracia,
existen técnicas de comunicación que enseñan
a disfrazar este segundo lenguaje y casi todas ellas se
basan en aparentar seguridad, ser rotundo en las afirmaciones,
como si se poseyera el don de la verdad. Es lo que comúnmente
se conoce como la técnica del caradura. Muchos políticos
son unos expertos en ello. Todas estas reflexiones vienen
a cuento por las declaraciones del Sr. Lamela, ex consejero
de Sanidad de la Comunidad de Madrid, sobre las sedaciones
en el hospital Severo Ochoa de Leganés. Todo el mundo
conoce el reciente fallo de la Audiencia de Madrid que ha
sobreseído y archivado el caso, iniciado por una
denuncia anónima a la que enseguida se sumó
la Comunidad de Madrid, acusando al Dr. Montes y a su equipo
de matar a 400 pacientes y de mala praxis médica.
El Colegio de Médicos de Madrid acaba de cerrar también
el expediente. La gente normal, ante una situación
ya cerrada por la Justicia, lógicamente pide que
se tome algún tipo de decisión, que puede
ir desde la destitución política del responsable
a la sencilla petición de disculpa por los males
causados. Pues bien, el Sr. Lamela ha declarado recientemente
ante los medios: “Me siento enormemente orgulloso
y volvería a hacerlo”, es decir, ha aplicado
la técnica del caradura. Conviene que sepamos que
todo esto no es casual, obedece a una estrategia política
muy clara, montada en forma de cadena de acontecimientos,
tantas veces practicada por la derecha católica nacionalista
donde es Sr. Lamela ha sido sólo un eslabón.
Idéntica estrategia se ha puesto en marcha con la
denuncia interpuesta el 9.06.06 por un grupo llamado “La
Vida Importa” contra la clínica abortista Isadora
de Madrid. Los pasos siempre son los mismos: alguien presenta
una denuncia, ya sea una persona anónima o un colectivo
afín; en algunos casos se tiene ya preparado el eslabón
judicial para que caiga en algún juzgado proclive,
como ha sucedido en el caso de la Clínica Isadora.
Enseguida entra en juego el poder político administrativo
correspondiente, en este caso, la Comunidad de Madrid. Para
calentar todo, se organizan manifestaciones, declaraciones
subidas de tono, con el apoyo de ciertos medios ya conocidos
y, durante unos meses, se esta presionando a la sociedad
hasta que al final la Justicia cierra el caso. Nunca suele
pasar nada a los que han intervenido salvo que los ciudadanos
vean la jugada y la tengan en cuenta a la hora de votar.
Algo similar, con alguna variante, sucedió en su
día con el llamado “caso Sogecable”,
contra los intereses del Grupo PRISA, iniciado por una denuncia
particular de Jaime Campmany, persona muy conocida en la
ultraderecha falangista, que se adjudica intencionadamente
al juez Gómez de Liaño, quien se presta a
ser marioneta de los intereses del Sr. Aznar y sus acólitos,
entre ellos el diario El Mundo, principal beneficiado, para
intentar destruir al primer grupo de comunicación
del país. Al final la Justicia dejó en ridículo
a todos, aparatando al Juez de la carrera judicial pero
gracias a que el acusado tenía medios poderosos para
evitarlo. Como podemos ver, nada sucede por casualidad.
Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
|
|