BUENA GERA (6.05.08)
 

 

      Aprovechando que el dos de mayo pasa por Zamora (creo que El Empecinado fue gobernador de la ciudad y que Benavente sufrió el desquicie de las tropas inglesas; no olvido Villagodio) traigo un libro que no habla de la guerra de la independencia sino del tiempo posterior. Suele interesarme más las consecuencias de los procesos que el momento álgido que pasa a la historia. El libro es de un inglés, Richard Ford, que fue testigo de esa época posterior a la geurra, quizá, en palabras de Gerald Brenan, el primer hispanófilo. Su título “Las cosas de España”. Son muchas las “maravillas” que cuenta. Una, su testimonio sobre la guerra de guerrillas en donde emparienta a nuestro Viriato (latrones para los romanos) con las estrategias contra Bonaparte (ladrones para los franceses). Y nos habla, aquí la cosa, de lo que llegaron a representar los Bandoleros españoles. Leo:
“Durante la guerra contra Buonaparte, la Península hervía de insurrectos, muchos de ellos impulsados de un sentimiento de lealtad a su rey, de indignación por su religión ultrajada y de odio arraigado al gabacho. Buenos servicios prestaron los Mina y compañía a la causa de su legítimo rey, pero otros utilizaban sus patrióticos oficios como capa para cubrir su instintiva pasión por el saqueo y libertinaje, y antes de que su país se viera libre de invasores, eran ya un enemigo formidable para todos los partidos” (pag 211)”
Una página después trata sobre el contrabando, oficio también de bandoleros. Leo:
“Los reglamentos fiscales son tan ingeniosamente absurdos, complicados y vejatorios, que el honrado comerciante encuentra molestias y entorpecimientos allí donde el estafador halla mil facilidades…el azote del fisco conduce a perturbaciones de orden público, perjuicios al comerciante honrado y pérdida de renta al Tesoro”.
Ante esa injusticia, advierte Ford, se justifica la defensa del contrabandista, lo justifica el cura en el sermón y la cultura, idolatrando las figuras de cerámica de bandidos en traje de majo y trabuco que, sobre el pedestal de las chimeneas, sirven de adorno a las casas. Leo:
“El verdadero contrabandista es bien recibido…:lleva té y charla para el cura, cigarros y dinero para el juez, cintas e hilo para las mujeres” y además es buen mozo “el atractivo del poder, la demostración de osadía y valor, la idea de llegar a hacerse rico fácilmente son cualidades sugestivas para las naciones medio civilizadas”
“Las Cosas de España” tiene por título este libro que parece hablar del presente a poca fineza interpretativa que se tenga. Y termina el capítulo citando a bandidos de medio pelo llamados raterillos y como contra todos ellos se forma la guardia civil, los Mozos de Escuadra en Cataluña, y los Miqueletes (escoltas) que muchos ejercieron de ladrones, indultados al alistarse, y temidos por los bandidos en activo ya que eran compañeros de oficio.

Se cuenta, pues, lo que para este viajero y dibujante era la España que en parte quedó como rémora de la resistencia a los franceses. Aunque insisto, me interesa esa consecuencia histórica porque creo que España ha repetido, desde entonces, varias veces el mismo cuento, la misma historia. En España engañar al fisco sigue siendo motivo de admiración; todos conocemos a los contrabandistas y bandoleros modernos, vean la tele; seguimos prefiriendo hacernos ricos inmediatamente y con poco trabajo: Operación Triunfo, Operación ladrillo, Operación en Clínicas Privadas. “Cosas de España”, Richard Ford, un libro para chuparse los ojos. Ya tienen qué leer hasta el martes que viene. Buena gera.

Fernando Martos.


 
 
 
 
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