Como saben todos los oyentes, estamos metidos de lleno en una gran crisis económica, que empezó en EEUU y que por el efecto globalización, ya nos está llegando a todos. Si, pero no todas las crisis son lo mismo ni afectan de la misma manera a los ciudadanos. La crisis de los ricos siempre se trata de forma distinta a las que sufren los pobres. Tienen más glamour a pesar de estar originadas por los sinvergüenzas y rufianes más notables del planeta; enseguida se ponen los gobiernos a trabajar para encontrar soluciones que vamos a pagar entre todos y que principalmente la sufrirán los más pobres. El Gobierno norteamericano quiere aprobar un plan de 700.000 millones de dólares para el rescate de las empresas que han originado todo este desastre. Es lo que se ha llamado “socialismo para los ricos, liberalismo para los demás". Todo ello en un tiempo record y empleando una cantidad ingente de dinero público. La crisis de la pobreza, que afecta a millones de seres en el planeta y que siempre está ahí, lo más que logra son promesas que tardan mucho en llevarse a cabo y que siempre se hace con rebajas. Ya nos podemos imaginar lo que va a pasar ahora con los más débiles, esos que no tienen glamour ni casi nada. Los dineros para solucionar sus problemas y dar algo de dignidad a su vida se verán aplazados y reducidos durante muchos años y eso que la ayuda a África, comprometida en la ONU pero no desembolsada por las potencias donantes, sería tan sólo una décima parte del monto de esas ayudas al mundo de las finanzas. Toda crisis económica se apoya siempre en la especulación y en la estupidez y egoísmo humano. Lleva pasando desde siempre, se repite cíclicamente y así seguirá sucediendo. Existe un libro del economista norteamericano J. K. Galbraith titulado “Breve historia de la euforia financiera” donde describe las diferentes crisis acaecidas en el mundo, desde la de los tulipanes del siglo XVII en Holanda hasta el crash de 1987 en la bolsa de Nueva York. Cuando una gran crisis sucede, todo el mundo descubre enseguida los males que la causaron, especialmente esos gurús financieros y organismos internacionales y nacionales encargados de vigilar y controlar el buen funcionamiento de los mercados, que parece que han sido los últimos en enterarse. Si no fuera por la gravedad de la situación sería para morirse de risa. Todo el mundo sabía lo que ganaban los directivos de las grandes corporaciones, ya que estaba no sólo en las revistas especializadas sino también en la prensa rosa y eso era signo de prepotencia, inteligencia y glamour. Ahora resulta que eran unos sinvergüenzas sin freno y que posiblemente lo volverán a ser una vez que las aguas vuelvan a su sitio. Pero esto del glamour capitalista gusta mucho al personal, quizás porque nos hace soñar en lo inalcanzable o en lo que nos gustaría ser. En otros ambientes sucede lo mismo. Pensemos en lo que ganan y en cómo viven los grandes deportistas y los artistas, que además del dinero que reciben son ídolos sociales para mucha gente. Por todo ello, creo que dentro de no mucho tiempo, todo volverá a ser lo mismo ya que el egoísmo y la estupidez humana no tienen límite. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego