Arquitectura industrial
 
 

 

      Probablemente habrán visto días atrás en televisión el anuncio de Caixa Fórum Madrid. La entidad financiera barcelonesa ha inaugurado la sede definitiva de su obra cultural en la capital del país, escogiendo concienzudamente –como suele hacer- una ubicación privilegiada que trascienda su materialidad para convertirse en símbolo y todo un referente. El lugar elegido ha sido la antigua Central Eléctrica del Mediodía, en pleno eje del paseo del Prado. Construida con el comienzo del siglo XX, la Central abasteció de energía el centro de Madrid hasta que recibe el relevo, pasando primero al desuso y luego al abandono, como tantos otros edificios industriales al dejar de prestar servicio. La Caixa se hace cargo del inmueble encargando en 2001 su restauración al estudio de arquitectos Herzog y de Meuron. El resultado final es sorprendente, y la vieja fábrica, dos naves industriales de ladrillo, poco más, se ha convertido en un verdadero icono urbanístico y arquitectónico.Arquitectura industrial.

Este ejemplo no es singular. La Tate Gallery de Londres es fruto de un caso idéntico. La fábrica de cervezas “El Águila” de Madrid es hoy, totalmente remozada, la Biblioteca y Archivo de la Comunidad de Madrid. La vieja Fábrica de Armas de Toledo acoge en la actualidad dependencias de la Universidad de Castilla-La Mancha, y el Palacio de Congresos de Cádiz fue la antigua Fábrica de Tabacos. La antigua azucarera de Vitoria es un edificio de oficinas. Los ejemplos abundan. Todos ellos fueron edificios simples, de materiales tan sencillos como el ladrillo, destacando ante todo por lo pragmático de su composición y espacios. Prácticamente sin concesiones a la estética, debían prestar uso para lo que se habían construido, sin más. Incluso algunos la han considerado la hermana pobre de “la otra arquitectura”. También por ello la arquitectura industrial ha sido infravalorada y tan denostada en toda nuestra geografía. Pero, afortunadamente, de unos años para acá ha aflorado en España una sensibilidad de valoración y protección de estas arquitecturas que las ha librado del olvido y sobre todo de la ruina. Estaba clara la necesidad de su rehabilitación, pero era prioritario darles uso. Hoy, la mayoría de estas antiguas arquitecturas industriales son equipamientos culturales.

Zamora no ha destacado en estos años por su industria. Pero, por el contrario, sí conservamos algunos edificios industriales modernistas, en algún caso de notable importancia, pese a que la mayoría de los que están en desuso se encuentran en trance de auténtica ruina. Lo poco que quedaba de La Alcoholera es nuestro único ejemplo de intervención sobre este patrimonio, de la mano de Francisco Somoza. Mientras tanto, el antiguo Matadero de la Avenida Galicia, de titularidad pública, continúa esperando su hora desde 1996 para albergar la sede de la Biblioteca municipal. Las últimas noticias avanzan que el proyecto original de rehabilitación resulta pequeño por incongruente. Cayó, en cambio, la fábrica de Celulosa Ceibe en lo que hoy mal llamamos Benedictinas. Pero aún nos queda en pie un notable conjunto de inmuebles vinculados a la estación del ferrocarril, lamentablemente destrozados y presa de las pintadas y nuestra desidia. El silo del Servicio Nacional de Productos Agrarios, los servicios de Campsa o los talleres de Renfe bien podrían prestar nuevos usos -que es lo único que garantiza que sigan en pie- como sucede en otras ciudades. Finalmente la fábrica de harinas San Isidro, en la Avenida de la Feria, persiste de milagro amenazada por nuevas viviendas. El fachadismo resulta falso, mientras que su transformación en lofts sería una óptima solución. Y en la provincia, ejemplos como el alarmante estado de La Alcoholera de Santibáñez de Vidriales claman al cielo.

Poner en valor estos inmuebles de arquitectura industrial solo precisa creatividad y voluntad política, por supuesto, sin jugar al escondite con la legislación vigente.

Rafael Ángel García Lozano


 
 
 
 
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