Buenas tardes y buena suerte (20-05-08)
 

      Leo en un artículo publicado en la prensa nacional que ya han empezado a llegar a las consultas de los psiquiatras personas adictas a los teléfonos móviles. Personalmente no me ha extrañado la noticia ya que llevo mucho tiempo observando las conductas que este nuevo instrumento de la modernidad provoca en la gente. Personas, en especial jovencitas, que se recorren toda santa Clara mirando al teléfono, ajenas a peatones y otros obstáculos de la calle. También es normal ver a gente en plena calle dando grandes zancadas y hablando en voz alta, haciendo su pequeña representación de la importancia y, a la vez, molestando a todo el mundo. Y como no, nuestros queridos políticos, que sin el móvil no son nada; es el vínculo que les une con el poder, noche y día, al servicio de todos. Eso me tranquiliza.
Los que claramente salen ganando de esta mezcla de utilidad, estupidez, representación y falsa modernidad son las compañías del ramo.  El citado artículo también señala que mucha de esta gente empieza a sentir pánico por quedarse sin cobertura. Y yo me pregunto, ¿a qué cobertura se refiere? Pienso que posiblemente se refiere más a la pérdida de cobertura mental que a la técnica. Todo esto viene a cuento porque en nuestros días mucha gente está identificando “personalidad” con “consumo”. Las personalidad se consigue teniendo un móvil, usando determinadas marcas de vestir,  chateando-que no de vinos- por Internet y soltando alguna palabra rara en inglés. Evidentemente, estos falsos atajos que siguen algunos jóvenes son de una pobreza futura preocupante, sobre todo para ellos mismos. Ya no es necesario estudiar o trabajar duro, tener sensibilidad por las calamidades que ocurren  a nuestro alrededor, salir al extranjero para ver otras perspectivas, conocer a gentes distintas y aprender otras lenguas para conseguir su propia personalidad. Todo esto, que nace del esfuerzo y del compromiso, lo consigues por los pocos euros que puede costar un teléfono móvil.
A toda esta comedia, contribuyen mucho los padres, tan modernos, que les compran el invento a sus hijos, incluso sin pedirlo, porque así saben siempre donde están, expresión muy usada por los padres responsables. Craso error porque antes, cuando llamabas a casa, a la pensión o al colegio mayor, ya sabías algo seguro, que estaba o no estaba la criatura. Hoy día, cuando te coge el móvil, no sabes realmente nada, ya que puede estar estudiando en casa del amigo o en la cama con una compañera. Ese mismo estudio comenta que las personas con esta adicción se pueden gastar hasta 800 euros mensuales tan ricamente.

Pero no echemos la culpa al instrumento, ya sea móvil, ordenador, Internet o al gusto por las marcas; la culpa la tiene el modelo de sociedad basado en el consumo, el enorme desconcierto y debilidad familiar para encauzar a los hijos y el fracaso, a la hora de formar valores sólidos, de la educación primaria y secundaria. Buenas tardes y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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