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Como hemos señalado en los anteriores artículos de esta serie, el descubrimiento de los espacios de “ruina monumental” del Castillo puede convertirlos en el núcleo generador de las varias actividades que se deben acoger en este entorno y que van a contribuir a ser potenciadoras de una centralidad que, a modo de constelación, las propicie para visitantes y también para el vecindario de todos los días. Todas estas actividades se van a potenciar mutuamente al resguardo del este entorno. Y especialmente, el primer beneficiado sería el futuro Museo ¿quién piensa que podría mantenerse vivo sino apoyándose en la actividad de este nuevo Centro urbano, que le preste la calidad de vida urbana que le pueden propiciar los ciudadanos?
Este nuevo Centro deberá venir a ser como un nuevo centro gravitatorio que compense el actual desequilibrio que sufre la ciudad. Pero no puede seguir con la precaridad de comunicaciones en que está actualmente; ahora es un confín al que se llega en travesías sin respiro, que enfrían el ánimo al que intenta alcanzarlo.
Para dar nuevo vigor a esta comunicación que una puntos focales de interés para el visitante, tendremos que cuidar que sean reconocible en nuevos itinerarios y que van a abrirnos a otras visiones, hoy día inéditas, de la ciudad. Habrá que abrir al espacio público otros espacios olvidados, unos ocultos tras viejas edificaciones sin uso. Y también podremos recuperar adarves de las murallas, espacios al fondo de parcelas sin uso posible, sendas que corren en la ribera, etc. Un punto crítico y que hasta la fecha nadie se ha atrevido a plantear y que supone una limitación a la mejora sustancial de este entorno del Castillo es el fondo de saco que la mantiene sin continuidad posible, más allá del corte que marcan las murallas, con las barriadas situadas junto al río. Resolver esta discontinuidad sería beneficioso para los habitantes de cada una de las partes, en uno y otro nivel. Y además potenciaría el interés por enlazar con las sendas que discurren en la ribera. Por ello, lanzo la sugerencia, para que se vaya madurando la posibilidad siguiente, juntamente con otras alternativas, para conseguir la comunicación entre estas dos zonas que tienen tal diferencia de niveles, que consistiría en la inclusión de una escalera mecánica en las murallas. En Toledo existía un caso análogo de incomunicación entre la parte alta de la ciudad y una zona de aparcamiento al aire libre, que se denomina La Granja, y que se ha resuelto con una escalera mecánica integrada en la muralla. El proyecto fue expuesto en Nueva York formando parte de una selección de los mejores proyectos realizados en este país en los últimos años. Y no se olvide que Toledo es una ciudad Patrimonio de la Humanidad. Dichas escaleras, aparte de servir a los vecinos de ambas zonas, permitiría abordar la posibilidad de un nuevo acceso para los turistas, con posibles zonas de aparcamiento cercanas.
Después del recuento de cómo se ha gestionado el desarrollo de la ciudad histórica, eludiendo todo esfuerzo que fuese enriquecedor para ella y dejando lo importante a un futuro sin fecha y lejos de toda reforma auténtica, creo que ha llegado el momento de abordar la trasformación y puesta a punto de este entorno, cambiando las premisas que hasta ahora han regido su desarrollo. Será necesario invertir esfuerzos y dinero, pero la ciudad lo devolverá con creces reafirmando una identidad dilapidada en gran parte y convertir este entorno monumental en el principal polo de centralidad de la ciudad.
Para llegar al cumplimiento de objetivos tan variados y complejos se necesitaría hacer previamente una labor aclaratoria del alcance y medios disponibles para ejecutarlo, con una labor de tipo didáctico, para que los ciudadanos se enteren y aporten sus opiniones, que se perfeccionen el alcance de los objetivos y se logre el mejor entendimiento y aceptación del proyecto.
Para ir perfilando las soluciones de su diseño, se deberán hacer una serie de trabajos previos que ordenasen los sucesivos escalones de decisión hasta llegar a concretar los medios y objetivos a proponer. Uno de los puntos de partida para poder anticipar un marco de actuaciones sería a través de concursos de ideas que, además de las exposiciones públicas con las propuestas, se debería acompañar de debates en que autores y público expondrían sus puntos de vista sobre las distintas soluciones.
Pero para no repetir el modelo que se ha seguido en el pasado, tan permisivo con el modo de gestión del plan y marcado por la línea del menor esfuerzo aunque ello haya derivado en la destrucción de tramas urbanas y edificios singulares, habría que asumir con todas las consecuencias la remodelación del sector partiendo de su diseño planimétrico que fuese la clave para toda la labor de acompañamiento y detalle de diseño necesarias, aunque ello comporte procesos de compensación o reparto como todo proceso urbanístico exige. En el caso presente es una ventaja el que las propiedades de la Iglesia ocupen, por su extensión y calidad, una parte importante del sector, lo que la convierte en su casi exclusivo protagonista. Ello permitirá abordar de una forma global el ordenamiento de la zona, el futuro uso y trasformación de sus propiedades y el alcance de las medidas de protección para los edificios singulares. Y de la toma en consideración de su posible forma de implicación, como operador inmobiliario. Pues parece legítimo que la mejora del sector vaya unida a la decisiva colaboración de la Iglesia, como lo fue en el pasado y que pase de ser una mera receptora de las plusvalías del suelo, a una perceptora de las rentas y beneficios por su actividad inmobiliaria.
ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 17 de abril de 2008
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