¿ESTAN EN SITUACION TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PUBLICOS? (y III)
 

Nota: Comentarios del autor en el Debate sobre “Presente y futuro del Casco Histórico de Zamora” compuesto de tres artículo.

 
 

 

      Como hemos señalado en los anteriores artículos de esta serie, el descubrimiento  de los espacios de “ruina monumental” del Castillo puede convertirlos  en el núcleo generador de  las varias actividades  que se deben acoger en este entorno y que van a contribuir a ser  potenciadoras de una centralidad  que, a modo de constelación, las propicie para  visitantes y  también para el    vecindario  de todos los días. Todas estas actividades se van a potenciar mutuamente  al resguardo del este entorno. Y especialmente, el primer beneficiado sería  el futuro Museo ¿quién piensa que podría mantenerse  vivo sino apoyándose  en la actividad de este nuevo Centro urbano, que le preste la calidad  de vida urbana que le pueden propiciar   los ciudadanos?
Este  nuevo Centro deberá venir a ser como un nuevo centro  gravitatorio que compense el actual desequilibrio que sufre la ciudad. Pero no puede seguir con la precaridad de comunicaciones  en que está actualmente; ahora es un confín al que se llega en travesías sin respiro, que enfrían el  ánimo al que intenta alcanzarlo.
Para  dar nuevo vigor a esta comunicación  que una  puntos focales de interés para el visitante, tendremos que cuidar  que sean reconocible en nuevos itinerarios y  que van a  abrirnos a otras  visiones, hoy día  inéditas, de la ciudad.  Habrá que abrir al espacio público otros espacios olvidados, unos ocultos tras viejas edificaciones sin uso. Y también  podremos recuperar  adarves de las murallas, espacios   al fondo de parcelas sin uso posible, sendas que corren en la  ribera, etc. Un  punto  crítico y que  hasta  la fecha nadie se ha atrevido a plantear y que supone una limitación  a la mejora sustancial de este entorno del Castillo es el fondo de saco que la mantiene sin continuidad posible, más allá  del corte que  marcan las murallas, con las barriadas  situadas junto al río. Resolver esta discontinuidad  sería beneficioso para los habitantes de cada una de las partes, en uno y otro nivel. Y además potenciaría el interés por enlazar con las sendas   que discurren en la ribera. Por ello, lanzo la sugerencia, para que se vaya madurando la  posibilidad  siguiente, juntamente con otras alternativas, para conseguir  la comunicación entre estas dos zonas que tienen tal diferencia de niveles,  que consistiría en la inclusión  de una escalera mecánica en las murallas. En Toledo existía  un caso análogo de incomunicación entre la parte alta de la ciudad y una zona de aparcamiento al aire libre, que se  denomina La Granja, y que se ha resuelto con una escalera mecánica integrada en la muralla. El proyecto fue expuesto en Nueva York  formando parte de  una selección de los mejores proyectos realizados en este país en los últimos años. Y no se olvide que Toledo es una ciudad Patrimonio de la Humanidad.  Dichas escaleras, aparte de servir a los vecinos de ambas zonas, permitiría abordar la posibilidad de  un nuevo acceso para los turistas, con  posibles zonas de aparcamiento cercanas.
Después del recuento de cómo se ha gestionado  el desarrollo de la ciudad  histórica, eludiendo  todo esfuerzo que fuese enriquecedor  para ella y dejando lo importante  a un futuro  sin fecha y  lejos de  toda reforma auténtica,  creo que ha llegado el momento de abordar  la trasformación y puesta a punto  de este entorno, cambiando las premisas  que  hasta ahora han regido su desarrollo. Será necesario invertir esfuerzos y dinero, pero la ciudad lo devolverá con creces reafirmando una identidad dilapidada  en gran parte y  convertir  este entorno monumental en el principal  polo de centralidad  de la ciudad.¿ESTÁN EN UNA SITUACIÓN TERMINAL NUESTROS ESPACIOS PUBLICOS?  (y III). ANTONIO VILORIA
Para llegar al cumplimiento de  objetivos tan variados y complejos se necesitaría  hacer previamente una labor  aclaratoria del alcance y medios  disponibles para ejecutarlo, con una  labor de tipo didáctico, para que  los ciudadanos  se enteren y aporten  sus opiniones, que   se perfeccionen  el alcance de los objetivos y se logre el mejor  entendimiento y aceptación del proyecto.
Para ir perfilando las soluciones de su diseño, se deberán hacer una serie de trabajos previos que  ordenasen los sucesivos escalones de  decisión  hasta llegar a concretar los medios y  objetivos  a proponer. Uno de los puntos de partida para  poder anticipar un  marco de  actuaciones  sería  a través de  concursos de ideas que, además de las exposiciones  públicas  con las propuestas, se debería acompañar de  debates  en que  autores y público expondrían sus puntos de vista sobre las distintas  soluciones.
Pero para no repetir el modelo que se ha seguido en el pasado, tan permisivo con el modo de gestión del plan y  marcado por la línea del menor  esfuerzo aunque ello haya derivado en  la destrucción de  tramas urbanas y edificios singulares, habría que  asumir con todas las consecuencias la remodelación del sector partiendo de su diseño planimétrico que  fuese la clave para  toda la labor de acompañamiento y detalle  de diseño necesarias, aunque ello comporte  procesos de compensación o reparto como todo proceso urbanístico exige.  En el caso presente es una ventaja el que las propiedades de la Iglesia ocupen, por su extensión y  calidad,  una parte importante del sector,  lo que la convierte en su casi  exclusivo protagonista. Ello permitirá abordar de una forma global el ordenamiento de la zona, el futuro uso y trasformación de sus propiedades y el alcance de las medidas de protección para los edificios singulares. Y de la toma en consideración de su  posible forma de implicación, como operador inmobiliario. Pues parece legítimo que la mejora del sector vaya unida a  la decisiva colaboración de la Iglesia, como lo fue en el pasado y que  pase de ser  una mera receptora de las plusvalías  del suelo, a una perceptora de las rentas y beneficios por su actividad inmobiliaria.

ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 17 de abril de 2008



 
 
 
 
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