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El progreso social y personal en una sociedad moderna va muy ligado a su capacidad de asumir riesgos entendiendo como tal el poder que la iniciativa personal tiene en el desarrollo de nuestra comunidad. Lo resumía con precisión Baltasar Gracian en el siglo XVII cuando dice “Pon un gramo de audacia en todo cuanto hagas”. Nadie pone en duda que dentro de España, la provincia de Zamora tiene indicadores sociales y económicos muy por debajo de la media nacional. Las razones que han llevado a esta situación son profundas y abarcan todo el siglo XX. Personalmente, creo que el modelo de desarrollo definido en los años 70 nos dejó fuera de las bolsas de progreso que entonces se diseñaron y que han contribuido a la situación actual. Quedamos dentro de un área en sombra, desde el punto de vista de desarrollo económico, agudizada por la proximidad de una frontera empobrecida, que no estimulaba los intercambios entre las dos naciones. Las fronteras normalmente generan riqueza pero en nuestro caso favorecieron el olvido, estimulado por la desconfianza histórica entre Portugal y España, de la que aún queda algún residuo. Y en estos temas del desarrollo no es lo mismo ser el primero que el último. Nuestra ciudad y provincia han vivido durante muchos años con el pulso bajo y esto ha favorecido el miedo entre nosotros. Por otra parte, desde nuestra entrada en la Unión Europea nos han llovido subvenciones de todo tipo y sobre todas las actividades económicas que han mejorado muchas cosas pero que están ya desapareciendo ¿Seremos capaces de reaccionar cuando ya no existan? Nos estamos convirtiendo en una provincia de lamento continuo que es, en el fondo, un reflejo de cobardía. La única forma de salir de esta situación es arriesgar tanto en el terreno personal como en el social. Cada uno de nosotros tiene potencial suficiente para añadir un gramo de audacia en su vida, como decía Gracian. Mejorando nuestro trabajo, dando y exigiendo calidad en nuestros ámbitos de actividad, formándonos y aprendiendo continuamente, evitando esos falsos atajos de la notoriedad al calor del localismo que nos embarca a veces es objetivos estériles, pensando globalmente para después actuar localmente, estimulando los intercambios y el mestizaje. Debemos intentar fortalecer la sociedad civil y darle voz propia al margen de los políticos; su responsabilidad no excluye la nuestra. Los empresarios deben dedicarse a lo que siempre ha sido su función, poner su inventiva y su dinero al logro de un objetivo económico personal y social no a vivir de las subvenciones ni jugar a políticos. Los partidos políticos también tienen que asumir riesgos para no seguir por la senda marcada desde arriba, para que sus intereses personales no sean más importantes que los de los ciudadanos, para que luchen más por sus comunidades cercanas, para que sean críticos con los liderazgos absolutos de sus partidos. En fin, como decía Vincent Van Gogh “¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentarlo?”. Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
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