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Aprovechando
que el dos de mayo pasa por Zamora (creo que El Empecinado
fue gobernador de la ciudad y que Benavente sufrió
el desquicie de las tropas inglesas; no olvido Villagodio)
traigo un libro que no habla de la guerra de la independencia
sino del tiempo posterior. Suele interesarme más
las consecuencias de los procesos que el momento álgido
que pasa a la historia. El libro es de un inglés,
Richard Ford, que fue testigo de esa época posterior
a la geurra, quizá, en palabras de Gerald Brenan,
el primer hispanófilo. Su título “Las
cosas de España”. Son muchas las “maravillas”
que cuenta. Una, su testimonio sobre la guerra de guerrillas
en donde emparienta a nuestro Viriato (latrones
para los romanos) con las estrategias contra Bonaparte (ladrones
para los franceses). Y nos habla, aquí la cosa, de
lo que llegaron a representar los Bandoleros españoles.
Leo:
“Durante la guerra contra Buonaparte, la Península
hervía de insurrectos, muchos de ellos impulsados
de un sentimiento de lealtad a su rey, de indignación
por su religión ultrajada y de odio arraigado al
gabacho. Buenos servicios prestaron los Mina y compañía
a la causa de su legítimo rey, pero otros utilizaban
sus patrióticos oficios como capa para cubrir su
instintiva pasión por el saqueo y libertinaje, y
antes de que su país se viera libre de invasores,
eran ya un enemigo formidable para todos los partidos”
(pag 211)”
Una página después trata sobre el contrabando,
oficio también de bandoleros. Leo:
“Los reglamentos fiscales son tan ingeniosamente absurdos,
complicados y vejatorios, que el honrado comerciante encuentra
molestias y entorpecimientos allí donde el estafador
halla mil facilidades…el azote del fisco conduce a
perturbaciones de orden público, perjuicios al comerciante
honrado y pérdida de renta al Tesoro”.
Ante esa injusticia, advierte Ford, se justifica la defensa
del contrabandista, lo justifica el cura en el sermón
y la cultura, idolatrando las figuras de cerámica
de bandidos en traje de majo y trabuco que, sobre el pedestal
de las chimeneas, sirven de adorno a las casas. Leo:
“El verdadero contrabandista es bien recibido…:lleva
té y charla para el cura, cigarros y dinero para
el juez, cintas e hilo para las mujeres” y además
es buen mozo “el atractivo del poder, la demostración
de osadía y valor, la idea de llegar a hacerse rico
fácilmente son cualidades sugestivas para las naciones
medio civilizadas”
“Las Cosas de España” tiene por título
este libro que parece hablar del presente a poca fineza
interpretativa que se tenga. Y termina el capítulo
citando a bandidos de medio pelo llamados raterillos
y como contra todos ellos se forma la guardia civil, los
Mozos de Escuadra en Cataluña, y los Miqueletes (escoltas)
que muchos ejercieron de ladrones, indultados al alistarse,
y temidos por los bandidos en activo ya que eran compañeros
de oficio.
Se cuenta,
pues, lo que para este viajero y dibujante era la España
que en parte quedó como rémora de la resistencia
a los franceses. Aunque insisto, me interesa esa consecuencia
histórica porque creo que España ha repetido,
desde entonces, varias veces el mismo cuento, la misma historia.
En España engañar al fisco sigue siendo motivo
de admiración; todos conocemos a los contrabandistas
y bandoleros modernos, vean la tele; seguimos prefiriendo
hacernos ricos inmediatamente y con poco trabajo: Operación
Triunfo, Operación ladrillo, Operación en
Clínicas Privadas. “Cosas de España”,
Richard Ford, un libro para chuparse los ojos. Ya tienen
qué leer hasta el martes que viene. Buena gera.
Fernando Martos.
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