|
Buenas
tardes y buena suerte (18-03-08)
|
|
|
Ya está toda la provincia de Zamora llena de tradición e inmersa en la repetición de sus costumbres más queridas con la llegada de la Semana Santa. Se vuelven a decir las mismas cosas con palabras distintas, se repiten los mismos actos con otros personales diferentes, se llenan las calles con los mismos pendones y pasos procesionales. La ciudad se viste, con cierta hipocresía, para los de fuera aunque sea a costa de los de dentro. Huele toda la ciudad a costumbre y tradición, se impregna con lo de siempre, se pega a los cuerpos como ese olor profundo a churros, garrapiñadas y fritanga que está por todas partes. La Semana Santa y sus rituales han llegado y no hay sitio para nada más.
En este ambiente, algunos nos sentimos como una anomalía en medio de tanto costumbrismo ¿Cómo se llega a tener esa pasión por la Semana Santa y sus tradiciones? Supongo que el camino habitual es la tradición familiar: ya lo hacia el abuelo, el padre y así sucesivamente. Otra forma de acercamiento puede ser a través de la creencia religiosa o también al calor de las primeras libertades para los más jóvenes, al sentirse ya casi adultos junto a la pandilla de amigos y una mayor permisividad en los horarios familiares. Como hay de todo, también para muchos es una forma de sobresalir algo en su comunidad local y empezar esa carrera tan peculiar a partir de “lo tradicional”, que por cierto, la practican muchos que después no pegan bola en sus trabajos habituales. Yo no he tenido ese recorrido. Mi padre salía en la procesión de los excombatientes, como se decía entonces, el lunes santo por la tarde. A veces le acompañaba y le llevaba la caperuza, pero nada más. Recuerdo que cuando él llegaba a casa, después de la procesión, siempre tenía dolor de cabeza que achacaba a que la caperuza le quedaba pequeña. Apenas emociones y poca o nula tradición familiar. Cuando empieza la Semana Santa se inicia igualmente mi salida de la ciudad. No nos soportamos, que le vamos hacer. Respeto estas tradiciones y sentimientos, a pesar de que los valoro muy poco, ya sea desde el lado artístico, más bien normal, o desde la creencia religiosa, que no la tengo, o por la promoción personal, que no merece la pena calificarla. Pero tiene que haber de todo y que cada uno elija su camino. Con mi huida de la ciudad contribuyo de forma positiva a la Semana Santa ya que dejo un hueco para otros. Ya he dicho otras veces que el problema de lo tradicional y todo lo que lleva a su alrededor, es que, interesadamente, se exagera más de lo que vale y la pura realidad es que, cuando se pasa la frontera de la provincia, su valor se derrite entre los dedos, como el hielo fuera del frigorífico. Con “lo tradicional” se construyen pocas cosas sólidas, de verdadero valor universal. Se producen muchos reflejos y rebotes de cosas sin importancia, con el apoyo de las instituciones locales, que si se escarba un poco, no se encuentra casi nada de valor. Otra Semana Santa más y como las anteriores, yo también me repito. Me voy de la ciudad. Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
|
|
|
|