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De la experiencia pasada con el asunto del Museo de Baltasar Lobo, se pueden deducir conclusiones útiles para que no se repitan errores como han sido la consiguiente decepción y pérdida de tiempo además de dinero así como el de poder abordar aspectos que no se habían previsto con anterioridad.
Aún suponiendo que las bases desde las que partió el proyecto de Moneo se hubiesen cumplido en su totalidad, pronto iban a surgir problemas ulteriores, como el abordar las soluciones de continuidad con el entorno inmediato de la obra de piedra de la fortaleza y con el mismo Parque.
Probablemente hubiese sido necesario emprender una remodelación del actual Parque para hacer que la nueva actividad se viese apoyada con otras más orientadas a consolidar la vida del barrio. Es hora ya de pensar que este entorno debe ser considerado, todo él, un elemento unitario y se dejen de practicar ya las sempiternas e incoherentes actuaciones que sólo contribuyen a aumentar el grado de desestructuración que está sufriendo para satisfacción de intereses personales o institucionales y que parece que nadie deplora. Así, en el actual conjunto monumental, aparecen cuerpos de edificación añadidos tales como paneras, casetos con pretensiones de vivienda, un laboratorio de higiene animal, que incluso está protegido en el Catálogo de Monumentos. Todavía, en un pasado no lejano, dentro del Castillo, se alojaba un centro utilizado para fines docentes y que no disimulaba su carencia de traza arquitectónica. Los añadidos de origen arqueológico que se hicieron en las zonas de jardines, principalmente tenían el propósito de introducir elementos de separación y de cierre de un espacio irregular, con la intención de insinuar la forma de plaza, como espacio marco del propio atrio catedralicio, pero que la precaria arquitectura de la famosa Casa de los Gigantes termina por arrumbar tal propósito. La última y definitiva prueba del valor atribuido a la composición urbanística actual del Parque, se ha confirmado con la reciente reconstrucción del conjunto de viviendas que cerraban el paso al mirador próximo a la ermita de San Isidoro. Viviendas que son toda una contradicción con la política municipal de ir eliminando todo tipo de construcciones parasitarias que se fueron construyendo a lo largo de su larga historia, al arrimo de las Murallas, y toda una hipoteca por las servidumbres creadas por el tráfico de vehículos que van a demandar.
Tal vez como compensación para este Entorno, aquejado con tantas medidas de corto alcance y por la categoría del “sitio” que hemos sentido los zamoranos, las autoridades municipales, se decidieron promover la construcción de varios edificios institucionales, cuyos proyectos viniesen avalados por profesionales de la más alta cualificación del país. Constituyen intervenciones importantes, aunque no se han separado del modelo practicado de gestión tradicional de sustitución de un edificio viejo por otro nuevo, sin tocar ni gastar más dinero en obras de adaptación o reforma de su entorno. Hasta que, en este capítulo, se llega a las obras del Castillo, en donde aparecen factores imprevistos y el modelo de gestión se revela insuficiente y llega tarde con lo que el proyecto se hace inviable.
Hemos llegado a la situación actual en donde se tratará de recuperar, a marchas forzadas, toda la información que hubiese sido garantizado la viabilidad del proyecto. Ello constituye una respuesta a un hecho localizado, como es la investigación de los suelos y de la propia estructura de la fortaleza, para una actuación posterior y del alcance o límites admisibles en tal construcción. Medida necesaria, que llega tarde, pero que se centra en aspectos mecánicos y arqueológicos de unos suelos muy localizados, que tratarán de borrar toda incertidumbre a la hora de proyectar los edificios futuros que se integren en el Castillo. 
Y entonces, ¿dónde dejamos el resto? Hay que pensar que cualquier actuación singular que se produzca en este Entorno va a tener consecuencias para el resto. A no ser que se siga practicando la política del “cambio de disfraz al mono, sin tocar al animalito”, que es lo que se ha hecho hasta la fecha y que parece que es suficiente para muchos ciudadanos.
¿No sería el momento para tomar perspectiva y remontar vuelo a la altura de las nubes y tratar de ver a nuestra ciudad, señoreando la llanura desde muchos siglos? Demos por haber dejado atrás las pasiones de días y noches y ya, libres de atadura alguna, podemos dar alas a la imaginación y ver dibujadas las líneas que renuevan este viejo entorno de la Catedral, que está al alcance con el solo toque mágico de la confianza y de la fuerza de sus ciudadanos.
Pensar este Entorno, como se ha hecho hasta ahora, contando sólo con la suma de los programas respectivos de cada uno de los edificios proyectados, va a traducirse en un conjunto desestructurado, con una falta de empatía mutua entre las distintas actividades. El cajón de sastre monumental de la ciudad. Nada más nocivo para que este entorno llegue a ser el nuevo Centro, referente principal y simbólico de la ciudad.
La necesidad de plantear la remodelación de este Entorno es un mensaje que lanzo en el momento mas oportuno, ya que de preparan planes de actuación de todo tipo, siempre de interés muy local, para albergar funciones que hoy día se cumplen de forma deficitaria, impropias del decoro de una ciudad. Existe una disposición de espíritu sentido colectivamente como es el de apoyar todo movimiento que lleve a la implicación de la ciudadanía y que se aborden en toda su extensión y profundidad las acciones de reforma para que este entorno represente, en todo su esplendor, las mejores cualidades de la ciudad y vuelva ser el espacio de encuentro y participación que hemos soñado.
Para concretar todo este conjunto de objetivos de tan distinto origen, sería preciso exponer al público la pertinencia y características de los objetivos del plan, en forma de charlas y de propuestas gráficas que vayan dando una primera aproximación a los objetivos del nuevo Centro. Estos objetivos se concretarían en un Plan Director, redactado por un equipo, y que constituiría la base para la redacción del Plan definitivo pormenorizado y fraccionado para el desarrollo de los diversos estudios de detalle urbanístico, de las obras de urbanización y de los nuevos edificios.
En esta fase previa es importante el debate sobre el desarrollo de los aspectos teóricos que justifican el carácter del tipo de intervenciones. Si tenemos como ejemplo las actuaciones sobre un entorno de origen románico para llegar a una ordenación de tipo barroco, como es el caso de la Plaza del Obradoiro de Santiago, el método utilizado, si bien fue fundamental la ubicación sucesiva y el volumen de nuevos edificios incorporados, las decisiones de ordenación generales fueron siempre prioritarias, por lo que esta escenario monumental ofrece juegos diversos de encuentros visuales y de los puntos de fuga propios de las composiciones barrocas. En nuestro caso presente, tenemos una indicación fundamental, la que nos da el pórtico renacentista de la Catedral, que nos marca un eje principal de la composición futura que se organice frente a dicho pórtico, ya sea cuerpos de edificación ya de trazados sobre el suelo.
Otro eje principal que contribuirá a estructurar la composición general es la que marca el eje longitudinal de la Catedral y en el que se focaliza la cúpula.
Son observaciones que no pretenden convertirse en pies forzados, en soluciones definitivas; son mas bien ideas que se lanzan al aire para romper los velos que hacen tan opaca la estructura del conjunto de este entorno y para tratar de acabar con la idea de que la situación actual puede considerarse como la propia de una obra terminada, a falta de retoques, y la incorporación de edificios que sustituyan a los actuales.
En definitiva, el debate principal se refiere a las formas de actuación sobre este entorno de tipo monumental. Una opción es la que busca conservar los aspectos pintorescos, propios de arquitecturas populares de carácter local y cuyas claves se encuentran en las morfologías y disposición de los propios edificios existentes.
La segunda opción es cuando se trasformó la organización medieval de sus barrios históricos, que se hizo basándose en nuevos trazados regulares y espacios proporcionados para las distintas funciones públicas, de estancia y circulación.
Esta ciudad nuestra, aún con un fuerte pasado medieval, pudo a finales del siglo XIX remodelar un nuevo centro urbano, aprovechando el viejo trazado medieval y al mismo tiempo conseguir que los programas y tipos de viviendas fuesen totalmente diferentes a las del antiguo régimen y mas apropiadas para la nueva burguesía, protagonista de la vida nueva de la ciudad.
En el caso de los espacios urbanos de carácter monumental, se puede comprobar el seguimiento de un Plan que se aplica en periodos discontinuos, como en el caso citado de Santiago, para un tipo de ordenación barroca o el de la catedral de Milán, con un tipo de organización de trazado regular, en donde a lo largo de varios siglos se van consiguiendo la regularización progresiva del escenario de calles y plazas que rodean a su catedral.
No dejemos traspasar las incertidumbres a nuestros sucesores, pues las demandas están ahí a la espera de ser atendidas y, con los ejemplos citados, demuestran el valor de los objetivos y acciones a llevar, incluso a tan largos plazos. La Iglesia sí estaba acostumbrada a esta visión tan larga de los tiempos. ¿Llegaremos a celebrar el cumplimiento de todos los afanes e ilusiones que hemos puesto para convertir este espacio en un lugar privilegiado de la ciudad? Por lo menos llegar a tener claro lo que queremos y pensar que lo que hemos pensado tendrá su realización algún día.
Duelos y Quebrantos , dulces de las fiestas de boda de nuestro personaje de la Mancha, también contribuyeron a que la celebración fuese de todo rumbo y que se acabaron, con toda satisfacción, para los invitados.
ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
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