¿ESTAN EN SITUACION TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PUBLICOS? (I)
 

Nota: Comentarios del autor en el Debate sobre “Presente y futuro del Casco Histórico de Zamora” compuesto de tres artículo.

 
 

 

      Así de terminante nos lo debemos preguntar ante el futuro con que se van a encontrar los espacios que son de uso público en la Ciudad, la que consideramos como consolidada y que no se refiere a su mantenimiento, que puede ser excelente pero que es insatisfactoria en cuanto al servicio que prestan, a la falta del significado que tuvieron en un pasado no tan lejano por el cambio de los elementos urbanos en que se enmarcaban o por la decadencia de las funciones de toda índole que se desarrollaban, dando una cobertura vital a su entorno.
Sabemos por la Historia que el espacio Madre, el primero en la ciudad, es el que se produjo en la Edad Media como resultado de la conjunción monumental de Catedral y Castillo; que otro espacio lo releva, el originado por el espacio de Mercado, al que termina de fijar el edificio del Municipio, fundación de los Reyes Católicos y, finalmente, el espacio más reciente, el de la Avenida de Requejo, producto de la Remodelación de la ciudad antigua en el siglo XIX.
Estos espacios se convierten en representativos de las clases y poderes que las promueven. Y juntas también definen el eje de centralidad, es decir, del recorrido posicional de los focos de actividad y de poder de la ciudad. Y que, en la actualidad, todavía nos dan un mapa de sus relaciones mutuas, de la intensidad de sus poderes. El actual desbordamiento del crecimiento urbano sobre los límites de la antigua ciudad ha alterado y difuminado este reparto histórico.
Pero si nos atenemos al origen y consolidación de estos espacios a lo largo de su existencia, todos experimentan un desgaste o decadencia que no se merecen y que habría que intentar poner remedio, por lo que será primordial interpretar sus causas. En primer lugar, refirámonos al entorno del Castillo. De su remoto origen medieval lo despega la invasión francesa de 1808, que como es sabido convierten espacio y Castillo en fortín y campo de maniobras, demoliendo el caserío que arropaba la Catedral. Así, este espacio de guerra se conserva inalterado durante mas de cien años y, a principios del siglo XX, se decide convertir este espacio en un parque que la ciudad siempre consideró como un espacio inmerso en el mundo eclesiástico y por ello ligado a festividades conectadas a fechas sacras. Por tanto, ha sido un parque que infancia alguna invadió, más bien todo ha tenido un signo de permanencia, de tiempo inmóvil, como de eternidad. Alteraciones tuvo, como verbenas o festejos nocturnos de diverso tipo, que le han sentado como a “una imagen, dos pistolas”, y así ha permanecido, con ligeros retoques, más que nada para descargo de conciencia. Un día a un alcalde se le ocurre ¿Y si le ponemos estas columnas que tenemos muertas de risa en el almacén?, y a otro ¿No estaría mal que aprovechásemos esta ruina de puerta, con una enredadera que disimulase los muñones? Así pasó el siglo hasta que el Ayuntamiento, con motivo de las Edades del Hombre, decide pavimentar la plaza de la Catedral, porque tenía un firme de carretera todo desconchado. Y todo continúa igual hasta que a otro alcalde, para compensar este ensimismamiento en que se encuentra espacio tan privilegiado, decide que se hagan dos edificios para que le den nueva vida. En uno de ellos estarán ocupados altos magistrados, en el otro lo ocuparán insignes estatuas.
La Plaza Mayor tuvo también un origen importante, pues estuvo ligado al gobierno de la ciudad y al mercado. Se cruzaba con la arteria-eje comercial de la ciudad, que venía a marcar otro eje, que penetraba por la calle de la Feria, Costanilla arriba, pasando al otro lado de la plaza hasta la calle de los Herreros. Esta pequeña plaza Mayor aliviaba su falta de tamaño con la comunicación a través del arco de la casa de las Panaderas, que le daba continuidad con la Costanilla. Espacio propio para las gentes venidas de los pueblos los días de feria semanal y que encontraban cobijo, comida, diversión y flamenco. Nada menos que todo un mundo aparte.
Pero como Plaza, con forma geométrica regular, disponía de soportales, lo que confirmaba la jerarquía de este espacio dentro de la ciudad. Hasta que un día, un purista decide que la iglesia, incrustada desde tiempo inmemorial en la Plaza, debía quedar exenta, es decir, que pudiera contemplarse desde cualquier punto de su contorno. Por ello, nada menos que se vino a hacer algo así como la operación de amputar un brazo a un paciente y así ha quedado hasta el día de hoy. A diferencia con el Castillo, y como compensación del desaguisado, un día se decidió poner una estatua que nos recuerda que todos, en el fondo, seguimos siendo cofrades en esta procesión que es la vida y también en otro, como motivo de recuerdo y agradecimiento, un busto del hombre que engrandeció con sus obras la Semana Santa.¿ESTAN EN SITUACION TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PUBLICOS?
El tercer espacio que caracteriza la ciudad es el más reciente, porque se consigue como uno de los objetivos de la remodelación que sufre la ciudad a finales del siglo XIX. Ya era una moda que, en toda capital que se preciase, existiese un jardín salón para encuentro y paseo de la nueva clase burguesa, que se había convertido en protagonista de la vida de la ciudad. Era un parque relativamente pequeño pero contaba con los elementos que le daban contenido y forma, por ejemplo, de un arco de entrada que se podía iluminar, una fuente de hierro, con chorrito de agua, una casita tirolesa para el guarda y un quiosco de música, con terraza para oír los conciertos de la banda del Regimiento con toda comodidad. Este parque tenía un uso intenso: por las mañanas, niñeras y amas de cría con sillas y cochecitos. Por la tarde, niños revoltosos jugando al escondite detrás de setos , que incomodaban sobremanera a un guarda con tan malas pulgas y ya, mas de tarde, matrimonios sentados, él con bastón o jóvenes maduros paseando arriba y abajo, día tras día y, en tal caso, extendiendo el paseo a Santa Clara. El espacio sigue siendo aproximadamente el mismo, pero el entorno es otro. Porque era una zona que venía a ser la expresión del éxito social y las edificaciones eran elegantes chalet, algunos con categoría de mansión, y fincas con árboles y cerramientos de gran porte. Y ya no es lo mismo desde que este espacio aparece rodeado de bloques, mal ajustados entre sí, de alta edificabilidad y con una ordenanza que no es la original. Además, aquellos niños se han hecho viejos ¿Y cómo sacar del impasse a estos espacios y devolverles el viejo esplendor? Otro día hablaremos de las oportunidades que aparecen como posibles. Y eso, siempre contando con la gente
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ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 13 de abril de 2008



 
 
 
 
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