Buenas tardes y buena suerte (3-06-08)
 

      Esta semana se va a colocar en el Parque de la Marina, de forma perenne,  una gran bandera española y rendir el correspondiente homenaje, con la presencia de toda la parafernalia que acompaña a estos actos. En este país, el tema de las banderas siempre ha sido muy controvertido. Los nacionalistas han sido quienes más la han exhibido pero en los últimos tiempos, a nivel del Estado, ha sido el PP quien más la ha sacado a la calle. No olvidemos que la enorme sábana española que ondea en la plaza de Colón de Madrid la puso ya hace años el entonces ministro Federico Trillo.
Todo el mundo relaciona la bandera con una identidad cultural, social y territorial determinada, ligada a la palabra patria, término que en este país no acaba de encontrar un acomodo fácil. Quizá la mejor definición de patria la dio en su día Albert Camus cuando decía: “La Patria es la selección nacional de football de un país”. Siguiendo esta definición, se entiende porqué algunas comunidades tienen su propia selección de football y la presión que están ejerciendo para que sean reconocidas oficialmente y puedan participar en torneos internacionales.  Por consiguiente el que se manifiesta con este símbolo está identificándose o reclamando su identidad. También es sabido que los que reclaman con demasiado fuerza identidades excluyen muchas veces otras también importantes. No es fácil ver ciertas  banderas juntas, salvo por obligación administrativa. Pero en una sociedad compleja, la identidad puede tener muchos niveles y a veces la que representa una bandera no es la más importante para muchas personas.  La búsqueda de la identidad, sea del nivel que sea, siempre exige compromiso y eso supone esfuerzo, reflexión, inseguridad y sobre todo muchas dudas personales y sociales. También exige un respecto hacia otras opciones. Por ello, hoy en día es más sencillo asumir identidades a la carta, aquellas que por enunciarlas o exhibirlas ya las consideramos nuestras, sin más. Y a veces una bandera en un mástil ayuda a ello.

Reconozco que nunca me han gustado las banderas como símbolo de agrupación de personas y culturas. Suele convertirse en un atributo demasiado manoseado por muchos tipos de intereses. Algo similar ocurre con el término “tradición”, tan usado en estos pagos, que tiene tantas novias y novios en esta tierra zamorana, con el que se construyen tantos currículos personales. Como es evidente, no voy a negar la importancia social y cultural de ese pasado en común pero me asusta el fondo inmovilista y simplista que conlleva la proliferación de actos culturales apoyados en esa base, que en muchas ocasiones deforma la realidad histórica y sirve de tapón a una visión universalista de la cultura y del progreso. Es conocida la frase, atribuida a Montaigne, de que la tradición es la causa de todas las ignorancias, en el sentido de que no deja ver otras opciones. También, como ocurre con las banderas, es un camino de comodidad personal; con decir que uno es muy tradicionalista con lo de su tierra ya se ha definido y en paz, y si además alguna vez te dejan agarrar un pendón, ya no te digo. Buenas tardes y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
Volver
Subir