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Han pasado cinco años desde el inicio de la guerra de Irak y ya todo el mundo sabe que se tejió sobre la mentira pero, como muchas veces sucede, al poderoso se le da crédito sin reserva y a ciertas naciones se las considera culpables por definición. Recientemente se ha descubierto por la revista Newsnight que fue un agente doble de Irak, con nombre en código Curveball, quien fabricó los datos más significativos que llevaron a tomar la decisión de la invasión de Irak. En el apoyo a esta mentira, el presidente Bush no estuvo solo, por desgracia le acompañaron Tony Blair y Jose Mª Aznar, ya ambos fuera de sus puestos políticos. El apoyo del primero se entiende por la ya conocida relación especial entre EEUU e Inglaterra; el del segundo, sólo se entiende desde una mente ofuscada por su ego personal al margen de los intereses de su país. Pero con este panorama ya claro, los tres principales actores de este trágico, vergonzoso y macabro sainete siguen seguros de sí mismos y se reafirman en las decisiones que tomaron. Mantienen su orgullo por encima de todo. ¿No será que “el orgullo es el complemento de la ignorancia” como decía el académico francés Fontenelle? Recientemente se ha alcanzado la cifra de 4.000 soldados americanos muertos y un numero desconocido, pero superior a los 150.000 iraquíes además de provocar un éxodo de dos millones de personas ¿Valen más los muertos de los americanos que los otros, que ya no tienen ni ataúdes ni banderas suficientes para enterrarlos, sólo lágrimas y lamentos? Nadie habla de la cantidad ingente de heridos, muchos mutilados tanto física como mentalmente, que van a depender de los subsidios estatales, de las visitas continuas a los hospitales, viendo cada día reflejado en las caras de sus familiares y amigos el dolor del futuro que les espera. ¿Alguien piensa en las miradas ausentes de sus seres queridos? Desde el punto de vista económico, el conflicto en Irak costará tres billones de dólares, según los cálculos hechos por los catedráticos de economía Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, y Linda Bilmes. La guerra de Irak nos ha demostrado que muchas veces las grandes decisiones políticas están construidas sobre la mentira para esconder los verdaderos intereses. En el caso de la guerra de Irak eran intereses económicos basados en las grandes reservas de petróleo que mantiene el país y en el enriquecimiento de los amigos del Presidente Bush. Todavía desconocemos cual será el final de esta mísera historia que a nivel personal ha permitido a nuestro inefable Aznar entrar en el mundo anglosajón, que al parecer tanto admira. Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
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