|
|
Feliz martes y feliz Feria del Libro que se inaugura con mucho esfuerzo, como siempre, por lo que merece la atención de todos. La palabra Feria tiene mucho de fiesta y de comercio sin que ambos términos discutan. Ir de Feria es ir a regalarse, a dar o darse un capricho. Son esos “por qué no” que nos salvan el día. Nos salvan, sobre todo, del blanqueo de ideas modernísimo que se dicta a diario por otros medios que casi nada tienen que ver con el libro. Por los protagonistas de ese blanqueo de ideas se sabe que todo ha sido previsto: desde la economía a la climatología. Cada día sabemos con más antelación, nos lo exigen los descuentos que nos hacen, cuándo y dónde nos iremos de vacaciones. Será previsible el número de vuelos. Será previsible el número de accidentes. Será previsible el número de embarazos. Parece que lo previsible nos da seguridad y que nos gusta apostar sobre seguro. Quien arriesga el dinero en un anuncio es porque sabe, aproximadamente, el número de televisivos que se postraran en frente del aparato a una hora determinada. Luego, cuando oímos la cifra de todos los que hicimos lo mismo a la misma hora, nos acongoja tanta rendición, al menos a mí.
Bueno, pues contra ese blanqueo de ideas están las Ferias del Libro. Casi cualquier libro (casi…porque por favor no compre el de “el niño con pijama a rayas”) casi cualquier libro le sacará de esa atonía de la civilización tecnológica o al menos le sacará los pies del molde. Pero este año, visto lo que se avecina por el mundo, creo que lo más necesario es buscar una novela. No por el eslogan “leer es vivir”, porque es un eslogan falso, blanqueador. ¿Qué es eso de tener que vivir otras vidas para olvidar nuestra frustración? Al contrario, pienso que “Vivir es leer” porque leyendo puedo encontrar apoyo para mis hipótesis mas descabelladas. Búsquese en las novelas. Salve de su vida lo más infrecuente. Y cuando comprenda que usted tampoco es normal y que su vida debe ser narrada en una novela extraordinaria, imprevisible, entonces la búsqueda y las lecturas serán más apasionadas, sobre todo si tarda en encontrarse, que es lo bueno. No se sienta inseguro cabalando si lo que le ocurre puede tener un final horrible o maravilloso: un triste final pero solemne tapa muchas bocas envidiosas. Y sobre todo sepa que, a través de una buena novela, uno llega a la otra parte. El blanqueo de ideas quiere que estemos todos en un aquí y sin salirnos. Una buena novela sirve para saltar el muro (no lo derrumbe, por favor, no hace falta) sáltelo. Alcance lo otro imprevisible y sabrá que existen personas novelables porque atraviesan parajes injustos, aventuras, fracasos. Hágase de lo otro. Y que en el infierno le hagan sitio los normales, exíjalo.
Lean lo que puedan hasta el martes que viene, en la Feria les veo. Sea imprevisible y compre un libro. Hasta el martes. Buena gera.
Fernando Martos.
|
|