¿ESTAN EN SITUACION TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PUBLICOS? (II)
 

Nota: Comentarios del autor en el Debate sobre “Presente y futuro del Casco Histórico de Zamora” compuesto de tres artículo.

 
 

 

      Estos espacios públicos que mencionábamos en el anterior artículo, puede que sean los fundamentales en la configuración, por lo menos mental, de la ciudad tal como lo han sido sin duda en el pasado. No han tenido la suerte de que otros espacios hayan venido a reforzar el sistema de espacios públicos, como sería normal de acuerdo con el crecimiento de la ciudad. Es decir, aún conservado aura y prestigio, han perdido funcionalidad y, con ello, significado para la ciudad. Sólo les queda el prestigio de lo viejo, que solo les ha dado su superficial coraza. Todo ello viene a ser el resultado del enfoque de los sucesivos planes que han regulado su desarrollo urbano durante la segunda mitad del siglo pasado, conviviendo con una ciudad asediada por la especulación que ha terminado por condicionar su desarrollo.
Una ciudad como la nuestra, que contaba con abundantes espacios libres (de uso privado) y directamente implicados con dotaciones específicas, han venido a terminar siendo utilizados como base de edificabilidad para nuevos asentamientos residenciales, sin reforma alguna en su planimetría, que repartiese los nuevos volúmenes en lotes, en consonancia con las dimensiones del tejido urbano existente. Y si se trataba de aumentar las edificabilidades, pues habría que haber atendido a aumentar las provisiones para dotaciones y espacios públicos de los nuevos núcleos poblacionales. Estos espacios, base de nuevos conjuntos residenciales, han sido de titularidad publica del Estado o de la Iglesia y, lo que es más extraño, que ambas instituciones se desentendiesen del futuro de un entorno que podían haber encauzado bajo su protección. La masificación de la trama urbana ha alcanzado, en determinadas zonas centrales de la ciudad, cotas que la alejan de cualquier forma de aceptación.
A diferencia de las reformas que se llevaron a cabo a finales del siglo XIX, en que además de la apertura de calles se lograron equipamientos y edificaciones con nuevas tipologías adecuadas para un nuevo tipo de usuarios y que guardaban proporción con la dimensión de sus calles. Las reformas del siglo XX, en cambio, se basaron en obtener la máxima edificación y para ello se renunció a la apertura de nuevas calles, optando por aumentar el fondo y largo de los bloques edificatorios, aunque se dio paso a un nuevo tipo de viviendas interiores, con fachadas únicas a patios. Y como se necesitó sitio para los equipamientos que atendiesen al plus de habitantes, la solución fue bien sencilla, aumentando la altura de los bloques de edificación, como es patente en las Huertas de San Pablo.
Ya me he referido a este tipo de deterioro de un escenario que han cambiado los factores que determinaron su forma, partiendo de los pequeños bloques residenciales por los grandes volúmenes que rodean a la actual Avenida de Requejo. También han cambiado sus formas de uso y de los hábitos de sus actuales usuarios. Ya no hay niños en el Parque como antaño, que a determinadas horas del día ocupaban, sin contemplación alguna con los mayores, el paseo. Ahora la Avenida se ha acercado a un tiempo que, como en el caso del Parque del Castillo, ya ha aceptado el papel de espacio sumido en un letargo en que la única vida evoca al pasado.
La Plaza Mayor aparece en el siglo XV y viene a consolidar el espacio de mercado, con la erección del nuevo edificio consistorial. Este espacio se convierte en el cruce de la vía de desarrollo longitudinal de la ciudad, que arrancaba del núcleo original del Castillo hasta la puerta de Santa Clara, con la otra vía que partía de la Costanilla y se prolongaba por la calle de los Herreros. A finales del siglo XIX, se produce la regularización de las alineaciones de los bloques laterales y del edificio de la Casa de las Panaderas, que con su arco daba continuidad a la Plaza con la Costanilla, como espacio añadido de mercado y de acceso inmediato a la puerta de la ciudad. De entonces son también los soportales con arcos de piedra, los únicos en la ciudad, rasgo a tener en cuenta por ser atípico y también porque pone en evidencia los caracteres escuetos, sin soluciones amortiguadoras, que suelen darse en el espacio público de la ciudad. Esta Plaza Mayor ha tenido su época dorada cuando era importante el comercio para la gente venida de los pueblos: artículos de guarnicionería, aperos, cordelería, etc. que se extendían en puestos y comercios hasta la puerta de la Feria. En la Plaza las gentes de los pueblos se encontraban además con establecimientos que estaban de acuerdo con sus gustos, como casas de comidas, cafés para echar la partida y, a sus debidas horas, ambiente flamenco.
El rigor historicista cayó sobre la Plaza en los años 50, cuando se decidió demoler el cuerpo de edificación adosado a la iglesia de San Juan para que esta quedase exenta. Lo que se consiguió es que apareciese un frente de piedra inexpresivo y que la plaza, que tenía una forma regular en la que quedaban centrados los dos edificios municipales, parece que retornó a un pasado cuando el espacio de la ciudad era el mero resultado de un espacio que los edificios no habían llegado a ocupar. ¿ESTAN EN UNA SITUACIÓN TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PÚBLICOS? (II)
Para reparar el desaguisado, sólo se han hecho algunos concursos de ideas. No va ser fácil volver a la situación precedente. Pero aunque se tratase de dotar a esta plaza del mobiliario urbano preciso que ayudase a adivinar la forma geométrica de la Plaza y ofreciese un sitio de acogida, tal como puede ser un cafetín, un puesto de prensa y alguna otra cosa de construcción liviana, minimalista, lo suficiente para ofrecer una posibilidad de parada al caminante que siempre agradecerá la más mínima ayuda !Qué poca tregua se le da al visitante en esta ciudad!
Y ya que hablamos del tratamiento sumario del espacio en nuestra ciudad como es la falta de soportales o de la rudeza de algunos acabados, como en la plaza de Viriato, pasamos al espacio emblemático de la Ciudad, el del entorno de la catedral. Hasta que se hizo la exposición de las Edades del Hombre en el año 2003, la plaza de la catedral tenía un pavimento propio de camino carretero, asfaltado y con desconchones. Se han hecho mejoras en cuanto a iluminación y últimamente de pavimentación. Este entorno sufre del mismo mal que el resto del barrio, abandono de su población y falta de actividades. Con el agravante de que los habitantes que permanecen no parece que hayan podido desarrollar un sentido de pertenencia, como antes era una constante en todo barrio que se preciara. Este entorno de marcada tradición eclesiástica, no digiere bien su laicización y más bien parece que se ha quedado sin sustancia, como una postal viva, pero que no invita a investigar en más honduras. Pero creo que al sitio le espera una segunda oportunidad.
Hay que remontarse al siglo XVII para señalar de cómo un aporte de arquitectura a la catedral, en una solución atípica, facilita el encuentro mediante el nuevo pórtico a una ciudad que al crecer, se estaba alejando del monumento. El maestro de obra, buen conocedor de los órdenes clásicos, realizó su nuevo pórtico en un estilo purista, cosa original pues lo más corriente en los añadidos que se hacían a las viejas catedrales eran realizados en estilo plateresco. Estas alteraciones de la arquitectura original tenían la pretensión de buscar un acuerdo del monumento con las trazas urbanas. Esto es patente en Santiago de Compostela, en que el añadido barroco de la catedral prepara el escenario en que se alzará el templo renovado y que marcará las formas del resto de la ciudad. Aquí, el artífice de formación clasicista nos marca el camino para ordenar el futuro encuentro de templo y ciudad. Operación que no se ha hecho hasta la fecha y que pone a nuestra generación ante el deber moral que tenemos frente a la ciudad.
En fechas recientes aparecen razones nuevas para que este entorno sea abordado, de forma global, y de que se movilicen los recursos de la ciudad para emprender las reformas necesarias para que este entorno pueda alcanzar los niveles de perfección y se le dé los recursos que le devuelva la centralidad efectiva que nunca tuvo pero que, sin embargo, no dejó de representar. El descubrimiento de los espacios ocultos que se han revelado en las obras previas del Castillo, para la realización del futuro museo de Baltasar Lobo, marcan un hito principal en este entorno. Estos restos de dimensiones ciclópeas tienen el carácter de una clase de grandeza que parece rescatada de los avatares de la Historia. Al ser un espacio casi mítico, es en sí un espectáculo y por ello no debería ser minusvalorado como soporte fijo de actividad concreta alguna. De por sí es ya la representación, con la cualidad mas alta que puede imaginarse del espacio público, que pueda darse dentro de la Ciudad. Por ello, este espacio vendría a convertirse en el núcleo esencial del programa global de las funciones del parque y Castillo y alrededor de él girando el Museo, los locales de ocio y de acogida para propios y extraños.
Es toda una oportunidad y también una compensación que permitiría resarcir a la Ciudad de la postración en que se encuentran nuestros espacios públicos antiguos y que son los que más fielmente la deben caracterizar. Y acompañada del efecto dinamizador que sobrevendría para la parte más antigua de la Ciudad.
Todo el programa de revitalización del Castillo, que además del Museo previsto deberá contar con espacios de acogida para los visitantes, como una pequeña cafetería, comercio de prensa, souvenir y de locales para de reunión para los vecinos del barrio, en especial los jóvenes, y de apoyo a los festejos masivos que se desarrollen tanto dentro del recinto del Castillo como los espacios anejos. Por eso deberá ser prioritaria la comunicación inmediata entre espacios interiores y exteriores, por lo que se deberán poner en el mismo nivel las rasantes del interior con las del exterior, es decir, del denominado foso, suprimiéndolo.
Con ello, tanto Catedral como Castillo recuperarán las alturas originales, tal como fueron concebidos y con ello la prestancia que tuvieron hasta el siglo XIX y facilitaría asimismo el acceso a los almacenes anejos al Palacio del Obispo. A este espacio inédito, le sobran cualidades para que se convierta en el que resuma los mejores atributos de la ciudad
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ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 17 de abril de 2008



 
 
 
 
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