ZAMORA SE APUNTA A LA ÉPICA
 
 

 

      Leo este mismo titular en la sección deportiva de este periódico y salto asombrado en mi asiento ante la natural repercusión que veo que han tenido los recientes descubrimientos arqueológicos en el Castillo y de qué modo pueden llegar a influir en el brío de los deportistas locales. Pero se trataba de otra épica.
Devuelto a la prosaica realidad, disfruto recordando las imágenes que tuve la oportunidad de ver en una reciente visita a las obras del Castillo. No pude evitar sentir cierto ardor guerrero y ahora me he puesto a hacer memoria de las poesías de tipo heroico que todavía recuerdo del bachillerato, tales como ”oigo patria tu aflicción” “campos de soledad, triste collado”” ”traidores y fementidos sois todos los zamoranos”, etc. Así que siento renovado el espíritu épico que yo creía ya recluido en los libros de poesía antigua del bachillerato o en los comics de Roberto Alcázar.
Esta vez, el asalto a la épica ha tenido más visos de realidad que el vivido a través de los libros porque, una vez traspasados los inexpresivos muros de la fortificación del Castillo, te quedas asombrado con las dimensiones y la fortaleza de los muros que te rodean y que llegan a abrumarte ¿Cómo estos desnudos muros, perdido todo rastro ornamental y distante de todo refinamiento, ofrecen esta presencia bélica, intemporal que nos traslada a épocas míticas de antiguas y anteriores civilizaciones, como las que ya fueron descritas en las gestas homéricas?ZAMORA SE APUNTA A LA ÉPICA. ANTONIO VILORIA.
Estos espacios aparecen plenos de silencio, inertes, espesos, exhaustos después de tanto fragor de batallas, que intimidan, trasmitiéndonos un eco que nos llega a través de los siglos y que llega a paralizarnos. Estamos instalados en un tiempo heroico en donde la fantasía y lo sagrado contrastan con la frágil realidad del acontecer diario de los humanos, que vivimos en otros tiempos más grises.
La Historia ha sido cruel con este Monumento pues, aparte de su valor como pieza bélica, de avanzada sobre el horizonte, se le ha condenado a un papel de reliquia que nunca ha merecido particular atención. Así que una vez que se perdieron las originales trazas arquitectónicas que reafirmaban esencia y presencia dentro del elenco monumental de la ciudad, sus devaluadas formas vienen a servir de mero papel, de complemento geográfico de las peñas sobre las que se asienta la ciudad.
En la pugna entre el poder civil y el eclesiástico sobre la ciudad, este último luchaba por imponer su primacía y para ello se encarga la construcción de la poderosa torre del Salvador, anexa a la Catedral, aún contando con que los moros en aquella época se encontraban ya alejados y no amenazaban la ciudad, pues se encontraban en situación complicada por el asedio a que estaban sometidos por el rey Fernando III en el cerco de Sevilla.
En la pugna entre los poderes civil y eclesiástico, nuestro Castillo, ante la poderosa torre, demostró la inferioridad de sus estructuras (su perfil, según los dibujos, tienen un cierto aire cortesano, nada bélico) y le arrastró a una decadencia que remató con su ocupación el ejército francés en la Guerra de la Independencia.
Con las previsiones actuales que contemplan la construcción del Museo de Baltasar Lobo se va a poder hacer realidad la revitalización del Castillo. Será un nuevo espacio para la Cultura y de proyección de cara a la ciudad. Con ello volvería a formar parte como elemento primario, alineado con los monumentos que caracterizan la arquitectura de la ciudad. Y sería primordial que se convirtiese en un elemento de referencia visual, dentro del escenario urbano, como ha sido práctica habitual para la configuración de estas ciudades amuralladas de Occidente y que para los que hemos nacido y crecido en ellas, nos ha permitido fijar en nuestra memoria el escenario urbano tras el recuento de torres, observatorios y campanarios que marcaban las trazas de nuestra ciudad.
Este elemento de referencia espacial que descollaría sobre fortificaciones, tapias y cerrados de carácter jerárquico inferior, vendría a rubricar la recuperada condición monumental con el nuevo significado de cultura y de superior rango, sobre el tablero informe de calles y tejados que compone el caserío.
De la rememoración de los episodios bélicos medievales y, como contraste, la nueva arquitectura vendría investida en son de paz y se erigiría como heraldo de proyección cultural en la ciudad. Y, finalmente ¿qué hacer con los espacios que envuelven al núcleo fortificado, detrás de los imponentes muros que se elevan desafiantes al exterior? Pues deberían convertirse en la prolongación de los espacios públicos de la ciudad, los mas altamente considerados y dispuestos para servir de marco y usos propios para la fiesta y el encuentro de los ciudadanos en las fechas que la ciudad guarda entre sus costumbres.
Queda otro espacio en el Castillo de distinto carácter, pero que tiene una clara definición arquitectónica, y es el amplio patio, cerrado por arcadas, del siglo XVIII que tiene un carácter totalmente diferente al de la fortificación y que es susceptible para poder ser integrado, a partir de sus formas arquitectónicas reconocibles, a usos como los propios del Museo.
Todo ello es una tarea compleja que, sin duda, los arquitectos sabrán resolver con toda brillantez.

ANTONIO VILORIA

Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

 
 
 
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