BUENA GERA (13.05.08)
EL SECRETO DEL ORÁCULO
 

 

      La obra de José Ángel Mañas que trata la peripecia del joven Alejandro, “El Secreto del Oráculo”, no es una novela más que intenta historiar la aventura y desventura de un joven que a los veinte años ya era emperador y se comió el mundo hasta que el estómago de su ejército no pudo más y lo dejó en la estacada. Vale la pena entretenerse unos días en su prosa, la narración es ágil y la tensión, aunque todos sepamos el final, se mantiene porque profundiza en el personaje justo desde el momento que pasa de mito a hombre.

Otras novelas sobre el macedonio, o lo tratan como héroe homérico, capaz de ampliar nuevos horizontes por su genio militar, o como un ambiciosos tirano con un desastroso carácter, para narrar con precisión su itinerario épico. En el “Secreto del Oráculo”, de José Ángel Mañas, casi la figura de Alejandro es secundaria o al menos supone una historia paralela pues su aventura se cuenta desde el eco, desde las consecuencias que para el resto de los protagonistas tienen las decisiones visionarias de su emperador. Son los otros los que nos cuentan. Y a este recurso narrativo le añade otro acierto: la narración de los muertos que se presentan a descargar su relato cuando Alejandro agoniza. Este recurso, a parte de romper la línea cronológica de la narración, lo que la hace más amena, concede un punto de vista objetivo sobre Alejandro. Los muertos son capaces, como un narrador omnisciente, de reflexionar sobre los hechos y las consecuencias de la vida del rey macedonio porque lo saben todo. Y con este recurso aparece lo que para mí es lo más valioso de “El Secreto del Oráculo” y que hace su lectura pertinente y necesaria hoy: la permanente reflexión sobre la obsesión natural e irreprimible de ciertos hombres por el poder, con qué símbolos negocia, cómo su destrucción es la de todos, y cómo pasa del convencer al vencer sin más ética que su ambición.

Nuestra civilización está llena de Alejandros que con más o menos fortuna nos han llevado a orillas de nada. Existen estudios neurológicos recientes sobre la predisposición de ciertos cerebros a ejercer su poder sobre el resto de seres vivos, así como de otros cerebros que actúan al contrario. Algunas consecuencias para ambos están en esta novela.

Llegamos al final, cerramos el libro, levantamos la vista y nos enteramos de que la NASA busca nuevos astronautas para la conquista de las fronteras del universo. Nuevos Alejandros a los que yo no pienso acompañar. Me quedo en Grecia, con Aristóteles y con José Ángel Mañas, hablando de democracia, y con ustedes si leen “El Secreto del Oráculo”, pero no les presagio más conquista que la de uno mismo. Ya tienen que leer hasta el próximo martes. Buena gera.

Fernando Martos.


 
 
 
 
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